Por el cual se autoriza la publicación de un Informe
Es oportuno, en esta parte del informe, anotar que las acciones de las Fuerzas Armadas, después de las dos de la tarde, siguieron lineamientos de un plan racionalmente elaborado que hizo posible la coordinación de fuerzas, bajo la dirección del señor Comandante de la Décima Tercera Brigada, Brigadier General Armando Arias Cabrales. En efecto, cumplieron sus órdenes las distintas unidades tácticas de la Brigada, el Departamento de Policía Bogotá y los cuerpos de seguridad, a través de sus correspondientes mandos. Y como es natural, atendiendo las mismas directrices, prestaron su auxilio y colaboración los miembros de la Defensa Civil, de la Cruz Roja, del Cuerpo de Bomberos y en general todas aquellas personas que, en una u otra forma, intervinieron en el operativo militar. Sobra decir que el plan en referencia fue elaborado en atención a lo dispuesto por el señor Presidente de la República, en su condición de Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional.
El General Miguel Vega Uribe, Ministro de Defensa Nacional, rindió dos declaraciones de acuerdo con el artículo 244 del Código de Procedimiento Penal, en atención a interrogatorios elaborados, el primero por el señor Juez 60 de Instrucción Criminal y, el segundo, por el Tribunal Especial, en los cuales hizo breve referencia al asalto del Palacio de Justicia y al operativo militar que se puso en ejecución, bajo la responsabilidad del señor Comandante de la Décima Tercera Brigada.
El 2 de diciembre de 1985 rindió testimonio al cual corresponden los siguientes apartes:
«...2º La gravedad y trascendencia del hecho, obligó a la intervención de la fuerza pública, en cumplimiento de su deber constitucional y legal de salvaguardiar la vida, honra y bienes de los ciudadanos y el normal y adecuado funcionamiento de las instituciones.
- 3º Le llamé aproximadamente a las 11:45 horas al señor Presidente de la República en su condición de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y Suprema Autoridad Administrativa.
- 4º Los operativos militares en su planeamiento, ejecución y conducción no corresponden al Ministro de Defensa sino al Comandante de la Operación, en este caso el señor Brigadier General Jesús Armando Arias Cabrales, pues como resulta de su conocimiento el Ministro de Defensa es una autoridad administrativa.
- 5º Consecuente con la anterior respuesta, los detalles de la operación cumplida deben ser informados por el Comandante de la misma. Cabe agregar que le ordené al señor Mayor General Samudio Molina, Comandante del Ejército Nacional, que se tomaran las medidas necesarias para salvaguardiar la integridad personal de quienes se encontraban en el Palacio de Justicia.
- 6º Recibí información de que los delincuentes introdujeron elementos inflamables y explosivos, que utilizaron para lograr la destrucción de los archivos judiciales e impedir el acceso a las instalaciones de la Fuerza Pública.
- 7º No dialogué telefónicamente ni por ningún otro medio con los subversivos o con los secuestradores que se encontraban en el Palacio de Justicia.
-
- Sí tuve conocimiento en las dependencias del Palacio de Nariño, la situación fue valorada por el señor Presidente de la República.... (Comunicación número 6430 MD-746, dirigida al Juez 60 de Instrucción Criminal ambulante. Las subrayas no las trae el texto).
El 8 de abril de 1886, rindió la declaración de la cual hacen parte los siguientes fragmentos:
«... Para atender al requerimiento, respetuosamente remito dos (2) ejemplares del folleto titulado "Las Fuerzas Armadas de Colombia y la Defensa de las Instituciones Democráticas", contentivo de mi intervención ante la honorable Cámara de Representantes con ocasión del debate que allí se promovió sobre los sangrientos sucesos que ustedes investigan.
Creo que mis afirmaciones ante la honorable Cámara que ahora
doy por reproducidas ante ustedes bajo la gravedad del juramento en los términos del articulo 244 del Código de Procedimiento Penal, responden a todos los interrogantes que se me formulan en el oficio que contesto en la forma y metodología que se me recomiendan.
En la ocasión anterior en que certifiqué dentro del mismo expediente, es verdad que omití referirme a hechos que no fueron conocidos por percepción directa y al actuar así lo hacía obedeciendo al criterio que expongo en mi intervención (folio 37, punto 4.5) sobre el testimonio de oídas que solo acredita el relato escuchado por el declarante. Me pareció de la mayor importancia para la integración que se oyera a los propios actores y a quienes por su posición presenciaron los acontecimientos. Hoy ante su insistencia, y con la salvedad anotada, dejo en sus manos este testimonio que es verdadero en todas sus partes...» (folio 1979. Las subrayas no son del texto).
El folleto remitido por el señor Ministro de Defensa se encuentra agregado al expediente y allí puede ser consultado cada vez que se necesite conocer las actuaciones de las Fuerzas Armadas y del Gobierno, cumplidas con ocasión de los trágicos sucesos del Palacio de Justicia.
El Ministro de Gobierno, doctor Jaime Castro, acerca de la intervención del Presidente de la República declaró:
«. . .Sobre las órdenes expedidas por el Presidente de la República (debo decir que para mí fue claro que él siempre ejerció, sin limitación alguna, su condición de Comandante en Jefe de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional que le otorgan las leyes y que los Jefes de estas, como era su deber, obedecieron las decisiones del Poder Civil. Esa condición de Comandante de las Fuerzas Armadas se manifestó, principalmente, cuando el Presidente ordenó a la fuerza pública actuar para lograr el restablecimiento del orden público, la liberación de los rehenes y la recuperación del Palacio y cuando decidió no aceptar la solicitud que algunos formulaban de suspender o cancelar el operativo puesto en marcha para alcanzar los fines señalados.
También hubiera podido el Presidente, como prevén las normas vigentes, asumir la dirección de las operaciones que ejecutaba la fuerza pública. No lo hizo, sin embargo, en ningún momento.
Por ello la dirección del operativo y las decisiones relativas a naturaleza, características y desarrollos, correspondieron a los respectivos comandantes de las unidades del Ejército y de la Policía Nacional que tuvieron a su cargo la ejecución de lo ordenado.
Ninguna de las decisiones por tomar era de competencia, formal y jurídicamente, del Consejo de Ministros o del "Gabinete Ministerial", expresión que utiliza su oficio. Sin embargo, los Ministros, sin excepción, estuvimos muy cerca del Presidente de la República, dada la gravedad del momento, deliberamos, opinamos, aconsejamos una u otra decisión y de esa manera fuimos participes o autores de las decisiones adoptadas...». (Las subrayas no las trae el texto. Oficio número 0260 de abril 21 de 1986, dirigido al Tribunal Especial).
La investigación avanzó con la cooperación del Brigadier General Luis Eduardo Roca M., nuevo Comandante de la Décima Tercera Brigada, quien puso a disposición del Tribunal Especial y de los Jueces de Instrucción, al personal en filas, bajo sus órdenes, para la práctica de las pruebas en los propios despachos judiciales y en las dependencias militares, a elección de los respectivos funcionarios y de acuerdo con sus programas de trabajo. Esto hizo posible recaudar la prueba que nos ha servido, como elementos de juicio, en buena parte para el presente informe.
Después de las precisiones anteriores, y de la transcripción de los documentos que acreditan la responsabilidad de las acciones militares, consideramos conducente seguir relatando el curso del operativo en el interior del palacio.
Merece especial referencia, tratar lo concerniente al desarrollo de la actividad del Ejército tendiente a ganar el control de las escaleras que van desde el primer sótano, aledañas a los ascensores del costado sur y próximas a la puerta principal de la Plaza de Bolívar, control que se hacia necesario para cubrir la operación de la Policía Nacional a través de unidades especializadas del COPES y el GOES que desde la terraza, derribando una puerta, debían llegar al cuarto piso a cumplir la delicada misión de rescatar al Presidente de la Corte, doctor Reyes Echandía y a los demás rehenes que estaban a su lado en compañía, nada menos, que de los comandantes Otero y Aldo, primero y segundo dirigentes, en su orden, de los guerrilleros que ejecutaron el ataque. Y no se debe olvidar que con armas, granadas y otros explosivos rodeaban a los Magistrados con graves amenazas de muerte y destrucción del Palacio.
En otra parte del informe se hizo un recuento de las operaciones no exitosas en verdad-cumplidas por el personal del COPES y el GOES helicotransportados a la terraza, al parecer porque no se consiguió el control total de las escaleras, pues en forma sorpresiva tres francotiradores, en la oscuridad y provistos de uniforme camuflado, circunstancias que impidieron su detención, causaron bajas claves a los destacamentos del Gobierno, impidiéndoles coronar sus objetivos. Uno de esos guerreros, con arrojo suicida, también fue dado de baja, según lo hace saber un testigo al referir que su arma había sido silenciada.
El Capitán Hernando Caro Castaño, de la Policía Nacional, miembro del COPES, declaro:
« . . . En los primeros intentos de desembarcar fuimos repelidos mediante ráfagas de fuego que provenían del interior del edificio del Palacio de Justicia, por lo cual tuvimos que hacer nuevos intentos hasta que desafiando el peligro pudimos desembarcar en dicha terraza. Una vez ubicados en este sitio y dominada la situación se procedió a tratar de penetrar al cuarto piso, lo cual pudimos hacer por una claraboya ubicada en el costado suroriental del edificio. Una parte del grupo nos quedamos ubicados prestando seguridad en la terraza y otra parte efectuó el ingreso por la claraboya citada, al cuarto piso del edificio. Después de algún tiempo de continuar escuchando ráfagas de fuego que procedían de la parte interna del edificio, subió por la claraboya indicada el señor Capitán Orejuela, quien me manifestó estar herido por el fuego procedente de los elementos subversivos; estando en la terraza con él en estas condiciones, subió otro oficial, manifestándonos que el señor Capitán Talero Cruz Héctor Anibal lo habían matado. En estas condiciones fue necesario evacuar por helicópteros al señor Capitán Orjuela y al Subteniente Aparicio, debido a las lesiones sufridas en este acontecimiento. Posteriormente ingresé al cuarto piso por la claraboya antes citada, ubicándome en compañía de otros componentes del grupo --oficiales y suboficiales--, encontrando el ambiente completamente oscuro en su interior; nos ubicamos en una especie de descanso situado en el cuarto piso, donde aparentemente terminan las escaleras que probablemente procedían del primer piso. Allí estuvimos, en ese sitio, casi todo el tiempo en atención a que dada la oscuridad del sitio y a la dificultad de seguir avanzando hacia las presuntas oficinas de este piso, dificultades tales como las continuas ráfagas de morteros y subametralladoras por espacios prolongados de tiempo, nos fue prácticamente imposible llegar hasta esos sitios, y específicamente avanzar desde el sitio donde estábamos, hacia el costado nororiental y noroccidental del piso del edificio, por cuanto en tres oportunidades que intentamos rescatar el cadáver del compañero Capitán Talero, muerto, no pudimos hacerlo, ya que continuábamos siendo repelidos con ráfagas de fuego y al parecer los elementos subversivos, quienes estaban bien ubicados en forma estratégica, especialmente sobre el costado noroccidental, no permitieron en ningún momento nuestro ingreso a estos lugares; llegamos inclusive a la conclusión aparente de que estos delincuentes poseían armas con miras telescópicas y nocturnas, ya que en los tres avances que cité inicialmente, en las condiciones de oscuridad que mencioné y efectuando por parte nuestra una especie de arrastre con todas las medidas de seguridad, fueron heridos el Cabo Segundo López López Hernán, ante lo cual tuvimos que devolvernos, lo cual en circunstancias en que nos encontrábamos, no podrían haberse hecho con un arma sin los anteriores aditamentos. Se me olvidaba manifestar que en la primera incursión donde fue muerto el señor Capitán Talero, quedaron atrapados por el fuego cruzado de los guerrilleros, en una de las oficinas del cuarto piso, los Oficiales o los Subtenientes Aldana, Avila Orlando Bermúdez Castillo Germán, a los cuales también desafiando el peligro de las ráfagas de fuego, logramos rescatarlos brindándoles seguridad, distrayendo la atención de los subversivos, a fin de que ellos pudieran venir hacia nosotros; no obstante, en esta acción fue herido el Subteniente Aldana, quien en compañía del Cabo López fue evacuado para que se le prestara asistencia médica. De la misma manera logramos dominar y asegurar el descanso del cuarto y tercer pisos de las escaleras del costado por donde ingresamos. El ejército había dominado la situación al parecer en los primero y segundo pisos, por cuanto después de un largo tiempo establecimos contactos con otros miembros de nuestras unidades de la policía e igualmente del ejército, estableciéndose posteriormente que esta zona de libre movimiento por parte de todas las unidades que allí estaban, comunicándonos desde el primer piso hasta la terraza del edificio por este costado. Posteriormente, empecé a sentir calor y humo en el descanso del cuarto piso, donde siempre permanecí ubicado. Ya en las horas de la noche, un oficial que se encontraba en la terraza, bajó hasta donde yo estaba a comunicarme que el edificio se estaba quemando, de lo cual no me había percatado, ya que esta área apenas si se empezaba a sentir las consecuencias del incendio, pero al parecer en la terraza las llamas eran alarmantes, ante lo cual la cantidad de hombres que estábamos allí en la terraza, ya que como repito, se encontraban miembros del ejercito, de la Policía de Bogotá, de la Dijin de Bogotá, en esta área y especialmente los que estaban en la parte de la terraza, empezaron a bajar hacia el primer piso del edificio; yo, en el mismo sitio donde me encontraba, traté de comunicarme por radio con la Estación 100 de Policía para comunicar que por las circunstancias debíamos abandonar el edificio; desafortunadamente se cortó la comunicación y estando en medio de esta aglomeración, apareció en este estrecho lugar, en medio de la oscuridad y la humareda, un hombre con un traje al parecer del ejercito, ya que era de color caqui y con una máscara al parecer anti-gas, con un fusil en la mano, quien cuando se percató de nuestra presencia me imagino que por tener la máscara, ya que quienes estábamos allí difícilmente podíamos ver por el humo y la oscuridad del sitio; como decía, este señor apareció imprevistamente al parecer de una de las oficinas de este cuarto piso, acosado por el incendio y desesperado por el mismo, como decía apareció imprevistamente al parecer con un fusil, accionando el arma en forma de ráfaga contra nosotros o contra los que estábamos en ese momento en ese sitio, donde resultaron heridos los señores CT Correa Figueroa Anatolio, Teniente Mendieta Novoa William y Cabo Primero Almonacid Molina Dámaso, de lo cual me enteré por los quejidos que ellos manifestaban, tendidos en el suelo, y ante las circunstancias de lo que acababa de pasar dada la gravedad de las heridas, ya que dos de ellos no podían siquiera moverse y la voracidad del incendio que cada vez se hacia más intenso, nos replegamos rápidamente hacia la terraza, donde después de muchos intentos con gritos desde la terraza hacia la Plaza de Bolívar y con la colaboración de una canastilla del cuerpo de bomberos logramos evacuar inicialmente los heridos para que se les prestara asistencia médica; luego, por el costado suroccidental, con la ayuda de una escalerilla del cuerpo de bomberos, ya que la canastilla se había trabado, logramos bajar de la terraza hacia la carrera octava, aclarando que cuando nos encontrábamos en la terraza fuimos objeto de nuevas ráfagas, al igual que cuando bajamos en forma individual por las escalerillas, seguimos siendo objeto de ráfagas de fuego desde el interior del edificio por parte de los guerrilleros...». (Folios 375, cuarto cuaderno, Juzgado Treinta de I. C.).
El Capitán del Ejército Wladislao Reinoso Marín, Ingeniero Militar, perteneciente a la Escuela de Ingenieros, expresó:
«. . .El ascenso se produjo a través de las escaleras que dan acceso al cuarto piso, y de ahí hasta la terraza a través de una escalera empotrada formada por varillas; en la terraza había también personal del GOES...Había resistencia por parte del enemigo, inclusive en un momento determinado un bandolero se acercó al grupo y como estaba oscuro, un agente del GOES lo confundió con un compañero, lo tomó por el hombro izquierdo, y el tipo se voltió y le hizo una ráfaga, con el fusil que traía, hiriéndolo a él y a tres agentes más, en ese momento la resistencia del enemigo está concentrada en la parte norte y oriental del edificio; ahí se logró dar de baja al guerrillero, o si no nos quiebra a todos (sic)...cuando se producía de parte de los bandoleros, se veía el fogonazo del arma, sin embargo yo no oí voces de Magistrados o personas que pidieran auxilio... Cuando llegué al Palacio de Justicia creo que no había luz, no sabría precisar quién la pudo quitar, el edificio estaba a oscuras totalmente...». (Folio 520, tercer cuaderno, Juzgado Treinta Instrucción criminal. Las subrayas no aparecen en el texto).
El Capitán José Vicente Olarte González, Orgánico de la Escuela de Ingenieros Militares, declaro:
«. . .Entré como a eso de las seis o seis y media de la tarde hacia la terraza... Se entró por una escalera a mano derecha entrando por la puerta de la Plaza de Bolívar, entré con el señor Capitán Barreto y el Sargento Viceprimero Bernal Villamizar... Subimos con las medidas del caso, pero no hubo problemas porque estaban bien aseguradas las escaleras con personal del ejército... (No encontraron) resistencia ninguna porque como digo estaba asegurado todo; subimos por una claraboya a la terraza, se acababan las escaleras y ahí estaba una claraboya... Bueno yo subí por el costado sur, porque entré por la Plaza de Bolívar y subí por las escaleras de la derecha... el resto del piso... no estaba del todo controlado, sólo el sector de las escaleras...». (Folio 496 del mismo Juzgado).
Por lo visto, las fuerzas militares unificaron el control de todas las áreas correspondientes a las escaleras y a la terraza, facilitando la evacuación de quienes estaban allá, en momentos en que el incendio del cuarto piso destruía, con inusitada rapidez, la parte superior del edificio. Sin este control de las escaleras y de la zona de acceso a la terraza no habría sido posible dicha evacuación. La otra alternativa, la de los helicópteros fue descartada por lo avanzado de la hora y por el incendio mismo.
El planeamiento y ejecución del operativo de la terraza dio origen a expresiones de inconformidad por parte del señor Ministro de Justicia, las cuales se recogen en documentos del proceso que se copian en lo pertinente.
En declaración certificada del 14 de abril de 1986, afirma:
«...Conmovido por el acento lastimero del doctor Réyes Echandía yo propuse que se me permitiera conversar con Andrés Almarales, de quien ya sabíamos que estaba dirigiendo la toma del Palacio de Justicia. El Presidente y los Ministros presentes aprobaron mi propuesta y se intento la comunicación al mismo teléfono donde se había conversado con Reyes Echandía, entre las 5:30 y 6 de la tarde. Momentos antes, se tuvo información del Director de la Policía en el sentido de que el GOES estaba intentando penetrar al cuarto piso del edificio, desde la azotea, pero que era necesario derribar una puerta de hierro y estaban buscando el explosivo necesario para lograrlo. Ante esta información, varios Ministros manifestamos que, como íbamos a comunicarnos con Andrés Almarales, era conveniente se suspendiera el operativo de acceso al cuarto piso, mientras no se lograra esa comunicación. En mi sentir, todos los presentes en el Despacho del Presidente estuvimos de acuerdo en que eso era lo sensato y en que el Director de la Policía debía dar la orden consiguiente. Sin embargo, algunos de mis colegas manifiestan ahora no recordar que hubiera sido así. Con todo, se marcó el numero de teléfono donde se sabía que estaba Reyes Echandía para tratar de localizar a Almarales y el teléfono sonó ocupado. Se repitió unas dos veces y ocurrió lo mismo.Se marcó el número de un teléfono correspondiente a la oficina de al lado y no respondió nadie. Se volvió a marcar el primero, y esta vez, a pesar de que se dejó timbrar largo rato, nadie contestó al otro lado de la línea. En esos momentos entró el General Delgado con un walkie-talkie en la mano anunciando que le acababan de comunicar que ya se había logrado penetrar al cuarto piso. Yo protesté enérgicamente, por lo que califiqué un desacato a lo acordado por los Ministros con la aquiescencia del Presidente de la República. Dije que el Consejo de Ministros había sido puesto en ridículo y expresé mis temores de que, por haberse desatendido la petición de suspender la operación de acceso al cuarto piso, era muy probable que el ingreso de la Policía al lugar donde se hallaban como rehenes los Magistrados hubiera podido costarle la vida a estos y le dije que seguramente esa era la razón por la cual ya no nos contestaban en la oficina donde estaban minutos antes Reyes Echandía y los demás miembros de la Corte retenidos por los guerrilleros. A mi protesta se sumo la de algunos Ministros, entre ellos las Ministras de Educación y Comunicaciones. El General Delgado dijo que iba a pedir más completa información y al poco rato regreso diciendo que mis temores de que hubieran muerto los Magistrados a raíz de la llegada de la Policía al cuarto piso eran infundados, pues se acababa de informar que en ese piso no se había encontrado a nadie ni vivo ni muerto y que, al parecer, los guerrilleros se habían desplazado con los rehenes hacia un baño que se hallaba ubicado entre el 3º y el 4º piso, en el costado occidental del edificio. Esta información que se le dio esa noche al General Delgado resultó falsa, pues tengo entendido que los cadáveres de varios Magistrados, entre ellos el de Reyes Echandia, fueron hallados en el cuarto piso y ese hecho confirma mis temores de que su muerte se produjo en momentos en que se violentó la puerta metálica para tratar de liberar a los rehenes. Si no hubieran muerto allí en el cuarto piso, no se explicaría cómo podían aparecer sus cadáveres en ese piso, después del incendio.
El anterior relato corresponde a mis recuerdos de lo sucedido en las horas de la tarde y en las primeras horas de la noche del día 6 de noviembre. El día 7, en el Consejo de Ministros que se celebró a partir de las nueve de la mañana, expresé que la comunicación con Andrés Almarales se había frustrado al procederse contra la voluntad del Consejo de Ministros, a realizar el operativo de recuperación del cuarto piso...>>. (Las subrayas no aparecen en el original. Fol. 1612).
Sobre el mismo particular, en la Constancia de los Ministros del 28 de enero de 1986, se lee lo siguiente:
«...En vista de este resultado del primer contacto con los guerrilleros (conversación telefónica con Luis Otero) el Ministro de Justicia propuso que hablaría con Andrés Almarales, calificado miembro del M-19, que hacia parte de los ocupantes del Palacio, por ser su paisano y haber sido compañeros de colegio en la infancia, con quien hasta hace unos años había conservado una relación amistosa. Marcó con tal fin el mismo teléfono 2415015, en el que se había obtenido la comunicación anterior. Nadie contestó a este teléfono. Se llamó sistemáticamente a cada uno de los teléfonos de la Corte que figuran en el Directorio, sin obtener respuesta. Quedó la impresión de que había sido cortada toda comunicación con el Palacio.
A las seis de la tarde llega la noticia a la Casa de Nariño de que el GOES ha podido forzar la puerta de la azotea del Palacio de Justicia gracias a una operación en helicóptero. Tal puerta dio a las Fuerzas Armadas el acceso al cuarto piso del Palacio de Justicia. Varios Ministros expresaron su preocupación en vista de que en ese piso se hallaban el Presidente de la Corte y algunos Magistrados más como rehenes. Además el Ministro de Justicia manifestó que él y otros Ministros habían considerado conveniente, y así lo habían expresado, que no se prosiguieran las operaciones en el cuarto piso mientras no se agotara la posibilidad de establecer contacto con Almarales, con miras a tratar de persuadir a los subversivos de que desistieran de su acción criminal contra la Corte Suprema de Justicia y de que dejaran en libertad a los rehenes...».
«...(El Ministro) expresó sus temores de que en las primeras horas de la noche hubieran perecido ya varios Magistrados como consecuencia de las acciones de fuerza que habían tenido lugar en el interior de la edificación. Dijo que lo llenaba de esperanzas la información que había recibido el Director General de la Policía Nacional de que las unidades de GOES, al llegar al cuarto piso de la edificación, no habían encontrado ni rehenes, ni personas heridas o muertas, pero que sus temores no habían desaparecido del todo y pensaba que podría estarse ya ante una tragedia de consecuencias imprevisibles. De todas maneras, se había dado un duro golpe a una de las más importantes instituciones del Estado de Derecho...». (Folio 1614).
Un somero y rápido análisis de las declaraciones del señor Ministro permite, para cualquier conclusión, separar los hechos y episodios sobre los cuales declara. Así, los atinentes al desarrollo de la histórica reunión con el Presidente de la República y los hechos y episodios que sólo podría conocer por referencia, es decir, los acaecidos en la terraza y en el cuarto piso del Palacio de Justicia.
Es evidente que sobre los relatos concernientes al Palacio Presidencial, el Ministro habla con autoridad, por haber participado en ellos, desde luego con su personal apreciación. De consiguiente puede afirmar, como realmente lo hace, que se enteró del plan de la Policía para rescatar a los rehenes del cuarto piso, porque el fue explicado en la reunión por el General Delgado Mallarino; que tal plan había sido postergado hasta que se conocieran los resultados de la conversación telefónica que el Ministro Parejo, con autorización del Presidente, debía celebrar con el jefe guerrillero Andrés Almarales; que conforme a tal autorización, trató, sin lograrlo, de localizar al comandante Almarales en el teléfono utilizado para la llamada que se hizo primero con el doctor Reyes Echandía y después con su captor Luis Otero. Y que, mientras hacía esfuerzos para celebrar dicha conversación fue informado por el mismo General Delgado Mallarino acerca de la iniciación por parte del GOES del operativo de rescate de rehenes por la terraza y que tal noticia, había sido recibida con voces de inconformidad.
Nadie ha desvirtuado la declaración del Ministro sobre estos hechos. El Tribunal hace la salvedad, únicamente, sobre la apreciación del Ministro que atribuye al guerrillero Almarales la calidad de Máximo Jefe responsable de la toma cruenta del Palacio y que, por tanto, trató de localizarlo en la misma oficina en donde se había conversado con Reyes Echandía, cuando en verdad, tal calidad, la de comandante máximo, correspondía a Luis Otero. Almarales, como ya se ha dicho, se encontraba al frente de otros grupos de guerrilleros, pero de menor jerarquía, en el costado norte del edificio (escaleras y baños del segundo al cuarto piso).
La declaración del Ministro de Justicia, en cambio, no tiene el mismo mérito en lo que respecta a hechos y aconteceres que personalmente no pudo conocer, ya que únicamente se limita a elaborar deducciones y suposiciones que no tienen soporte en la realidad. En el proceso está demostrado que el doctor Alvaro Villegas, Presidente del Senado, a las 7:15 de la noche celebró conversación telefónica con el doctor Reyes Echandía. Mal podría, entonces, haber muerto a las cinco de la tarde "en momentos en que se violentó la puerta metálica para tratar de liberar a los rehenes". No hay duda, que de haber ocurrido alguna muerte, Reyes Echandía la habría comunicado en su conversación con Villegas. De otra parte, se sabe que los guerrilleros acompañados por el doctor Reyes y los otros rehenes en más de una ocasión cambiaron de oficina. Uno de estos cambios lo refiere el consejero Valencia Arango. Cualquier afirmación que se haga sobre este particular, es sencillamente una conjetura, explicable por la preocupación del Ministro por lo que estaba aconteciendo.
Antes de considerar lo relacionado con el incendio del cuarto piso, y referida la operación del COPES y del GOES, en la terraza del Palacio de Justicia, es de suma importancia extractar y resumir, muy brevemente, apartes de conversaciones telefónicas celebradas por los rehenes con familiares y amigos. Igualmente, de unas pocas llamadas que aparecen hechas o respondidas por personas que se identificaron como guerrilleros.
La señora Haydee Cruz de Velásquez, esposa del Magistrado Darío Velásquez Gaviria, escuchó los primeros disparos del ataque al Palacio, por encontrarse en ese momento conversando con su esposo; expresó que tuvo oportunidad de hablar con él varias veces y que en la última llamada que le hizo contestó Luis Otero.
«... En el momento, declaró la señora de Velásquez, estaba yo conversando con él por teléfono, minutos antes de la toma, yo oí los primeros disparos por teléfono . . . En una de las llamadas que tuvimos empezamos a hablar sobre sus papeles personales... cuando ya se inició el incendio en el archivo, volví a llamarlo para saber si su oficina estaba muy inundada de humo, él me dijo que poco se sentía el humo en el cuarto piso. Y a mi última llamada que intenté hacer me contestó el propio Luis Otero, al cual al notar su voz distinta, le pregunté con quien hablaba, él me preguntó que a quién necesitaba y le contesté que a un magistrado, pero no quise dar su nombre, por no exponerlo más a su identificación y ya después me hice la que no me daba cuenta de lo que estaba sucediendo y le pregunté a sabiendas que si él trabajaba allí, para desviar la conversación, me contestó que si no sabía lo que estaba pasando y que él era Luis Otero, el comandante de esa operación, que desocupara la línea, que la estaba necesitando, en ningún momento le oí su voz altiva, sino normalmente, entonces hasta allí pude yo tener contacto con la oficina» (folio 286, primer cuaderno del Juzgado 77 Inscriminal).
En esa conversación telefónica, Otero despejo cualquier duda sobre la suprema dirección del operativo subversivo y como algo curioso, se identificó con su verdadero nombre, al tiempo que la gran mayoría de sus compañeros se escudaron en apelativos de combate.
El comandante Otero, en respuesta a un interrogatorio telefónico formulado por un periodista de una cadena radial, insistió en su jefatura y reveló que el guerrillero Aldo ocupaba una segunda posición de mando. Además, hizo otras precisiones que juzgamos conveniente transcribir parcialmente, así:
. . ¿Quién es el jefe de la operación
--Luis Otero.
¿Quién es el subcomandante
--El comandante Aldo.
¿ Quiénes más están Almarales está allí
--Sí, Andrés Almarales está...
¿ Cuál es la tarea
--Poner una denuncia ante el gobierno que ha traicionado al pueblo colombiano.
¿ Qué conversaciones han sostenido ustedes
¿ Cómo va a ser el procedimiento
-Pues el grupo quiere hablar con los magistrados de la Corte.
¿Cuál es la petición fundamental de ustedes
--Hacer un juicio al Gobierno. Que publiquen la demanda que tenemos. Que publiquen la proclama del pueblo colombiano.
¿ Y tienen suficientes municiones
--Estamos bien...
¿Usted no tiene cerca al Presidente de la Corte
--El ha hablado con todo el mundo, ha hablado con el General de la Policía con el Presidente del Congreso, con Generales, etc. Llame al 2415015 y allá puede hablar con el Presidente de la Corte.
¿ Usted quiere enviar algún mensaje a las autoridades, al Presidente
--Nosotros estamos pensando cumplir una tarea que el pueblo y el M-l9 que es tener toda una denuncia armada dentro de la Corte para juzgar a este Gobierno por traición a los pactos de Medellín, Hobo y Corinto. Estamos dispuestos a vencer o a vencer....
¿Podemos decirle a los colombianos que ustedes van a respetar la vida de los Magistrados y de las personas que están allí
--La vida de los Magistrados depende de las fuerzas enemigas, del Ejército colombiano que quiere masacrarnos . . . >> (Reportaje con el periodista José Israel Charry del Grupo Radial Colombiano, que sólo fue publicado en El Tiempo del día 7 de noviembre de 1985, página 7A).
El llamado comandante Otero, realmente, actuó en ejercicio de la dirección máxima del asalto y, por esa razón estuvo con el Presidente de la Corte en el cuarto piso del Palacio.
Alfonso Jacquin hizo igualmente declaraciones a la prensa en respaldo de los objetivos subversivos. Importa esta referencia, únicamente, por haberlas hecho con el mismo teléfono que utilizaron los Reyes, Medina y Medellín y el guerrillero Otero.
La señora Carmen Mendoza de Gnecco, esposa del Magistrado José Eduardo Gnecco Correa, declaro:
«El me llamó faltando más o menos un cuarto de hora para las doce del seis de noviembre, pues, para decirme que había un tiroteo impresionante en el primer piso, que llamara a la Policía, yo no me había dado cuenta de nada porque estaba era viendo televisión, no tenía el radio prendido. Yo llame a la policía y me dijeron que ya habían mandado refuerzos, que ya estaban enterados. Inmediatamente lo llamé y le pregunté que él dónde estaba en ese momento y me dijo que detrás del escritorio con Hermógenes Cortés, el Secretario de él, que tirados por el suelo y que estaban muy impresionados, pues que llamara a los hijos y les comunicara y ellos sabían y todos se vinieron para mi casa, después lo volví a llamar y me dijo que se encontraba preocupado porque la hija mayor había estado en la Corte unos 15 minutos antes, que él la había visto, se llama Carmen Elisa Gnecco quien es abogada, entonces yo la llame a ella a la oficina... y ella no sabía nada porque acababa de llegar a la oficina y le comuniqué lo que estaba pasando y que llamara a su papá porque él estaba preocupado por ella, ella lo llamó y se vino, pues para acá para la casa. Después estuvimos llamando, pero el teléfono sonaba ocupado, él le manifestó a Carmen Elisa que no llamaran sino que él llamaba, para que no se dieran cuenta que había gente en la oficina y él se estuvo comunicando con nosotros y hablaba con las hijas y decía que había mucho humo, eran como las tres o cuatro de la tarde, ellas dijeron que rompiera los vidrios para que saliera el humo, esta conversación era con las niñas, porque llamó y dijo que en la oficina de la doctora Fanny González se oían voces y ruidos, como quedaba al lado de la de el, que posteriormente los guerrilleros habían entrado allí y casi enseguida llamó para decir que ya habían entrado los guerrilleros a la oficina y que iban con la doctora Fanny, con el doctor Carlos Medellín y con la Secretaria de la doctora Fanny González, Cecilia Concha. El habló con mi hija Carmen Elisa y le dijo que una guerrillera quería hablar con ella, oí cuando mi hija le dijo: "Por favor no le hagan nada a mi papá, no le hagan daño a nadie de la Corte que ellos no tienen nada que ver con lo que ustedes están buscando... Desde ese momento no supimos más de él. Después, creo que las niñas llamaron, no le se decir, doctor, pero no pudimos saber más de él Ah, que los iban a reunir a todos en un lugar seguro...» Las Subrayas no están en el texto (Folio 282 juzgado 77 Inscriminal).
La doctora Carmen Elisa Genecco Mendoza, hija del Magistrado doctor Gnecco, expresó:
«. . . A las cinco y veinte él llamó... aproximadamente diez minutos más tarde volvió a llamar y nos dijo que los guerrilleros acababan de entrar a su oficina y lo habían tomado como rehén, nos dijo: "ahora solo queda esperar a que el Gobierno dialogue. Estamos en manos del Gobierno. Ojalá esto no sea muy largo". En ese momento le quitó el teléfono una de las guerrilleras quien me dijo que la intención de ellos no era hacerle daño a ninguno de los Magistrados de la Corte, yo le supliqué que dejara libre a mi padre que el no tenía nada que ver con los problemas políticos y que el había sido una persona ajena a cualquier política del gobierno, así que lo dejaran ir. La guerrillera me contestó que no me preocupara que ellos iban a poner a los Magistrados en un sitio seguro...» (Folio 181, Juzgado Noveno de Instrucción Criminal).
La señora Martha Gilma Henao de Montoya, esposa del Magistrado doctor Horacio Montoya Gil, declaró:
.. Yo le hice una llamada a la oficina, eran como las ocho u ocho y medía de la noche más o menos... yo lo noté nervioso, me dijo que estaba sentado sobre el teléfono y debajo del escritorio recibiendo las llamadas y que esperando a ver quien llegaba primero, si la guerrilla o el Ejército y le dije que rezara que yo también estaba rezando y me dijo que sí, que él estaba haciendo eso y no fue más. . . después de las nueve de la noche, bregué mucho a comunicarme con él y no entró la llamada. No pude comunicarme más. Mi esposo y yo fuimos a misa de seis y media de la mañana de ese día seis, comulgamos, llegamos a la casa, él desayunó y ahí mismo lo recogió el chofer y salió para la Corte, más o menos a las siete y veinte...» (Folio 161 del Juzgado Noveno).
La doctora María Ximena Medina Rodríguez, hija del Magistrado Ricardo Medina Moyano, también conferenció repetidas veces con su padre:
«... En la casa nos enteramos de la toma del Palacio por mi hermano Alvaro, quien llamó de Medellín, inmediatamente yo llamé a mi papi, e inmediatamente él me ratificó que la toma había sido efectuada y que no podía negarme, que había tiroteo. No pudimos hablar más y de ahí en adelante más o menos cada media hora, tratábamos de comunicarnos, siempre estaba tranquilo, siempre era él el que nos tranquilizaba. A las cuatro de la tarde se tuvo la última comunicación; en esa conversación, él ya se encontraba acompañado por integrantes de la guerrilla y lo sé porque al nosotros preguntarle con quién se encontraba nos dijo qué con unos amigos, le preguntamos qué amigos y nos dijo que unas personas desconocidas habían pasado por la oficina y habían resuelto hacerle compañía. Todo esto para tranquilizarnos. Fue lo último... Después de las cuatro, cuando perdimos toda comunicación con mi papi, tratamos de llamar a las otras oficinas, especialmente a la del doctor Medellín y en ninguna nos respondieron...» (Folio 279 Juzgado 77 Inscriminal).
La señora Susana Becerra de Medellín, esposa del Magistrado doctor Carlos Medellín, manifestó:
«... La última vez que hablé con él, le pregunté cómo se encontraba, yo lo noté un poco nervioso, sin embargo él decía, yo tengo mucha fe en estos muchachos que no nos van a hacer nada, yo creo que cuando decía "estos muchachos" se refería a los guerrilleros, el le tenía miedo más bien a los narcotraficantes, pero nunca a los guerrilleros,tal vez por eso era tan confiado...me dijo que el humo del incendio que había en el primer piso ya estaba subiendo al cuarto piso, entonces yo le comenté: Mira, por qué no ponen unas toallas mojadas debajo de la puerta para que no se les entre el humo, en primer lugar los baños quedaban muy lejos de las oficinas, después le comenté qué no trataban de abrir las ventanas para que entrara el aire y saliera el humo, me contestó que las ventanas son de seguridad y no se pueden abrir, entonces estaba atrapados, por último me dijo, espero la camioneta ya que se vengan por mí, que no se de moren ... y no volvimos a hablar más... después ya me comuniqué con mis hijos, bastante tarde, les comente lo que estaba pasando, entonces Carlos Eduardo, mi hijo mayor, me dijo: en este momento estamos viendo por televisión que está entrando un tanque, él cogió el teléfono y desde allá (París) se comunicó con el Palacio de Justicia, él habló con una guerrillera por teléfono, él habló y preguntó, dijo hablan con Carlos Medellín y le contestó una guerrillera: no puede ser porque Carlos Medellín está acá, él le dijo (que) yo soy el hijo de él y les advirtió tengan cuidado porque ustedes no saben con quien están tratando, ellos son los Magistrados de la Corte, le dijo a la guerrillera, ella le contestó estén tranquilos que nosotros no venimos a matar... venimos a dialogar... tal vez le recomendó al papá. Después fue el caos». - (Folios 184 y ss., Juzgado Noveno Inscriminal)
El doctor Yezid Reyes Alvarado, hijo del Presidente de la Corte, doctor Alfonso Reyes Echandía, declaró:
«...Finalmente hacia las tres y media de la tarde, del seis de noviembre, obtuve comunicación con mi padre, en el 2415018, quien me manifestó estar en poder de miembros del M-19; me dijo que se encontraba bien y que era indispensable obtener de parte del Gobierno un cese inmediato del fuego y que para ello el trataría de comunicarse con las personas que el conocía, pero que yo tratara de hacer lo mismo. Unos minutos después, cuando yo no había obtenido ningún resultado positivo, volví a comunicarme con mi padre y me dijo haber hablado con el Director General de la Policía y con el Director del Departamento Administrativo de Seguridad, quienes le habían ofrecido conseguir el cese al fuego; me manifestó no haber obtenido comunicación con el señor Presidente de la República y señalo que probablemente la orden de cese al fuego no habría llegado al Palacio de Justicia por algún inconveniente y que él seguiría tratando de comunicarse con miembros del gobierno. Varios minutos después obtuve nuevamente comunicación con él y me manifestó que seguían disparando y que si el ejército entraba a Palacio, se iba a producir una hecatombe. Fue entonces cuando yo le propuse ponerlo en comunicación con varias cadenas radiales para que públicamente hiciera la petición de cese al fuego. Esa fue la última conversación que tuve con mi padre, pues con posterioridad ninguno de los teléfonos del cuarto piso parecía funcionar, esta última comunicación se produjo más o menos entre cuatro y media y cinco de la tarde...» (Folio 271 Juzgado 77 Instrucción Criminal).
El doctor José Otoniel González Franco, hermano de la Magistrada de la Sala Laboral, doctora Fanny González Franco, declaró:
« ... Le dije ¿y para afuera no se ve nada y dijo ella, no, nosotros no nos hemos asomado, pero oiga la balacera que hay por allá abajo, y entonces se ve que ella retiraba la bocina para que yo oyera; cuando en esas tocaron a la puerta; Fanny dijo: Cecilia, pregunte quién es y qué quiere; Cecilia gritó: ¿Quién es y yo oí cuando de afuera dijeron: "Abra la puerta"; Fanny volvió y le dijo a Cecilia que volviera a preguntar quiénes eran y qué querían; Cecilia preguntó más duro y de afuera contestó un señor... "Somos guerrilleros del M-19 y queremos dialogar con la Magistrada"; cuando Fanny oyó esta respuesta me dijo: ya me denunciaron como Magistrada; de afuera seguían gritando que abrieran porque tumbaban la puerta; yo oía perfectamente golpes como de culata contra los vidrios de la oficina, entonces le daban parecía que con culata porque los golpes eran muy fuertes... Colgó el teléfono, colgué el mío y en mi reloj eran las cuatro y treinta y seis minutos, y ahí se me dio el presentimiento de que algo malo iba a pasar y quise saber a qué horas había terminado la conversación con ella...>> (Folio 242, Juzgado Noveno Instrucción Criminal).
Los autores de este informe se resistían a mostrar la intimidad de los diálogos llenos de ternuras, preocupaciones, angustias, pero a tiempo que comprendían la necesidad de una estricta comprobación de la cronología de los acontecimientos, también supieron ver en estas últimas manifestaciones de su vida familiar, la grandeza de alma de estos magistrados que en el centro de la mayor tragedia, víctimas inocentes, sus preocupaciones se dirigían al cuidado de sus hijos y a la tranquilidad de sus familias...
Las cadenas radiales que hacían el cubrimiento de los horrorosos hechos, lograron establecer, con frecuencia, diálogos con los rehenes. Tales grabaciones fueron facilitadas a la investigación en cumplimiento del Decreto 3300 de 1985. De algunas de ellas, la Sección de Contrainteligencia de DIJIN hizo las correspondientes transcripciones, que aparecen incorporadas al expediente. Obviamente, las consultamos con sumo cuidado, conscientes de que constituían pauta para establecer la cronología de los hechos y reunir informaciones verdaderamente útiles a la instrucción.
En el operativo guerrillero del Palacio de Justicia, uno de los aspectos que más impacto produjo fue el psicológico, pues, las amenazas siempre se hicieron presagiando la destrucción del Palacio y la muerte de guerrilleros y rehenes, para la eventualidad de que el Gobierno se empeñara en darle al conflicto una solución armada. Fue así como se hicieron llamadas a los medios de comunicación con mensajes de naturaleza terrorista, y en el mismo sentido circularon versiones y rumores, en grabaciones y en escritos, que hacían inminente el cumplimiento de tales amenazas. Las gentes estuvieron atemorizadas en la creencia de que al ataque del Palacio de Justicia seguirían otros, de igual o mayor magnitud en diferentes lugares, mediante acciones sorpresivas coordinadas para efectividad de los planes trazados.
Cuando se conocieron las noticias sobre el empleo de bombas, granadas y explosivos de gran potencia, las gentes empezaron a creer en la seriedad de las amenazas y angustiadas pronosticaban una gran tragedia. Todos los temores se multiplicaron por efecto lógico de los incendios que empezaron a desatarse, lo que permite imaginar las difíciles condiciones que se crearon en el interior del edificio, agravadas por los gases y el humo producido por algunos artefactos que se utilizaron en los combates.
La investigación se orientó, naturalmente, a indagar las causas del incendio y su autoría. Hasta ahora, no ha sido posible ninguna comprobación sobre el particular. Lo cierto fue que hubo varios, a distintas horas y en diferentes sitios, los cuales se produjeron durante los dos días de la toma del edificio, siendo naturalmente el peor, el que se presentó el miércoles seis en las horas de la noche.
La prueba recogida permite indicar que, por lo menos, hubo incendios en el sótano, con destrucción total o parcial de vehículos, en el primer piso, en una oficina contigua a la biblioteca, en el auditorio, y finalmente el grande, que se inició, al parecer, en el piso cuarto, que a la postre fue el que con furor semidestruyó el Palacio. En respaldo de nuestro aserto, acudimos a testimonios que en lo pertinente, transcribimos a continuación.
La doctora Aydée Anzola Linares, Consejera de Estado, declaró:
«... Más adelante, cuando comenzó a entrar el olor de los gases lacrimógenos nos salimos de mi oficina arrastrándonos, para pasar a la siguiente, y allí nos dimos cuenta de que ya el incendio había comenzado y sentíamos que se estaban quemando los libros y demás cosas que había en el primer piso pues se sentía el chirriar de las llamas y éstas subían, subían de dicho piso al tercero y también bajaban lenguas de fuego del cuarto piso hacia abajo. Es decir, estábamos cercados por el tronar de las balas, de las metralletas, de las tanquetas que hacía rato ya las habían introducido al Palacio de Justicia y por las bombas que hacían estremecer al Palacio de Justicia. Ante esta situación pensamos con mis colaboradores que no teníamos medio distinto que el de salir arrastrándonos por el corredor que ya estaba envuelto en llamas y lleno de vidrios. . . ». (Las subrayas no las trae el texto. Fol. 163, Juzgado 27).
El señor Carlos Julio Vargas Patiño, archivero del Consejo de Estado, declaro:
«... El día miércoles 6 de noviembre permanecimos como hasta las 4 y media de la tarde cuando sentimos unos estallidos de unas bombas y por radio se decía que era que habían incendiado unos automóviles del primer sótano. Me acerqué sigilosamente a la puerta de entrada al archivo y observé que había uno o dos carros en llamas en la parte sur del sótano. Como a las cinco de la tarde empezó la humareda, que a las cinco y media ya se hizo insoportable; volví y prendí el radio y me di cuenta que el ejército ya estaba sacando a los empleados rehenes que se encontraban adentro. . . ». (Folio 494, Juzgado 30).
La doctora María Helena Giraldo Gómez, relatora del Consejo de Estado, declaró:
«... Nuestra Ventana en la oficina fue tumbada por una bomba que yo creo que era como una bazooka. Susana Forero, otra Auxiliar de Relatoria se retiró un momento a un baño provisional que habíamos hecho y vino alarmada a contarnos sobre un incendio que comenzó en el Auditorio del Palacio, cerramos la puerta, continuaron también como dos horas la misma situación, decidimos entre todos irnos para el primer piso de nuestra oficina y nos alojamos en la mía ya que el altillo pertenece al cuarto piso; continuábamos en ese estado de guerra.». (Folio 27, Juzgado 30).
La doctora Nubia González Cerón, Abogada Relatora del Consejo
de Estado, dijo:
«... Mi Secretaria Susana Forero, quien había salido al hall del mismo mezzanine, nos avisó que según ella, en el hall había demasiado humo y que tal vez era un incendio. Nosotros no le prestamos demasiada atención en razón de que ella era la persona más nerviosa de las que nos encontrábamos allí; sin embargo, pasados unos diez minutos de la voz de alerta del incendio, decidimos asomarnos al hall del mezzanine y evidentemente el humo era de tal magnitud que no nos permitía ver ni respirar. Quiero advertir que nunca vimos llamas, por lo que concluimos que posiblemente, el incendio provenía del salón de luces del Palacio de Justicia, el cual quedaba colindando con la Relatoría en el tercer piso, sobre la carrera 8º con calle 11, diagonal a la Alcaldía. De todas maneras, de la una a las cinco de la tarde el humo invadió totalmente al mezzanine y la oficina de la Relatoría a tal punto que estabamos casi asfixiados. . . ». (Folio 45, Juzgado 77).
El soldado Dairo Humberto Arboleda Calle, de la Escuela de Artillería, dijo:
«. . . Entramos directo a la biblioteca, entramos por la puerta principal ya que estaban adentro dos tanques y a la entrada había otro tanque, después de que entramos a la biblioteca ahí duramos harto tiempo sin salir, hasta cuando mi Mayor dijo qué subiéramos al segundo piso... nosotros le dijimos que de pronto cuando fuéramos subiendo nos mataban, pero sin embargo nosotros aceptamos subir, nosotros arrancamos y de primera iba mi Teniente Villamizar y ahí fue cuando lo mataron cuando dio el primer paso a empezar a subir la escalera del fondo, nosotros retrocedimos ahí mismo, nos devolvimos para la biblioteca y ahí nos estuvimos toda la tarde hasta las seis de la tarde que principiaron a tirar explosivos hacia ese lado del edificio. . . nosotros salimos de la biblioteca y nos metimos en una oficina siguiente, ahí duramos como media hora, salimos de ahí porque se estaba prendiendo y fue cuando mi Mayor (dijo) que nos saliéramos para fuera (sic)...>>. (Folio 116, Juzgado 30 de Instrucción Criminal).
La señora Rosalba Marín de Henao, Auxiliar del Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Montoya Gil, declaro:
«... Después el doctor Murcia Ballén y Yolanda, la Auxiliar, se pasaron para la oficina de nosotros, yo en medio de mis nervios me asomaba cada rato a la puerta y vi que el cuarto piso estaba incendiado y pasaban las llamas al tercero, le dije al doctor Horacio que se estaba incendiando el tercer piso y que nos saliéramos... Hasta ahí me di cuenta, porque me comentaron mis compañeras que yo me había desmayado, lo cierto fue que yo aparecí después en uno de los baños sin recordar qué piso, me estaban auxiliando dos guerrilleros de esos del M-19 el uno me sostenía y el otro me daba un vaso de agua con una pasta...>> (Folio 359, Juzgado 30).
El doctor Pablo Mariño Angel, Auxiliar del Magistrado de la Sala Civil de la Corte, doctor José Alejandro Bonivento Fernández, declaró:
«... El humo nos obligó a salir, no nos permitió en un primer momento ver dónde se había originado el incendio, pero cuando estuvimos en la Casa del Florero, pudimos ver con claridad que el incendio se propagaba desde el cuarto piso, de tal manera que el material que se quemaba, caía sobre los restantes pisos, cobijando todo el material inflamable... Es muy difícil precisar quién (sic) y cómo se origino el incendio. Antes de él, se escucharon varias explosiones sumamente fuertes...». (Folio 114, Juzgado 77).
El Capitán del Ejército José Ismael Sierra Sierra, del Grupo Mecanizado Rincón Quiñones, declaró:
«.. . El incendio en el edificio se inició, calculo más o menos a las 9 de la noche en el sector que queda sobre la carrera séptima, iniciando en la parte de atrás hacia el frente, y hasta la puerta principal... Al iniciarse el incendio llegaron los bomberos y mientras unos trataban de sofocarlo, otros con una máquina evacuaron un personal que se encontraba en la azotea, no sé si pertenecían al cuarto piso o serían los que bajaron inicialmente en el helicóptero, vi personal del ejército y de la policía, los helicópteros eran de la policía. . . ». (Folio 481, Juzgado 30).
El Sargento Segundo Ariel Grajales Bastidas, de la Escuela de Artillería, declaro:
«. . . Los guerrilleros incendiaron el cuarto piso, a las cinco y cuarenta y cinco de la tarde y luego nos empezaron a lanzar libros encendidos y simultáneamente incendiaron el cuarto piso, esa gente estaba enloquecida allá, simultáneamente al incendio empezaron a salir rehenes del cuarto piso hacia el tercero protegidos con mesas y sillas gritando que nos dispararan que eran rehenes, entre ellos se encontraba un Magistrado, era un gordo. . . como diez minutos antes de que los guerrilleros empezaran a botar libros prendidos, se sintió un olor como a bazuco, y de la parte norte del tercer piso se escuchaba una voz femenina que gritaba suba botas negras que tengo dos mil tiros para ustedes, después se supo que esa mujer tenía una ametralladora porque desde ahí disparaba, inclusive ahí cerquita donde yo estaba, mató a uno del GOES, lo mató de una ráfaga de ametralladora... Yo creo... ella fue dada de baja como a las cinco de la tarde por personal del GOES, en esta oportunidad el GOES recibió como dos bajas de parte de los disparos de la ametralladora de esa mujer... Desde el tercer piso parte oriental... parte suroriental, donde me encontraba, puedo afirmar que el incendio se inició desde el cuarto piso cuando empezaron a lanzar libros encendidos hacia los pisos inferiores y fue ahí cuando se inició todo el incendio.. .». (Folio 86, Juzgado 30).
El Capitán del Ejército Wladislao Reinoso Marín, declaro:
«...Se originó (el incendio) en el cuarto piso en el sector nororiental, algún tiempo después de que nos encontrábamos allá en la terraza, yo pienso que los bandoleros al verse asediados desde ese punto crítico, en forma astuta pensaron en desalojarnos ocasionando el incendio, lo que lograron por cuanto que todos los que nos encontrábamos en la terraza debíamos evacuarla a consecuencia del mismo...». (Folio 520, Juzgado 30).
Al Presidente del Consejo de Estado, doctor Carlos Betancur Jaramillo le comentaron, sin recordar quien, que el incendio se inició en las primeras horas de la noche "en los lados de la biblioteca":
«... Durante la tarde sentí olor a pólvora pero no el de cosas o muebles incendiados. Afirmo lo anterior porque sólo vine a darme cuenta del incendio real a eso de las diez de la noche, cuando a través de la ventana de mi oficina que daba a la carrera 7º Vi la silueta del incendio reflejada en los vidrios y sobre el techo... cuando me di cuenta que teníamos que salir porque íbamos a morir achicharrados, pensé hacerlo en dirección norte... que ese sector ya estaba en poder del ejército. Al fin no pude hacerlo porque las llamas ya en ese instante cubrían la parte externa de la oficina del doctor Samuel Buitrago. Esto nos hizo dirigir hacia el sur, es decir, hacia el costado que da a la Plaza de Bolívar... No tengo una idea clara de cómo y por dónde se inició el incendio. Cuando hablo de las diez o diez y media de la noche me refiero a la hora en que vi las llamas, pero esto no me permite afirmar que a esa hora se inició porque mi ubicación no me lo permitía y mi área de visibilidad era muy reducida. Oí comentar, pero no recuerdo a quien, que el incendio se inició en las primeras horas de la noche en los lados de la biblioteca. A pesar de que tenía una pequeña visibilidad hacia ese lado no vi llamas y las primeras que vi estaban localizada en el techo del edificio. Como dije atrás, durante la noche oí muchísimas explosiones, dos de ellas de especial magnitud; a eso de las ocho o nueve de la noche sentí una explosión que me llamó más la atención porque primero se oyó la fractura de los vidrios y a continuación el estallido con una onda luminosa, como si el artefacto viniera del exterior. También estalló una bomba en el primer piso, hacia el costado sur, que despidió mucho humo negro pero no vi llamas...» (Folios 1824 y siguientes).
El doctor Julio César Uribe Acosta, Consejero de Estado, declaró:
«...Jamás pensé en un incendio del Palacio pero hacia las diez y cuarto de la noche, más o menos, volví a aventurarme saliendo de mi despacho a la oficina de mi Secretaria, y en ese momento vi cuando algo lanzado del costado oriental y tuve la impresión que de la parte baja, esto es, del primer piso. pegó en el techo de madera que daba sobre el pasillo del Palacio, produciéndose un incendio tan rápido e impresionante que inmediatamente me determinó a salir, corriendo todos los riesgos. Le dije a las personas que estaban en mi oficina, me voy porque prefiero morir de un balazo y no incinerado...>> (Folio 110, Juzgado 27).
El 9 de noviembre los Peritos Químicos Forenses, doctora Luisa Mireya Diaz de Ramírez, Jefe del Departamento de Criminalística, y Fernando Suárez Glaser, Químico del Instituto de Medicina Legal, acompañados del Director y del Subdirector del Instituto, practicaron una inspección en el Palacio de Justicia por encargo del Ministro del Ramo, doctor Enrique Parejo González.
Del informe rendido por dichos expertos son los siguientes apartes:
«Se tomaron de diferentes sitios y pisos del Palacio catorce (14) muestras en total, relacionadas así:
Cinco (5) muestras correspondientes a pedazos de alfombras tomados en diferentes sitios y pisos del edificio.
Cuatro (4) muestras abundantes de madera quemada, carbonizada y semicalcinada, recogidas en diferentes pisos.
Una (1) muestra de material quemado, tomada de varias sillas o poltronas del Auditorio del Palacio.
Una (1) muestra tomada del suelo del cuarto piso de pedazos de vidrio de seguridad, semifundidos por el calor del incendio.
Una (1) muestra recogida del piso, de papeles quemados, tomados al pie de un archivador destruido por el incendio.
Una (1) muestra de escombros varios, recogidos del cuarto piso.
Una (1) muestra de dos frascos ampollas de vidrio, sellados, conteniendo polvo blanco, y un frasco gotero plástico con liquido recogidos entre el 2º y el 3er. pisos>>.
El resultado de la investigación realizada se resume en una sola frase:
«En ninguna de las muestras seleccionadas e investigadas se encontraron residuos de combustible».
Este mismo dictamen tiene una gran utilidad porque él da fe de la intensidad del incendio, cuando dice:
Dentro de las muestras recogidas en el Palacio de Justicia se relacionaron unos pedazos de vidrio de seguridad de los ventanales, semifundidos o ablandados por el alto calor del incendio; el vidrio común funde a 1.000 grados centígrados; algunos vidrios se ablandan a 810 grados centígrados esto da una idea de las altas temperaturas alcanzadas en el incendio». (Folio 567 del Cuaderno Base).
A este fenómeno de la intensidad debe agregarse el de la duración. Porque, según el Magistrado Nemesio Camacho, a las siete de la noche del día miércoles, ya estaba en llamas el cuarto piso y el incendio se prolongó aproximadamente hasta las tres de la mañana del día siguiente.
El Juez 77 de Instrucción Criminal practico una diligencia de inspección sobre el armamento utilizado por las fuerzas militares en la recuperación del Palacio y efectuó pruebas de muy diversa índole con las armas, granadas, bombas, etc. Para las comprobaciones se crearon condiciones de especial riesgo, como las de empapar en gasolina los blancos sobre los cuales se disparaba o se hacía estallar bombas y granadas. En ningún caso se produjo combustión.
Con mucha amplitud se interrogó a todo el personal del Cuerpo de Bomberos de Bogotá que participó en las labores de extinción del incendio. El Juzgado 89 de Instrucción fue comisionado para dar cumplimiento al auto que en tal sentido se dictó el 13 de enero. Sobre esta prueba hay todo un cuaderno de testimonios y diligencias varias practicadas por dicho Juzgado.
Repetimos que la investigación en lo que concierne a los incendios, no ha dado sus frutos en el sentido de señalar causas o autores; por tanto sería aventurado hacer pronunciamientos sobre este particular.
La fuerza de incendio cambió las condiciones de permanencia de las personas, combatientes o no, que se encontraban en el Palacio de Justicia, obligando a varios de los rehenes sobre todo los que se hallaban en el tercer piso, a salir de sus refugios para evitar la muerte por asfixia o por incineración. Despavoridos, corriendo el riesgo de ser alcanzados por las balas, se dirigieron, como pudieron, unos hacia el descanso o hall de las escaleras ubicadas en el costado sur del edificio, frente a la Plaza, y otros, hacia las escaleras del sector noroccidental, únicas Posibilidades, en ese momento, de llegar a la calle.
Se registraron episodios de solidaridad y compañerismo dignos de encomio. Al abandonar las oficinas y sitios de refugio, no pensaron en su problema personal. Hicieron esfuerzos por reencontrarse. Angustiados se llamaban y con brevísimo intercambio de experiencias y temores, especialmente sobre la observación de personas armadas sin identificar, tomar precauciones y la decisión de salir ayudándose entre sí. Estos minutos o segundos de arrojo, de desesperación y de pánico, aparecen historiados por los propios protagonistas. Se transcriben parcialmente algunos testimonios, para que se pueda captar cuál fue la situación superada por ellos.
El Consejero de Estado, doctor Betancur Jaramillo, Presidente del Consejo por esa época, declaró:
«... Cuando se inició el tiroteo me encontraba en la oficina de mi colega, el doctor Antonio J. de Irisarri... salí de esa oficina... entonces me devolví a la mía y permanecí en ella durante toda la tarde y más o menos hasta las diez y media de la noche. En mi oficina estaba la Secretaria de la Presidencia,la señorita Beatriz Urrea y mi Secretaria personal, señora María Inés de Gómez. Permanecimos en mi despacho... Conversé en dos oportunidades con el señor Presidente de la República, durante esatarde; creo que la primera vez a eso de las 5 p. m. El se mostró muy preocupado por lo que estaba sucediendo; me dio voces de aliento y me rogó que les transmitiera a mis compañeros la voz de solidaridad del Presidente y del Gobierno. Creo que fue en la segunda oportunidad cuando le informé que estaba oyendo voces, que no podía identificar, que pedían a gritos e insistentemente el cese del fuego porque estaban de rehenes y había heridos. Manifiesto que no pude identificar las voces que tales llamados hacían ni ubicarlas en algunos de los pisos del Palacio, quizás por la posición en que me encontraba, tirado en el suelo. Con mis Secretarias hicimos esfuerzos para buscar las voces de socorro, pero fue en vano. El señor Presidente me tranquilizó y me dijo que ya todo estaba prácticamente bajo control. Las voces del Presidente eran de solidaridad pura con nosotros. Así mismo le informé al señor Presidente que yo no estaba de rehén de la guerrilla ni con miembros del Ejército; que me encontraba solo con las dos Secretarias y que mi guardaespalda el señor Gonzalo Viracachá estaba en otro sector del costado sur del tercer piso impidiendo el ingreso de guerrilleros por ese lado... Con la única persona del cuarto piso que logré comunicarme fue con el doctor Nemesio Camacho; lo hice en dos oportunidades; en una de ellas me dijo que milagrosamente estaba vivo porque una bala acababa de romper el vidrio de su oficina. De ese piso no pude saber absolutamente nada, con excepción de lo que acabo de informar... Durante toda la tarde y parte de la noche oí centenares, miles de disparos y estallidos de bombas. Por la cadencia de los disparos puedo afirmar que eran armas automáticas, pero también se oían disparos tiro a tiro, como de revólver. Ya por la noche se recrudecieron los estallidos de bombas o granadas, algunas de ellas de altísimo poder explosivo que sacudieron fuertemente el edificio... En la esquina donde funcionaba la Sala Plena nos agrupamos unas quince personas, dudando en seguir porque yo les había hecho la advertencia que a eso de las cuatro o cinco de la tarde había visto, a la entrada de las escalares del piso, dos personas vestidas de civil que parecían guerrilleros, una con una ametralladora. En ese momento, más o menos en la mitad del costado sur, en dirección a la entrada principal, apareció un soldado que nos hizo señas de que nos arrastráramos hacia él. Luego trató de ayudarnos a salir por una escalera que en el tercer piso caía al hall pero en ese momento se recrudeció el tiroteo y nos hizo seguir por el corredor hasta las oficinas de la Relatoría (costado suroeste). Ya en ese trayecto ayudé a transportar a Lubín Ramírez que tenía un disparo en la cara. De las oficinas de la Relatoría bajamos por las escaleras de caracol al segundo piso, y de éste, por las escaleras aledañas a la cafetería, logramos llegar al primero y de allí a la puerta principal. Eran mas o menos las diez y media de la noche. En ese primer piso unsoldado nos protegió la salida. No ví huellas de incendio en la cafetería; recuerdo que su mobiliario estaba en desorden y por el suelo.
Tampoco vi personas en ese sector: solo vi dos cadáveres al pie de la entrada de la Secretaría de la Sección Tercera. La única persona que estaba en ese sector fue el soldado que nos ayudó a salir. Salieron conmigo más o menos unas quince o veinte personas y ninguna sufrió heridas ni quemaduras durante el trayecto...» (Folios 1821-1823).
El Consejero de Estado, doctor Uribe Acosta declaro:
«...(me situé) en un pequeño pasillo que da frente a la entrada del Palacio en el tercer piso. Allí encontré dos soldados, uno de los cuales apuntaba su arma hacia el costado oriental protegiéndose contra la pared . . . yo demandé una escalera para bajar del pasillo del tercer piso al primero. Después de unos minutos de espera y sin que tuviera mucha visualización... bajé por ella. Después supe porque me lo contó el Consejero Jorge Valencia Arango que la escalera era corta y que fue apoyada en el primer piso sobre el pecho de dos soldados y que desde el tercero me ayudaron a descolgarme para alcanzarla pues era corta. Dijo el Consejero Valencia Arango que la maniobra fue riesgosa pero él también bajó por ella y parece que después lo hicieron tres personas más. Cuando alcancé el primer piso, soldados del Ejército y personal de la policía me protegieron con sus armas y me condujeron a la Casa del Florero donde nos atendieron en debida forma (Folio 112, Juzgado 27 de Instrucción Criminal).
El Consejero Caballero Sierra declaró:
«... Obviamente, las circunstancias de mi salida no vale la pena relatarlas. Sólo repetir que por el temor de morir incinerado me vi obligado a cruzar rápidamente por entre el fuego que ya comenzaba a intensificarse. Al llegar al costado sur del Palacio encontré un grupo de soldados, que protegían a otras personas, y con las cuales pudimos salir ilesos, a pesar de los disparos que no precisaba de donde salían». (Folio 142 del mismo Juzgado).
El Consejero Jorge Valencia Arango declaró:
«...De las muchas bombas y rockets disparados y que daban exactamente debajo de nuestro piso, hubo uno a las 9 y 30 p.m. que fue la más fuerte y que nos levantó el piso, amenazando con desfondarlo. Creo que fue ésta la explosión que me lesionó el oído derecho y que me dejó sin audición por él, la que apenas estoy recobrando lentamente... Más o menos a las once p. m. o unos minutos más, oí voces en el corredor frente a mi oficina y reconocí la voz del doctor Carlos Betancur Jaramillo, Presidente del Consejo de Estado, que decía alguien: "Valencia está en la oficina y no lo podemos dejar" y me tocó en la puerta, la que abrí y salí a sus instancias al corredor . . . En medio de una balacera, avanzo el grupo encabezado por mi, agachados contra la pared en dirección a la Plaza de Bolívar, pero al llegar a la última oficina de ese sector, la del doctor Gustavo Humberto Rodríguez, vi varios hombres asomados y oí que el doctor Enrique Low a quien reconocí por su voz, me dijo, que no avanzara más que me tenían encañonado, desde el hall que habían después de los ascensores y encima del hall de la entrada principal de la Plaza de Bolívar. El doctor Low tenía contra uno de sus hombros a un señor que respiraba con dificultad y que tenía el rostro ensangrentado y que después supe que era un abogado que había sido herido dentro de la oficina del doctor Rodríguez y ocupada dentro de los sucesos por una coincidencia por el doctor Low y el mencionado abogado, quienes se refugiaron en ella ante los primeros disparos del primer día.
Grité a los bultos que me encañonaban y que distinguía fugazmente por la iluminación de las llamas que si podía seguir, a lo que me dijeron que sí, pero agachados y de uno en uno, dejando espacio entre las personas.
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