MINISTERIO DE DEFENSA
MINISTERIO DE DEFENSA
Decreto 703/2018
DECTO-2018-703-APN-PTE - Directiva de Política de Defensa Nacional. Aprobación.
Ciudad de Buenos Aires, 30/07/2018
VISTO la Ley de Defensa Nacional N° 23.554, la Ley de Seguridad
Interior N° 24.059, la Ley de Reestructuración de las Fuerzas Armadas
N° 24.948, la Ley de Inteligencia Nacional N° 25.520 y su
modificatoria, el Decreto N° 727 del 12 de junio de 2006 y su
modificatorio, el Decreto N° 1729 del 27 de noviembre de 2007, el
Decreto N° 1714 del 10 de noviembre de 2009 y el Decreto N° 2645 del 30
de diciembre de 2014, y
CONSIDERANDO:
Que la Defensa Nacional es una función esencial e indelegable del
Estado Nacional y tiene por objetivo rector garantizar de modo
permanente la soberanía e independencia de la Nación Argentina, su
integridad territorial y capacidad de autodeterminación y la protección
de la vida y la libertad de sus habitantes.
Que el Ciclo de Planeamiento de la Defensa Nacional aprobado por el
Decreto N° 1729/07 se inicia con el dictado, a propuesta del MINISTERIO
DE DEFENSA, de la Directiva de Política de Defensa Nacional.
Que en el marco de la transformación que han experimentado los desafíos
en materia de Defensa que debe afrontar la REPÚBLICA ARGENTINA, resulta
necesaria la aprobación de una nueva Directiva de Política de Defensa
Nacional, a fin de actualizar los lineamientos y las prioridades
estratégicas de esta política de Estado.
Que esta nueva Directiva de Política de Defensa Nacional establecerá
los criterios que orientarán la reforma de la organización, el
funcionamiento, la planificación y la administración de los recursos
humanos y materiales del Sistema de Defensa Nacional, conforme las
apreciaciones estratégicas del gobierno nacional respecto de los
escenarios global y regional y el impacto en la seguridad estratégica
de la REPÚBLICA ARGENTINA.
Que la REPÚBLICA ARGENTINA debe contar con la capacidad de anticipar,
disuadir y superar las amenazas, riesgos y desafíos del siglo XXI que
afecten su seguridad estratégica nacional.
Que la evaluación del escenario internacional y el análisis de su
impacto en los intereses nacionales de la REPÚBLICA ARGENTINA
constituyen las bases para la identificación de desafíos,
oportunidades, amenazas y riesgos a la Defensa Nacional y para la
realización del Planeamiento Estratégico contribuyente a su atención.
Que el PODER EJECUTIVO NACIONAL ha establecido como objetivos
transversales de su gestión de gobierno la lucha contra el
narcotráfico, la reducción de la pobreza y la unión de los argentinos,
por lo que su cumplimiento exige la colaboración de todas las áreas del
Estado, conforme sus competencias y responsabilidades específicas.
Que el Sistema de Defensa Nacional presenta hoy un conjunto de
limitaciones doctrinarias, presupuestarias e institucionales que deben
ser adecuadamente atendidas a fin de garantizar que el Instrumento
Militar de la Nación esté en condiciones operacionales de atender sus
responsabilidades primarias.
Que, en tal sentido, resulta necesario derogar la Directiva de Defensa
Nacional y su actualización aprobada por los Decretos N° 1714/09 y N°
2645/14 respectivamente.
Que los servicios permanentes de asesoramiento jurídico del MINISTERIO
DE SEGURIDAD y del MINISTERIO DE DEFENSA han tomado la intervención que
les compete.
Que la presente medida se dicta en uso de las atribuciones conferidas
por el artículo 99, incisos 1 y 12, de la CONSTITUCIÓN NACIONAL.
Por ello,
EL PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA
DECRETA:
ARTÍCULO 1º.- Apruébase la “Directiva de Política de Defensa Nacional”
(DPDN) que forma parte del presente como Anexo I
(IF-2018-36379017-APN-SECEYAM#MD).
ARTÍCULO 2º.- Deróganse el Decreto N° 1714 del 10 de noviembre de 2009 y el Decreto N° 2645 del 30 de diciembre de 2014.
ARTÍCULO 3º.- Comuníquese, publíquese, dése a la DIRECCIÓN NACIONAL DEL
REGISTRO OFICIAL y archívese. MACRI - Marcos Peña - Oscar Raúl Aguad -
Patricia Bullrich - Jorge Marcelo Faurie
NOTA: El/los Anexo/s que integra/n este(a) Decreto se publican en la edición web del BORA -www.boletinoficial.gob.ar-
e. 31/07/2018 N° 54968/18 v. 31/07/2018
(*Nota
Infoleg:**
Los anexos referenciados en la presente norma han sido extraídos de la
edición web de Boletín Oficial)*
ANEXO I
La Directiva de Política de Defensa Nacional (DPDN) es el documento que
establece los lineamientos centrales de la política de Defensa Nacional
de la REPÚBLICA ARGENTINA. Estas definiciones determinan la visión y
criterios que orientarán la organización, el funcionamiento, la
planificación, el desarrollo de capacidades operacionales, el empleo y
la administración de los recursos humanos y materiales, conforme las
apreciaciones estratégicas de los escenarios global y regional en
materia de defensa y su impacto en la seguridad estratégica de la
REPÚBLICA ARGENTINA.
La formulación de estos lineamientos exige el análisis de un conjunto
de variables que trascienden el ámbito específico de la Defensa
Nacional e involucran a otras dependencias del Estado Nacional: las
Relaciones Exteriores; la Seguridad Estratégica, la Inteligencia, la
Economía, la Investigación y el Desarrollo Tecnológico, entre otras. Si
bien la atención de estas problemáticas excede las competencias del
MINISTERIO DE DEFENSA, deben ser adecuadamente evaluadas desde el punto
de vista de la Defensa Nacional a fin de considerar su impacto en los
intereses fundamentales de la REPÚBLICA ARGENTINA, a saber su
soberanía, su capacidad de autodeterminación y su integridad
territorial; así como también en relación a sus recursos estratégicos
que deben ser preservados para garantizar el desarrollo de la Nación, y
la libertad de sus habitantes.
El análisis de las tendencias estratégicas de los escenarios mundial y
regional, como así también la evaluación del impacto de estas dinámicas
en la promoción de los intereses nacionales, constituyen las bases para
la identificación de desafíos, oportunidades, amenazas y riesgos a la
Defensa Nacional y la determinación de las necesidades de coordinación
entre los organismos del Estado.
Estos escenarios configuran los desafíos prioritarios que deberán ser
atendidos por la REPÚBLICA ARGENTINA. Las responsabilidades asignadas
al MINISTERIO DE DEFENSA ante cada uno de estos desafíos variarán en
función de la naturaleza de los problemas. Mientras que en algunos
escenarios el Instrumento Militar cumple un papel protagónico e
indelegable, en otros cumple un rol de interacción, coordinación o
apoyo a otros entes y/u organismos del Estado. La determinación de los
ámbitos de responsabilidad y/o sus funciones constituirán las bases
para el diseño de las capacidades militares de la Nación en el corto,
mediano y largo plazo.
El PODER EJECUTIVO NACIONAL ha establecido como objetivos prioritarios
para la gestión de gobierno la lucha contra el narcotráfico, la
reducción de la pobreza y la unión de los argentinos. Si bien estos
objetivos están bajo la responsabilidad principal de otros Ministerios,
en virtud de su naturaleza, la envergadura de los mismos exige la
colaboración de todas las áreas del Estado.
El marco normativo vigente contempla entre las modalidades de empleo
del Instrumento Militar una serie de responsabilidades, como parte del
Sistema de Defensa Nacional o en colaboración con otras áreas del
Estado, contribuyentes a dichos objetivos: operaciones en apoyo a la
seguridad, de conformidad con la Ley N° 24.059 de Seguridad Interior,
operaciones de apoyo a la comunidad y operaciones de apoyo a la
política exterior de la Nación. Estas funciones, que complementan la
misión principal de las FUERZAS ARMADAS, constituyen una contribución
del Instrumento Militar a la concreción de las mencionadas prioridades
de gobierno.
Esta contribución no implica desatender las responsabilidades propias
del Sistema de Defensa Nacional. Si bien la REPÚBLICA ARGENTINA no
percibe amenazas con relación a sus países vecinos, y está plenamente
comprometida con la promoción de los valores de la paz y la seguridad
internacional, reconoce la incertidumbre del contexto global y la
existencia de riesgos. La necesidad de resguardar la soberanía e
independencia de la REPUBLICA ARGENTINA, la integridad territorial, la
capacidad de autodeterminación, la protección de la vida y la libertad
de sus habitantes ante agresiones de origen externo constituyen una
función permanente del Sistema de Defensa Nacional. La presente
Directiva establece las acciones que deberá desarrollar el Sistema de
Defensa Nacional para el cumplimiento de esta misión primaria, lo que
contribuirá a sostener las bases necesarias para la prosperidad, la
seguridad estratégica y el desarrollo de la REPUBLICA ARGENTINA.
El Instrumento Militar de la Nación afronta limitaciones en materia de
organización, despliegue, doctrina, equipamiento, alistamiento y
adiestramiento que tornan necesario el impulso de una profunda política
de reconversión. Este proceso debe promover el mejoramiento de las
capacidades requeridas para la Defensa Nacional, conforme las
previsiones estratégicas de corto, mediano y largo plazo. La presente
Directiva establece los criterios a partir de los cuales el MINISTERIO
DE DEFENSA elaborará los planes de modernización del Instrumento
Militar. Los lineamientos presupuestarios conjuntamente con los planes
aprobados permitirán sentar las bases para el diseño de un planeamiento
de recursos de mediano y largo plazo.
CAPÍTULO l.
Apreciación del Escenario Global y Regional
Diagnóstico Global
El actual escenario internacional se caracteriza por una creciente
complejidad e incertidumbre, producto de la coexistencia de múltiples
centros de poder y decisión, así como por la emergencia de nuevos
actores que participan en la construcción del orden global. La
preeminencia del poder militar de los ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
encuentra de manera creciente un contrapeso en el aumento de las
capacidades militares de la REPÚBLICA POPULAR CHINA y la FEDERACIÓN DE
RUSIA, en especial por la manera en que dichas capacidades fortalecen
el poder de estas potencias en sus respectivas regiones.
La economía global también registra una mayor diversidad de centros de
poder económico emergentes que, al conectar sus sistemas productivos y
flujos de inversión con aquellos ya establecidos, como la UNIÓN
EUROPEA, el ESTADO DE JAPÓN y los ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, refuerzan
la interdependencia económico-financiera. La contracara de este proceso
se ha manifestado recientemente con el surgimiento de políticas
proteccionistas en distintos países que cuestionan los beneficios de la
globalización económica.
La superposición de estas tendencias atraviesa la dinámica del orden
internacional y marca un contraste con el pasado reciente. Durante
décadas, la comunidad internacional promovió la creación de reglas,
consensos y acuerdos compartidos que facilitaron la integración
económica, el desarrollo de las naciones y la cooperación en beneficio
de los Estados. También otorgó previsibilidad al comportamiento
estatal, al promover la gestión no violenta de las disputas
internacionales. Sin embargo, la fortaleza de este sistema enfrenta
desafíos asociados a la creciente autonomía de actores estatales y no
estatales de diverso peso relativo y atributos de poder.
La mayor interdependencia entre los Estados, producto de la
globalización, no supuso la consolidación definitiva de los acuerdos de
gobernanza global. En la actualidad, algunas potencias evalúan que la
arquitectura del sistema de seguridad internacional no ofrece las
mismas garantías para todos los Estados. Esta caracterización ha
promovido el cuestionamiento de los encuadramientos jurídicos que
regulan la utilización de la fuerza. Adicionalmente, fenómenos tales
como la lenta y desigual recuperación de la economía global, la crisis
de refugiados que atraviesa Europa, la propagación del terrorismo
extremista en el mundo y el auge de movimientos nacionalistas han
añadido mayor complejidad a la cooperación entre los Estados.
El debilitamiento de la predisposición al multilateralismo no es
homogéneo ni irreversible. Esta tendencia encuentra como contrapartida
la prolífera actividad de diversos mecanismos de vinculación entre las
naciones. Ámbitos como
el GRUPO DE LOS 20 (G20) y la ORGANZACIÓN PARA LA COOPERACIÓN Y EL
DESARROLLO ECONÓMICOS (OCDE) expresan la aún persistente confianza en
la utilización de instancias de articulación internacional y gobernanza
global. El accionar de estos organismos constituye un factor de peso
que balancea la disposición de ciertos actores al unilateralismo, al
tiempo que confirma la existencia de tendencias contrapuestas en el
escenario internacional.
La redistribución del poder global podría generar situaciones de
conflicto. En diversas regiones del mundo, la estabilidad está
garantizada por un delicado equilibrio de poder entre las potencias. El
Mar del Sur y del Este de China, Europa Oriental y Medio Oriente
constituyen escenarios de indudable competencia estratégica. El
principal riesgo refiere a la mayor predisposición de algunos Estados a
apelar a la resolución de conflictos mediante el uso de la fuerza. Esta
tendencia se expresa tanto en actores estatales como aquellos de
naturaleza no estatal que, promovidos por otras naciones y/o grupos de
poder, cuentan con la capacidad de disputar el monopolio de la
violencia estatal.
Adicionalmente, la desconfianza impacta en las políticas
internacionales asociadas a los bienes globales comunes, la alta mar,
el ciberespacio y el espacio exterior.
En el marco de estos procesos, la disuasión recuperó protagonismo en
las políticas de defensa de los Estados. El aumento de la proyección de
poder militar y el retorno de la competencia geopolítica ocasionaron
que los conflictos armados emerjan nuevamente como una amenaza
significativa a la paz y la seguridad internacional. En la actualidad,
la disuasión resulta más compleja que en los años de la Guerra Fría.
Mientras que en el pasado esta misión estaba asociada al desarrollo y
adquisición de capacidades nucleares, las doctrinas militares
contemporáneas han extendido el empleo de este concepto al ciberespacio
y al espacio exterior.
Las potencias regionales y globales han modernizado sus estrategias de
defensa y sus fuerzas armadas. Esta actualización exhibe la creciente
integración entre formas tradicionales y no tradicionales de agresión e
influencia. Estas últimas refieren a acciones no militares dirigidas a
desestabilizar a la población y los gobiernos de las naciones
adversarias. Los beligerantes combinan instrumentos políticos,
diplomáticos, informativos, ciberespaciales, militares y económicos. La
diseminación masiva de información falsa y el reemplazo de las tropas
regulares por organizaciones irregulares o empresas militares privadas
configuran algunas de las tendencias propias de la última década.
Algunos Estados apelan a estas tácticas para promover sus intereses en
regiones ajenas a sus espacios soberanos. Como corolario, los
conflictos armados actuales ocurren crecientemente por debajo del
umbral de la violencia militar directa y en los márgenes del derecho
internacional.
Los procesos de modernización militar priorizan el empleo de las nuevas
tecnologías de la información y las comunicaciones, de vigilancia y
control de los espacios, el fortalecimiento del accionar militar
conjunto, la flexibilidad e interoperabilidad de medios y el despliegue
rápido de elementos en el territorio.
Estas concepciones militares exigen una creciente integración operativa
de los esfuerzos de guerra. Los Estados también promueven elevar la
eficiencia de sus instrumentos militares mediante procesos integrales
de restructuración, la racionalización, la integración y la
desburocratización de sus estructuras. Las Fuerzas Armadas del siglo
XXI se constituyen como organizaciones flexibles con un fuerte
componente tecnológico, en contraste con las organizaciones militares
del siglo XX. También han incorporado al ciberespacio y al espacio
exterior como ámbitos de interés en un marco de interdependencia
tecnológica, lo cual obliga a atender los fenómenos que se desarrollan
en estos ámbitos.
La mayor competencia interestatal convive con problemáticas de
seguridad que afectan transversalmente a todas las naciones del mundo.
La proliferación de armas químicas, biológicas, radiológicas y
nucleares, así como de las tecnologías misilísticas que permiten su
proyección, constituye una amenaza a la paz y la seguridad
internacional. El incremento del número de países con acceso a este
tipo de tecnología armamentística, la sucesión de ensayos nucleares y
los episodios recientes de empleo de armas químicas configuran
fenómenos de preocupación en la agenda global.
El terrorismo internacional configura uno de los principales problemas
de la agenda del siglo XXI. Este fenómeno adquiere mayor complejidad al
confluir con otros delitos y fenómenos criminales complejos, tales como
el narcotráfico, el lavado de dinero, la trata de personas y los
delitos que se cometen con asistencia de las nuevas tecnologías de la
información. El abordaje de estos asuntos requiere una estrecha
articulación nacional e internacional, que incluya la participación de
organismos gubernamentales y de la sociedad civil.
Por otra parte, el desarrollo tecnológico incrementó los riesgos
asociados a la militarización del ciberespacio. La disuasión se ha
extendido al ámbito cibernético, al tiempo que han surgido nuevos
desafíos producto de las tensiones entre una mayor conectividad, la
privacidad y los derechos de la ciudadanía. Tanto los Estados como los
actores no estatales están desarrollando medios cibernéticos para
explotar las vulnerabilidades inherentes a los sistemas de comando,
control, comunicaciones, inteligencia, vigilancia y reconocimiento. De
igual forma, las redes terroristas explotan el ciberespacio para
reclutar miembros, recaudar fondos y difundir su propaganda.
Las amenazas cibernéticas sofisticadas provienen de organizaciones
militares y agencias de inteligencia de otros Estados. Si bien los
gobiernos tecnológicamente avanzados explotan sus ventajas comparativas
con relación al resto de los países, el despliegue de operaciones
La consulta de este documento no sustituye la lectura del Boletín Oficial de la República Argentina correspondiente. No asumimos responsabilidad por eventuales inexactitudes derivadas de la transcripción del original a este formato.