Por el cual se autoriza la publicación de un Informe
Así llegué hasta ellos y les dije: me entrego, ustedes son guerrilleros a lo que contestaron que eran soldados. En ese momento apareció el Consejero doctor Julio César Uribe, sin saco, sin corbata y sin zapatos, muy agotado, como fuera de sus cabales y se interpuso entre los soldados y yo le decía repetida y precipitadamente que le pusieran una escalera para bajar al primer piso. Unos minutos después pusieron una escalera, formada por dos de aluminio amarradas, que dentro de la oscuridad del primer piso parecía ser dos tomadas desde allí y que no alcanzaban a llegar al tercer piso donde nos encontrábamos. No obstante, los soldados izaron de los brazos al doctor Uribe hasta cuando hizo contacto con la escalera y se agarró de ella, momento en el cual el doctor Uribe se bamboleaba unas veces debajo de la escalera y otras encima de ella, pues la escalera no parecía tener punto fijo de apoyo; vi al doctor Uribe descender peligrosamente, hasta cuando se lo tragó la oscuridad del primer piso. Luego los soldados me ofrecieron el turno para bajar por dicha escalera, pero yo lo cedí a mis Secretarias y a los demás acompañantes, ninguno de los cuales quiso aceptarlos por el peligro que implicaba el descenso. Ante tal situación yo sí me bajé por ella, agarrado por los soldados y con las mismas peripecias de maromero que había visto hacer al doctor Uribe. Cuando llegué al primer piso un militar o dos, me tomaron por las axilas y en andas tres o cuatro metros hasta la puerta principal donde me recibió un médico vestido de militar pero con blusa de la Cruz Roja». (Folio 164, Juzgado 27).
El doctor Enrique Low Murtra, Consejero de Estado declaro:
«. . .Durante la balacera permanecimos en la oficina cuatro personas: Lubín Ramírez Lorza, un particular gestor a quien conozco por haber trabajado en el Distrito conmigo hace algunos años. El venía a hablar con el doctor Samuel Buitrago, según supe, cuando empezó la balacera. También estuvieron con nosotros dos agentes del DAS, Carlos, asignado a la protección del doctor Patiño Roselli, y Gonzalo, asignado a la protección del doctor Betancur Jaramillo. Al verse sin munición se refugiaron en la oficina conmigo. Por mucho tiempo estuve echado en el suelo escuchando tiros de fusil, de ametralladora, bombas, etc. A eso de las cinco de la tarde una bala atraveso el cristal interno de la oficina. Vi en el suelo gotas de sangre. De: Lubin, te dieron. Contestó: si, doctor. No veo. Durante seis horas mas tuve a Lubin sobre mis piernas. La balacera no nos dejaba salir. Cada momento era más duro pues sentía que Lubin se desangraba y sufría horriblemente. La balacera era cada vez más intensa. Distinguí claramente balas de ametralladora en frente. Hubo una granada al frente. Hubo ruidos de bombas o algo así. Es difícil precisar cuáles fueron las balas de la guerrilla y cuáles las del ejército. Puedo si decir que mi impresión era la de una ametralladora en el 3er. piso muy cerca de nosotros en manos de la guerrilla. Estas 11 horas (5 con Lubin sano y 6 con Lubin herido) estuvieron salpicada con toda clase de voces; se inicio con claras voces de que se trataba de un golpe del M-l9. Fueron marcados los gritos de una mujer amenazante Recuerdo dos expresiones: No nos rendiremos. Preferimos morir por la democracia. (La oí a eso de las 4 de la tarde. Señores Magistrados, no sean cobardes, salgan (la oí en las primeras horas de la tarde) . Hubo muchos más gritos y voces. Más sensibles cuando paraban las balas. Una voz rogaba cese al fuego. A partir de la herida de Lubín púse mas atención en tratar de esconderlo y de ayudarlo. A eso de las once de la noche oí voces en el corredor. Alguna voz tenue dijo "Beatriz". Entendí que evacuaban personal del piso donde me encontraba. Al salir vi que había fuego. Con la ayuda de los del DAS y algunos compañeros, trasladé unos 40 metros a Lubin hasta llegar al lugar donde se encontraba personal del ejército. Ellos se hicieron cargo de la salida de Lubin y guiaron nuestra fuga del Palacio. Al llegar a la Casa del Florero vi el Palacio en llamas. Si salimos cinco minutos antes probablemente nos acribillan las balas. Si lo hacemos cinco minutos más tarde nos agarra el incendio. Fue milagro de Dios estar vivos... » (Fol. 66, Juzgado 27).
El señor Gonzalo Viracachá Sandoval, designado como escolta del Presidente del Consejo de Estado, doctor Carlos Betancur Jaramillo, declaró:
«... El miércoles estaba yo en el despacho del señor Presidente del Consejo de Estado y como a eso de las once y treinta de la mañana, cuando sentí unos disparos en el primer piso, me asomé a ver qué era lo que sucedía, ya me di cuenta que era un asalto que le habían hecho al Palacio, llamé inmediatamente al DAS a la Jefatura de Orden Público, para informar de lo sucedido y luego solté carrera para bajar al primer piso y reforzar la puerta de entrada, pero cuando iba bajando al segundo piso, fui atacado con una ráfaga de ametralladora, viéndome obligado a regresarme, hice unos disparos para ver si podía repeler el ataque, pero se enfurecieron más los guerrilleros y comenzaron a gritar "viva Colombia, arriba Lucho, avancen, ya estoy en el segundo piso", al avanzar yo al tercer piso les hice otros disparos hacia abajo y avancé hacia la puerta de entrada de la Sala Plena donde hay un muro y ahí me atrincheré de donde disparé cuando sentía que el enemigo se me acercaba. En ese lugar permanecí pasadas las 6 de la tarde, cuando el doctor Enrique Low Murtra y otro doctor que estaba visitándolo de nombre Lubin N, me dijeron que qué hacía ahí solo, que me entrara para la oficina, me entré y detrás de unos archivadores metálicos permanecí hasta las once y media de la noche cuando el ejército me pudo rescatar....» (Fol. 78, Juzgado 30).
Se puede afirmar, sin dar pie a equivocaciones, que con la salida de rehenes hacia el costado sur del edificio, que fueron evacuados por distintas partes según sus propios relatos, concluyó al menos el miércoles 6 el operativo que con tal objeto se había montado por las fuerzas del orden.
Suerte distinta corrieron los rehenes del tercer piso que salieron, como ya se dijo anteriormente, hacia las escaleras de la zona noroccidental, que fueron a reunirse con los rehenes que todavía se hallaban en el cuarto piso, por no haber sido descubiertos por los guerrilleros, integrándose al grupo de secuestrados al mando del Comandante Almarales.
Más adelante haremos alusión al testimonio de los rehenes acerca de estos hechos y de otros que tuvieron ocurrencia posteriormente y que corresponden a la horrorosa tragedia del jueves siete de noviembre.
EL HOLOCAUSTO.
Conviene recordar acontecimientos registrados en el cuarto piso, durante el desarrollo del operativo guerrillero, hasta el incendio que puso en retirada a los protagonistas de los enfrentamientos para entrar en pormenores de la gran tragedia, ocurrida en una verdadera noche apocalíptica.
Iniciado el asalto, después de los dolorosos hechos ejecutados en la primera etapa de la ocupación, se observó que los insurgentes avanzaron el primer piso en donde de antemano, se habían situado, estratégicamente, varios efectivos, con la misión de cubrir su ascenso y fortalecer una base de operación que permitiera el control de todos los pisos, muy especialmente del cuarto y de las escaleras, convirtiendo el Palacio en una fortaleza para las acciones armadas que esperaban acometer.
Doblegada la heróica resistencia ofrecida por unos pocos vigilantes particulares y miembros del servicio de escolta, asignado a varios Magistrados y Consejeros, los guerrilleros, con el Comandante Luis Otero a la cabeza y otros integrantes del estado mayor del M-19, subieron al cuarto piso, aprehendieron al Presidente de la Corte, doctor Reyes Echandía, y a otros Magistrados, en calidad de "rehenes fundamentales" en el empeño de que la Corporación se reuniera para someter a juicio al Presidente de la República, en persona, o a través de un representante, por hipotético desconocimiento de los acuerdos de paz celebrados con el M-19. Logrado este objetivo, establecieron el comando de operaciones en el mismo lugar en donde concentraron a los prisioneros, formulando por los medios a su alcance, el cúmulo de exigencias, señaladas en el prospecto del operativo subversivo.
Se ignora la forma como irrumpieron el Comandante Otero y compañeros insurgentes a la oficina donde se encontraba el doctor Reyes Echandía y los términos como le fue anunciado su aprisionamiento. Se desconocen, igualmente, los diálogos que pudieron haber sostenido durante la operación subversiva. Se sabe, únicamente, y eso por una entrevista telefónica de la prensa, que el doctor Reyes había sido requerido por los guerrilleros para comunicar al Gobierno que el M-19 buscaba una solución negociada y que para ello exigía el cese del fuego. Todo lo demás fueron referencias a estas pretensiones y a la circunstancia de encontrarse amenazados, en peligro de morir, en medio de una gran hecatombe. No alcanzan a trascender, se repite, revelaciones sobre el comportamiento de rehenes y subversivos. Estos, en las contadas oportunidades que tuvieron para hacer conocer sus propósitos, insistieron en que no era voluntad suya atentar de ninguna manera contra la vida e integridad personal de los rehenes. Sin embargo, con armas en la mano, condicionaban su suerte a decisiones del Gobierno.
Para una mejor comprensión de los hechos sucedidos en el cuarto piso, consideramos conducente hacer, con la mayor brevedad posible una descripción del escenario.
El cuarto piso del Palacio de justicia alojaba las siguientes dependencias de la Corte Suprema. La Sala Plena en el ángulo suroriental, las Salas Penal, Constitucional y laboral, en el extremo opuesto, o sea, en el angulo nororiental; los despachos de la Sala Penal y de la Sala Constitucional, en el costado oriental y los de los Magistrados de la Sala Laboral, en el norte.
Al producirse la toma, estaba reunida la Sala Constitucional. Se encontraban allí pues, los Magistrados Alfonso Patiño Roselli, quien la presidia, Manuel Gaona Cruz, Carlos Medellín Forero y Ricardo Medina Movano; como Secretario actuaba el titular de ese cargo, doctor Ricardo Correal Murillo. En el despacho del Magistrado, doctor Medina Moyano, estaba el Citador Héctor Dario Correa Tamayo.
En sus oficinas, cuya numeración va en orden ascendente de sur a norte, laboraban a la misma hora los Magistrados Fabio Calderón Botero (402), Alfonso Reyes Echandía (405), Pedro Elías Serrano Abadía (406), Darío Velázquez Gaviria (407), de la Sala Penal; afortunadamente ausentes en ese momento, los Magistrados Hernando Baquero Borda (401), Luis Enrique Aldana Rozo (404), Gustavo Gomez Velásquez (408) y Darte Fiorillo Porras (403), este último por encontrarse enfermo y recluido en una clínica de la ciudad. Los Magistrados Auxiliares Emiro Sandoval Huertas y Julio César Andrade Andrade y siete Auxiliares de Secretaría--María Janeth Rozo Rojas, Isabel Méndez de Herrera, María T. Muñoz de Jiménez, María Cristina Herrera Obando, Beatriz Moscoso de Cediel, Libia Rincón Mora, y Nurys Soto de Piñeres--quienes también prestaban servicio en el sector oriental del Palacio.
Las oficinas de los integrantes de la Sala Constitucional estaban distribuidas así : Magistrado Manuel Gaona Cruz (409), Magistrado Carlos Medellín (410), Magistrado Alfonso Patiño Roselli (411) y Magistrado Ricardo Medina Moyano (412).
Estos Magistrados tenían, respectivamente, como Secretarias a Lyda Mondol de Palacios, Ruth Zuluaga de Correa y Rosalba Romero de Diaz. La del Magistrado Medina había dejado de trabajar el 1º de noviembre.
Presentes en sus despachos de la Sala Laboral se hallaban los Magistrados Fanny González Franco (414), a quien acompañaban su Auxiliar Jorge Alberto Correa Echeverri y su Secretaria Cecilia Concha Arboleda; José Eduardo Gneeeo Correa (415), su Secretario Hermógenes Cotes Nomelin; y Nemesio Camacho Rodríguez (419) con su Secretaria Ana Lucía Bermúdez de Sánchez.
Ausentes, gracias a Dios, los Magistrados de la misma Sala, doctores Fernando Uribe Restrepo (416), Manuel Daza Alvarez (417) y Juan Hernández Sáenz (418). El piso cuarto tenía cinco vías de acceso: Los ascensores del norte (puerta principal) y los del suroceidente; las escaleras paralelas a los mismos ascensores y, finalmente, una privada que, desde el sótano y pasando por la cafetería comunicaba los pisos segundo y tercero.
Todo daba a entender que los Magistrados presentes en el edificio serían congregados en un mismo lugar, precisamente donde estaba el Presidente de la Corte, doctor Reyes Echandía, con los guerrilleros, capitaneados por el Comandante Luis Otero. Sin embargo, no ocurrió así. Los Magistrados Manuel Gaona Cruz y Nemesio Camacho Rodriguez, que se encontraban como ya se vio en este piso cuarto, fueron a engrosar, a distinta hora, el grupo de rehenes a ordenes del Comandante Andrés Almarales que se hallaba en el sector de los baños y las escaleras del costado norte del edificio frente a la calle 12 de la ciudad. A este mismo lugar, fueron a dar los Magistrados Horacio Montoya Gil, Humberto Murcia Ballén y Hernando Tapias Rocha que estaban en oficinas del piso tercero. y parece raro que el Comandante Otero no hubiera hecho ningún esfuerzo por congregarlos en un solo sitio, si de reunir la Corte se trataba. Por lo demás, en el plan de la toma del Palacio se tenía previsto concentrar en un solo sitio, como atrás se vio, a los "rehenes fundamentales", y en distinto lugar a las demás personas cautivas.
Los guerrilleros, por lo visto, actuaron descoordinados en este propósito. No es explicable, pero es cierto. Las versiones de testigos de excepción, la del doctor Ricardo Correal Morillo, Secretario de la Sala Constitucional, y la del señor Héctor Dario Correa Tamayo, Citador de la misma Sala, demuestran que, apenas aparecieron los insurgentes en el cuarto piso, hicieron todo lo posible por aprehender a los Magistrados que allí se encontraban. Así, obtuvieron que el doctor Manuel Gaona y ellos mismos, Correal y Correa, quedaran a disposición del Comandante Almarales. Fueron inútiles los llamados, de viva voz, al Magistrado Ricardo Medina Moyano y a otros más, para que imitando la decisión del doctor Gaona Cruz, fueran a reunirse al mismo grupo de rehenes. Sobre el particular, el doctor Correal Morillo declara:
«. . El día 6 de noviembre. . . la Sala se inicio a las nueve y treinta de la mañana. Una vez iniciada, el señor Presidente de la Sala, Magistrado Alfonso Patino Roselli, solicitó que le sacara una lista de todos los procesos en debate en Sala Constitucional, hasta enero de 1986. Una vez establecida esa información, el Magistrado Manuel Gaona dio comienzo a la sustentación de una de las ponencias que en ese día se iban a discutir... Comenzó por hacer un relato histórico pormenorizado de las jurisprudencias de la Corte en relación con tratados públicos desde 1914 hasta la última sentencia proferida con ponencia del Magistrado Carlos Medellín. . .de este año. Seguidamente se comenzó a oír a las once de la mañana un tiroteo en la esquina de la calle 12 con la carrera octava y una multitud de gente que observaba con curiosidad lo que estaba ocurriendo. Dentro de esa confusión, pudimos haber pensado que era alguna acción de atraco e intentamos continuar con el relato histórico del Magistrado Ponente, pero nos percatamos de que cada vez más el tiroteo era muy fuerte y nos dimos cuenta que evidentemente era un ataque presumiblemente contra las instalaciones de la Corporación. De inmediato nos tiramos al suelo, desconcertados, sin saber que tipo de conducta tomar. Seguidamente vimos como algunos de los guardaespaldas localizados en el cuarto piso comenzaban a disparar ametralladora. En ese momento los Magistrados se dispersaron y salieron hacia sus oficinas, ya que estábamos reunidos en un pequeño salón de reuniones del costado norte sobre la carrera séptima, donde sesionaba en ese momento la Sala respectiva. Los Magistrados Patiño y Medellín salieron velozmente protegidos por guardaespaldas hacia sus oficinas. El Magistrado Gaona Cruz, el suscrito y el Citador de la Sala Héctor Darío Correra, nos refugiamos con un vendedor, no sé de que era, en la oficina del Magistrado Medina Moyano; en ese momento él recibió llamadas telefónicas para responder a lo que estaba ocurriendo dentro del recinto, parece que eran de la casa de él, pero no supe. Permanecimos en el suelo tras escuchar el cruce de disparos, o los disparos, porque no era cruce de disparos, hasta cuando se tuvo la idea de amarrar un pañuelo blanco en un paragüero. Creo que era un paragüero y correrlo hasta la salida del corredor. La noción del tiempo no la puedo precisar; lo cierto es que del extremo noroccidental, cuarto piso, salieron voces de los ocupantes de dejar la oficina y salir con las manos en alto. En este estado el doctor Medina Moyano y el vendedor cuyo nombre ignoro, decidieron permanecer dentro del despacho mientras que el doctor Gaona Cruz, el Citador y el suscrito salimos por el corredor en la dirección antes mencionada y nos apostamos sentados frente a los ascensores del cuarto piso, donde se encontraban otras personas, no recuerdo, cinco, seis, siete, una de ellas herida en una mano, creo que era conductor, no tengo certeza. Nuevamente comenzó la acción armada y dos horas mas tarde, no tengo clara la noción del tiempo, se nos condujo al baño subsiguiente al cuarto piso, descendiendo. Allí fuimos concentrados con algunos de los dirigentes de la ocupación, entre ellos dos heridos que se encontraban en estado crítico, ayudados por un servicio de muchachas que estaban con ellos. El tiempo comenzó a correr lentamente y entre los ocupantes del baño, los habitantes del baño, los que estaban en el baño el silencio era total, solamente se oían voces de mando de los ocupantes armados, para tomar posiciones dentro de todo el recinto . . . ». (Folio 150 Juzgado 77).
El señor Héctor Darío Correa, declaró:
«... En el momento de la toma yo me encontraba en la oficina del doctor Ricardo Medina Moyano, él me había pedido el favor que le cuidara la oficina, mientras el estaba en Sala Constitucional, porque la Auxiliar de él se encontraba disfrutando de una licencia. Me encontraba allí con un vendedor de Servicios de la Casa Cárcel de Choferes, él tenía cita con el doctor Medina, para algo relacionado con eso. Como a eso de las once y treinta y cinco o cuarenta de la mañana, escuchamos unas detonaciones que parecían venir como de abajo de la carrera 8º, inmediatamente salimos los dos al pasillo y nos asomamos hacia abajo, yo voltié mi cabeza hacia el lado izquierdo y vi a mi tía Ruth Mariela Zuluaga de Correal, ella la Auxiliar del doctor Carlos Medellín, ella murió en la toma, murió calcinada, yo la vi, frente a la oficina del doctor Medellín...yo vi hasta que ella se volvió a meter a la oficina y cerro y en ese momento alguien nos disparó desde abajo, inmediatamente nosotros corrimos directamente a la oficina del doctor Medina y digo corrimos porque todavía andaba el vendedor conmigo, nos metimos bien al fondo del despacho... y nos tiramos en el piso... allí estuvimos tendidos cerca de un cuarto de hora, solos hasta que llegaron al despacho los cuatro señores Magistrados, doctores Medina, Patiño, Medellín y Gaona que también se refugiaron donde nosotros estábamos, con ellos también entró el doctor Ricardo Correal... El doctor Patiño y el doctor Carlos Medellín optaron por irse. salieron. . . al pasillo donde en ese momento se encontraba, creo que era uno de los guardaespaldas del doctor Patiño. todos tres salieron hacia el lado de las oficinas de ellos. Pasaron unos diez minutos y nuevamente sentimos que estaban disparando hacia las ventanas, los tiros no entraron, pero el doctor Gaona dijo que amarráramos un pañuelo blanco en un perchero y lo colocaron en frente de la puerta del despacho para que alguien lo viera y no nos fueran a disparar a matar. Tan pronto lo hicimos oímos unas voces que nos decían: "Salgan con las manos sobre la cabeza, de uno en uno y con sus piernas abiertas", el primero en salir fue el doctor Gaona Cruz y se dirigió hacia los ascensores del costado norte que quedan al final del pasillo, frente a la oficina del doctor Medina; mientras él salía, las mismas voces volvieron a gritar: 'Salgan de uno en e uno, que nosotros les respetamos la vida', nosotros esperamos un momento mientras el doctor Gaona salía, luego él nos gritó: 'Salgan que yo estoy bien, hagan lo que ellos dicen', entonces yo opté por salir y me dirigí a los ascensores del costado norte, detrás de mí salió el doctor Ricardo Correal. Cuando llegamos allá nos dimos cuenta que quienes habían gritado y nos tenían en su poder eran los guerrilleros del M-l9.
Nos preguntaron que quien más había en esa oficina le dijimos que el doctor Medina y un señor vendedor de la Casa Cárcel de Choferes, dijeron que les gritáramos que salieran que nosotros estábamos bien, lo hicimos pero el doctor Medina no quiso salir y el vendedor tampoco. Le decíamos: 'Salga doctor Medina, que nosotros estamos bien' pero ni respondía ni salía. Ahí estuvimos como un cuarto de hora y nos dimos cuenta que habían más personas ahí con nosotros, una de estas personas estaba herida en una mano y decía que él era conductor, cuando el doctor Gaona le pregunto que quien era, ese señor estaba en interiores tenía como una camiseta no me acuerdo bien, habían unas 8 o 1O personas mas, habían 2 mujeres pero no recuerdo quienes eran, porque yo estaba recién entrado allá a la Corte, me había posesionado a partir del primero de noviembre, por eso mismo no conocía casi a ninguno. Mientras estuvimos ahí los guerrilleros hicieron varios disparos hacia las oficinas, nosotros les dijimos que no dispararan hacia allá porque había trabajadores, secretarias y demás funcionarios, pero ellos no nos hacían caso, uno de ellos nos contestó que debían hacerlo porque presumían que habían guardaespaldas, a lo cual nosotros no les respondimos nada..."». (Folio 460, Juzgado 30).
Después de la aprehensión del Magistrado doctor Gaona, y luego de doblegar toda resistencia de los guardaespaldas, los guerrilleros pudieron reunir en un mismo lugar como rehenes, a nueve Magistrados, sometiéndolos a la voluntad, como atrás se dijo, del Comandante Otero. El propio doctor Reyes Echandía así lo afirma en su conversación telefónica con el General Delgado Mallarino cuando le hizo saber "que se hallaba en compañía de ocho Magistrados", sin designarlos por sus nombres. Con él estaban, los doctores Fabio Calderón Botero, Pedro Elías Serrano Abadía y Darío Velázquez Gaviria, como el de la Sala Penal, Carlos Medellín, Ricardo Medina Moyano y Alfonso Patiño Roselli
de la Sala Constitucional y José Eduardo Gnecco Correa y Fanny González Franco de la Sala Laboral. Y es de advertir, que este número no varió, pues, el Magistrado Nemesio Camacho Rodríguez, quien también se encontraba en el cuarto piso, no fue descubierto por los guerrilleros y acosado por el incendio descendió por las escaleras, quedando incorporado al grupo de rehenes dominado por el Comandante Almarales.
El Presidente de la Corte durante toda la tarde sólo se dedicó aclamar por el cese al fuego. La última comunicación telefónica con él la tuvo el Presidente del Senado a las 7 y 15 minutos de la noche. Así lo atestigua el Senador Villegas Moreno. A partir de ese momento no hubo diálogos telefónicos con el doctor Reyes ni con ninguna de las personas concentradas a su alrededor. Pero en el interior del edificio siguieron escuchándose sus clamores, ". . . Por favor no disparen, somos rehenes, les había el Presidente de la Corte Suprema de Justicia...", los cuales motivaba indistintamente, unas veces, en que se necesitaba asistencia médica para dos señoras embarazadas y otras, para unos heridos, reclamando angustiosamente la presencia de la Cruz Roja para de prestar ese servicio.
«Estas súplicas--declaró el Consejero de Estado, doctor Valencia Arango--las escuché hasta cuando- abandoné el Palacio de Justicia a las 11:30 p m del miércoles 6 de noviembre de 1985».
Antes había dicho el mismo testigo:
«Poco después, oí a Reyes Echandía gritar: "Por favor no disparen, somos rehenes, les habla el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, tenemos heridos, necesitamos a la Cruz Roja", a lo que contestaban con descargas cerradas de ametralladora, rockets y toda clase de armas. Cada cinco minutos repetía su letanía el doctor Reyes y le contestaban con las mismas descargas. Por ahí a las 4 p. m. o minutos antes, el doctor Reyes cambió un poco su letanía y por dos veces, con intervalos aproximados de cinco minutos dijo: "por favor no disparen, somos rehenes, les habla el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, tengo dos señoras embarazadas que necesitan atención médica"».
El fuego se desató con mayor fuerza en el ala oriental del cuarto piso, impidiendo la salida de todas las personas que se encontraban en las oficina de ese sector.
Infortunadamente los desesperados ruegos de Reyes Echandia no
se escucharon más, se confundieron con el furor de las llamas. Y con él desaparecieron los ocho Magistrados que lo acompañaban y los demás rehenes. La misma suerte corrieron el Comandante Otero y los otros insurgentes. Todo quedó en el misterio del fuego.
Los autores de este informe no se aventuran a señalar las verdaderas causas de la muerte de los rehenes y guerrilleros. No se sabe quiénes alcanzaron a morir antes del fuego ni qué pudo haber originado su muerte, pues, no escapó una sola persona de ese piso, que pueda ofrecer alguna versión y en el proceso tampoco aparecen referencias de testigos que hayan podido observar a distancia, el desenvolvimiento de los hechos o haber escuchado gritos de auxilios, lamentos u otras exclamaciones en algún sentido. Sobre el particular, como es de rigor, debemos atenernos al dictamen de los médicos legistas y, en los correspondientes protocolos de autopsia. Con tres salvedades, se lee la expresión reiterada: "Restos carbonizados cuya causa de muerte no pudo ser establecida por autopsia".
Seis ocupantes, solamente, de este fatídico piso se sustrajeron a la suerte de los demás, esto es, de los que permanecieron con el Comandante Otero. El Magistrado Gaona Cruz, para venir a caer en la tragedia del baño situado entre los pisos segundo y tercero, el Magistrado de la Sala Laboral, doctor Camacho Rodríguez, quien se integró al grupo de rehenes en el mismo baño, dirigido por el Comandante Almarales, el doctor Correal Morillo, Secretario de la Sala Constitucional, la señora Ana Lucía Bermúdez de Sánchez, Secretaria del doctor Camacho, la señorita María Esther Mesa Montealegre, Secretaria del Magistrado de la Sala Laboral, doctor Manuel Enrique Daza Alvarez y el señor Héctor Darío Correa. Citador de la Sala Constitucional. Los cuatro últimos, se unieron con los Magistrados Camacho y Gaona.
El Magistrado Camacho Rodríguez, rindió una importantísima declaración. De este testimonio, por ahora, basta destacar el relato que él hace sobre los primeros episodios del asalto y el del abandono de su oficina:
«... Hacia las once y treinta escuchamos unos gritos en el primer piso y mi Secretaria y yo nos asomamos para saber de qué se trataba y entonces recibí numerosos disparos de arma de fuego por lo cual hice que mi Secretaria entrara a la oficina, conmigo, en donde nos tendimos en la alfombra. . . Estando aun en mi oficina del 4º piso, por lo menos cinco proyectiles fueron dirigidos hacia mi oficina y mi Secretaria no fue alcanzada por ellos, milagrosamente. Hacia las siete de la noche desde el primer piso, subió un espeso humo negro, asfixiante. Mi Secretaria y la del doctor Manuel Enrique Daza estaban en la oficina siguiente y lograron sacarme de la mía, en donde estaba a punto de asfixiarme. Ya estaba en llamas el cuarto piso, salimos hacia la escalera y en ese momento, en la oscuridad, fuimos aprehendidos por elementos del M-l9, quienes muy rápidamente me requisaron para verificar que no tenía armas y fuimos bajando por las escaleras, a tientas hasta cuando yo caí y resolví bajar sentado, por las escaleras y dentro del agua y hasta llegar al segundo piso, en donde nos hicieron entrar al salón de baños. Allí encontré al doctor Manuel Gaona Cruz, quien me abrazó y me dijo: "Creí que estaba muerto, parece que no quedamos sino los dos". Había otras personas; me impresionó la entrada de uno de los jóvenes del M-19 con una bomba de tamaño de un melón grande y que decía que era lo que se emplearía en último lugar. Luego nos subieron a los baños del tercer piso y en un momento estuvimos reunidos cerca de 20 personas, perdón, de 50 personas entre las cuales estaban los Magistrados Humberto Murcia Ballén, Hernando Tapias Rocha, Horacio Montoya Gil y yo. Igualmente los Consejeros de Estado Aydée Anzola Linares, Samuel Buitrago y Reynaldo Arciniegas; estaban también conductores de vehículos de la Corte, el conductor de mi carro particular, Magistrados Auxiliares, personal de Secretaría, unas muchachitas del aseo y dos abogadas litigantes de las cuales recuerdo el nombre de la doctora Helena Gutiérrez. Todo esto sucedía mientras sonaban explosiones por todos lados, casi intermitentes de 60 personas estábamos hacinadas y el cansancio nos obligó a sentarnos en el piso lleno de agua, porque se habían abierto todas las llaves, para humedecer los pañuelos y poder respirar y para poder soportar el calor espantoso que había. Había dos muchachos guerrilleros heridos, uno en un brazo, otro en una pierna con una herida impresionante. pero con la ametralladora en la mano....» (Folio 27, Juzgado 77 de Instrucción Criminal).
Con el Magistrado Camacho Rodríguez permanecieron en el cuarto piso, hasta la hora de el salir hacia el piso tercero, su Secretaria, Ana Lucia Bermúdez de Sánchez y la señorita María Esther Mesa Montealegre, Secretaria del Magistrado de la Sala Laboral, doctor Manuel Enrique Daza Alvarez. Ellos tres fueron los últimos en abandonar el piso cuarto.
La señora Bermudez de Sánchez, declaró:
«... Nos entramos para la oficina de él (del doctor Camacho) y cerramos la puerta y ahí nos sentamos en el suelo detrás del escritorio. . . él se hizo a un lado y yo al otro. . . mirando hacia la calle por la ventana y (nos) quedamos callados, mudos, oyendo la balacera tan terrible... pensábamos que eso era una cosa pasajera pero luego...nos dimos cuenta que era lo tan anunciado que nos habían amenazado tanto que iban a tomar el Palacio. Así nos la pasamos ahí tendidos en el suelo, oyendo la balacera tan terrible y llamando a otras oficinas...
Como las oficinas anteriores a la nuestra estaban desocupadas y en una de ellas estaba la Auxiliar sola... Nos hablamos por teléfono con ella, o sea (con) María Esther Mesa, la Auxiliar del doctor Daza, entonces comenzaron a romper los vidrios disparando de afuera de la calle...le dije... véngase para acá... vengase arrastrándose por el suelo... así lo hizo ella, se vino gateando... cuando ella entró... aproveché para mirar hacia el corredor... no se veía a nadie, se oía nada más que tiros... Como a eso de las cinco, como esos vidrios eran antibalas,... dispararon:... y... los rompieron... esto tenía doble vidrio y el susto fue terrible, pensamos que ahí nos mataban...después echaron como gases lacrimógenos porque nos dolía la garganta, nos ardían los ojos. . . empezamos a sentir como humo y como que nos asfixiábamos. . . era un humo negro, espeso, entonces abrimos la oficina para salirnos y en ese momento mi jefe se quedó adentro y yo lo llamé, le dije yo a María Esther, yo no me voy sin él, yo no voy a dejar que se muera aquí asfixiado. . y en esas ya me contesto él y me dijo es que no veo por donde salir... él se estaba asfixiando, entonces al salir vimos ya el incendio que venia unas llamaradas inmensas, entonces no nos quedó mas que coger para, los baños y al salir ahí había hartos acostados, ahí con armas y nos creimos que era el ejército, porque estaban uniformados, entonces nos dijeron en voz baja sigan, .. entre ahí y nos señalaron el baño.... »(Folio 306, Juzgado 30).
Por su parte la señorita María Esther Mesa, manifestó:
»... Allí permanecí con la Auxiliar de él (doctor Camacho) de nombre Lucia Bermúdez de Sánchez y el doctor Camacho, hasta las nueve o nueve y media que ya dispararon a la oficina del doctor Camacho y rompieron todos los vidrios, entonces ya empezaron a echar gases lacrimógenos y se entro el humo... entonces salimos hacia los baños donde nos dimos cuenta. . . que todo (estaba) incendiado. . . al llegar a la escalera habían como tres guerrilleros acostados armados... uno de ellos nos dijo que subiéramos al baño del cuarto piso que allá íbamos a estar mejor, entonces entramos los tres al baño... estando ahí empezó a entrar humo, se llenó ese baño de humo terriblemente. . . perdí el conocimiento no supe más, me vine a despertar en el baño que estuvimos hasta última hora. . .». (Folio 139, Juzgado 41).
Huyendo del incendio, como anteriormente habíamos dicho, salieron hacia las escaleras y baños de que se viene hablando, los Magistrados y Consejeros de Estado, acompañados del personal de colaboradores que habían permanecido, a su lado, en el tercer piso y que no lograron, por interponerse al incendio, salir a la calle, por el costado sur, donde se encuentra la Puerta principal.
Sus testimonios son expresión real del macabro episodio en que se vieron envueltos. De algunos de ellos transcribimos apartes de gran interés para la investigación.
El Magistrado de la Sala Civil de la Corte, doctor Humberto Murcia Ballén, declaró:
«. . . Nosotros, mi Secretaria y yo, continuamos tendidos en el piso de la oficina... luego resolvimos apagar la luz y cerrar con llave la puerta, lo mismo que desconectar por largos espacios el teléfono; así continuamos pidiéndole a Dios que permitiera la cesación de nuestra gran angustia; avanzando el tiempo, por el humo pudimos percibir que estaba incendiándose la biblioteca y como para entonces los vidrios de la oficina, por el costado de la calle 12, habían sido destruidos totalmente por las balas, nos encontrábamos al descubierto de las que llegaban por ese lado; para entonces yo ya tenía dañada la prótesis que usaba en la pierna derecha, ...Con gran dificultad me deshice de lo que de ella quedaba pues me impedía los movimientos, y... luego de contarle... a mi colega y vecino doctor Montoya la situación de mi oficina. .. me pase a la 318, nos juntamos cuatro personas. . . esto debió ocurrir entre las 6 y las 7 p. m..Reunidos los cuatro en esa oficina oímos que el tiroteo acentuaba...sentimos la detonación fuerte de bombas que hacían estremecer la edificación... así permanecimos con la luz apagada hasta cuando el doctor Montoya, serían entonces las 10 de la noche poco más o menos, se acercó a la parte de su oficina que daba al corredor del tercer piso y angustiado nos dijo: Se está incendiando el edificio y tenemos que salir de aquí. Amparado por ellos me levanté y vi que evidentemente el incendio avanzaba de sur a norte en los pisos cuarto y tercero sobre el costado que daba hacia la carrera séptima y comprendí que no había otra alternativa que abandonar esa oficina, en donde el humo ya nos hacía difícil la respiración y a donde el fuego se aproximaba. Entonces tomamos las escaleras del costado norte y al aproximaba. Entonces tomamos las escaleras del costado norte y al llegar al inicio descendente de las que conducían al primer piso dos miembros del grupo subversivo nos detuvieron y nos condujeron, ya no sé si a todos los cuatro o solamente al doctor Montoya y a mí, pero de él y de mí si estoy plenamente seguro, al descanso de esa escala, donde se encuentra la entrada al baño que quedaba entre el primero y el segundo pisos; entre estos citados descanso y baño ya había o encontré, un gran número de rehenes, entre los cuales estaban los Magistrados Nemesio Camacho, Hernando Tapias, Gaona Cruz, Montoya Gil y yo; los Consejeros de Estado Samuel Buitrago, Reynaldo Arciniegas y Aydée Anzola, muchos Magistrados Auxiliares, conductores, Secretarias y empleados de todo orden, incluso ascensoristas y aseadoras. Allí había subversivos fuertemente armados, que se turnaban en la toma de sus armas y en la operativa de ellas; y vi entonces, por primera vez, al señor Andrés Almarales, pues así lo llamaban los subversivos y algunos rehenes y quien era el dador de las órdenes a los unos y a los otros; pasado algún tiempo de estar en este sitio, el mentado Almarales nos dijo que nuestra ubicación era peligrosa puesto que al costado norte y frente a nosotros estaba un tanque del ejército disparando y que debíamos cambiar de sitio; fue así como nos hicieron subir al baño superior, o sea al que quedaba entre el segundo y el tercer pisos por el mismo costado norte, en donde había dos o tres guerrilleros gravemente heridos acostados sobre la placa de los lavamanos, allí vi, dentro de ese grupo subversivo, a tres mujeres a quienes llamaban Natalia, Claudia y "la doctora" el señor Almarales continuó con nosotros y había otro grupo de terroristas que con los anteriores era aproximadamente de diez a doce y quienes se turnaban entre tratar de apagar el incendio y el lanzamiento de tiros de todo tipo, cuyo relevo se hacia en ese baño en donde tenían sus armas, municiones, drogas y alimentos....» (Folio 176, Juzgado 77).
El doctor Samuel Buitrago Hurtado, actual Presidente del honorable Consejo de Estado, declaró:
«... Llamé al Presidente de la Corporación, doctor Carlos Betancur Jaramillo. . . me confirmó que efectivamente el grupo guerrillero M-19 estaba atacando y que me rogaba permanecer en la oficina. Así lo transmití a mis subalternos a quienes pedí no moverse de allí. . . nos acostamos boca abajo en mi despacho. . . permanecimos varias horas en medio de un tremendo abaleo proveniente de las fuerzas del orden y de los subversivos. Aproximadamente a las seis de la tarde, no estoy bien seguro pues hasta la noción del tiempo se pierde en esas circunstancias, observe que algunas personas que no puedo identificar, pero que vestían de civiles, prendían fuego a papeles del primer piso en el costado y esquina donde funcionaba la biblioteca de la Corte y del Consejo de Estado. Simultáneamente mi Secretaria me advirtió de la presencia de fuego en el cuarto piso, fuego que avanzaba vertiginosamente hacia los pisos inferiores inundando de una muy espesa humareda las oficinas, hasta el punto de que ya casi asfixiados optamos por retirarnos del despacho procurando buscar refugio en los sanitarios que existían entre el tercero y el segundo piso. Poco antes, un proyéctil había hecho fuerte impacto en los vidrios de la oficina ocasionando su destrucción. Cuando nos acercábamos a los sanitarios nos encontramos con dos Magistrados de la Corte y empleados subalternos que buscaban también ponerse a salvo del fuego. Estando allí llegó un grupo de guerrilleros (hombres y mujeres) que descendían del cuarto piso fuertemente armados y algunos con mangueras con las cuales pretendían aplacar el fuego. Ya en poder de ellos nos obligaron a permanecer allí y más tarde nos permitieron descender casi hasta el primer piso, pero luego nos obligaron a regresar al sitio inicialmente ocupado, pues los disparos de los tanques del ejército se acentuaban y consideraban que estábamos más seguros en el piso superior. Nuestro grupo mientras tanto se había acrecentado y obligados por los guerrilleros nos refugiamos en los sanitarios en un número superior a los cincuenta rehenes. Allí transcurrieron las horas en medio del fragor de los disparos de toda suerte de armas y en las posiciones más incómodas, en medio del humo y del agua que nos llegaba a los tobillos. Entre los guerrilleros habían varias mujeres, algunas vestían trajes civiles y otras dos con uniformes similares a los del ejército; tenían tres compañeros heridos...». (Folio 85, Juzgado 27).
El doctor Hernando Tapias Rocha, Magistrado de la Sala Civil de la honorable Corte, declaró:
"... Durante e] tiempo que permanecimos tendidos en el piso, oímos también el paso de helicópteros y el descenso de personas sobre lo que suponíamos era la terraza del edificio. Oímos, igualmente, poco tiempo después de haber comenzado los disparos, que varias personas, hombres y mujeres, vivaban el movimiento guerrillero M-19 y llamaban a lista a Jaime Bateman Cayón y a Iván Marino Ospina. Escuchamos, de la misma manera, que los guerrilleros pedían a los Magistrados Ricardo Medina Moyano y Manuel Gaona Cruz que salieran de sus oficinas sin temor alguno pues les respetarían la vida. Hacia las nueve de la noche también escuchamos gritos que provenían de uno de los extremos del cuarto piso, pidiendo en coro varias personas que cesara el fuego y la presencia de la Cruz Roja, ya que eran rehenes. Los disparos continuaron a pesar de tales gritos. Hacia las diez de la noche, más o menos, y después de sentir el olor de bombas lacrimógenas y una tremenda detonación que conmovió la parte del edificio en que nos encontrábamos, osea el tercer piso hacia la intersección de la carrera 7º con la calle 12, percibí olor a humo de madera, por lo que temí que alguna parte del edificio cercana a donde estábamos estuviera incendiándose. Me arrastré entonces por el piso y vi en la mencionada intersección como un incendio de grandes proporciones se desarrollaba con mucha rapidez. Procedí con la rapidez del caso a tomar de la mano a mi Auxiliar y a salir de las oficinas corriendo agachados por el corredor hacia las escaleras de] edificio, situadas en el costado occidental o sea por la calle 12 con carrera 8º. A la entrada de las escaleras encontramos dos personas con fusiles, ametralladoras, mascaras anti-gas, anteojos y uniforme militar que nos cubrieron con sus armas y nos hicieron seguir hacia las escaleras. Yo creí que se trataba de soldados del ejército, pero un rato después me di cuenta de que eran guerrilleros del M-19. Como el incendio continuó desarrollándose cada minuto más intenso, los guerrilleros procedieron a sacar las mangueras que se encontraban en las paredes de las escaleras con el fin de combatir el fuego. Nosotros, mientras tanto, con todas las personas que iban llegando a las escaleras, fuimos bajando hasta el primer piso, en donde había una fuerte corriente de aire que llegaba desde los sótanos por el hueco del pasamanos de la escalera. En esa situación permanecimos algún tiempo hasta que los guerrilleros resolvieron que subiéramos a uno de los baños que quedan en la intersección de las escaleras, pues, según ellos, allí estaríamos más seguros, ya que no correríamos el riesgo de que los tanques del ejercito nos aplastaran al embestir en el piso en que nos encontrábamos. El baño al cual nos ordenaron dirigirnos no solo estaba lleno de humo sino que había en el varias personas. En primer lugar, una persona de aproximadamente 45 años de edad, de pelo corto peinado hacia adelante, de tez morena, vestido con un buzo verde y un pantalón oscuro, al cual le pregunté, quien era y me respondió que era "uno de los cuatro Comandantes". Otros dos estaban heridos y se encontraban recostados sobre el lavamanos, uno en un brazo y el otro en una rodilla, había también tres mujeres, una bajita, morena, de pelo crespo y muy joven, otra de nariz respingada trigueña y de regular estatura y la otra rubia de pelo largo, rasgos muy duros y ademanes hoscos, que permanecían sentadas sin portar ningún tipo de armas y dedicadas a aprovisionar a sus compañeros de municiones, atender a todos los que estábamos en el baño y a curar a los guerrilleros heridos, repartiendo también suero, antibióticos y un alimento consistente en harina mezclada con cacao y maní. según dijeron. Como antes lo mencioné todos quedamos reunidos en el baño, en una posición muy incómoda por el espacio tan reducido para toda esa cantidad de gente, mojados, pues el agua con que trataba de combatir el incendio uno de los guerrilleros, rodaba por las escaleras y penetraba al baño y a todos nos hicieron permanecer sentados. Nos ordenaban silencio y apagaron la luz. Hubo un intenso tiroteo a eso de las dos de la mañana, pero luego hubo un receso de varias horas. hasta más o menos las ocho de la mañana quese reinició....(Folio 339, Juzgado 77).
Con el arribo de los rehenes del cuarto y tercer pisos, forzado por el incendio que semidestruyó todo el costado oriental del Palacio, quedó un solo grupo, conformado por rehenes y guerrilleros, a órdenes del Comandante Almarales quien asumió la dirección del operativo, al desaparecer los otros Comandantes de nivel jerárquico superior.
El incendio tornó fuerza del extremo nororiental del edificio (calle 12 con carrera 7º hacia el flanco norte, frente a la citada calle 12, reduciendo en esa forma lo que pudiera ser el territorio, ya muy limitado, dominado por los subversivos, el cual comprendía únicamente las escaleras, con exclusión de la franja que comunica al primer piso con el parqueadero (controlada por el ejército), los entrepisos, los baños y unos cuartos pequeños para servicios auxiliares en donde se conservaban elementos del aseo, se preparaba y distribuía el café para los empleados.
Los bomberos no pudieron desplegar toda su acción, como es obvio, por la imposibilidad de penetrar al interior del edificio y por el peligro que ofrecía acercarse a una zona prácticamente de batalla, siendo posible constituirse en blanco de los disparos que afín se cruzaban, y quedar expuestos, a la vez, a la acción de rockets, bombas y granadas, que hasta muy avanzada la mañana se sentían estallar. No se debe olvidar que de las dos a las tres de la mañana del 7 de noviembre, en forma casi ininterrumpida se produjo una fuerte balacera y una serie de explosiones que conmovieron el sector. La misma fuerza del incendio, prácticamente concentrada en los cuatro pisos de la mitad del edificio que da a la carrera 7º, frustró los propósitos de un grupo de bomberos que con sus equipos trato de dominar las llamas, áunque, en un principio y por corto tiempo, lograron controlar el fuego por la parte oriental del edificio. Las llamas, aproximadamente a las tres de la mañana se apagaron.
Seguramente la intensa lluvia de la noche contribuyó, en mínima parte, a la extinción del fuego. Los revoltosos utilizaron los equipos contra incendio, del sector que controlaban, consiguiendo al menos eludir los efectos del excesivo calor.
En el interior del edificio, durante el incendio, permanecieron efectivos militares, pendientes de posibles movimientos de los insurgentes hacia el primer piso y el parqueadero. Su vigilancia duró hasta después de dominada plenamente la actividad subversiva. las demás unidades militares, abandonaron, transitoriamente, el Palacio hasta el restablecimiento de condiciones propicias para continuar la lucha contra el movimiento guerrillero.
Después de la media noche, antes del mencionado retiro del edificio, miembros de las fuerzas armadas localizaron a dos empleadas de la compañía particular "Serviaseo", quienes se encontraban escondidas en un cuarto propio de su oficio, ubicado en las escaleras del costado sur, frente a la Plaza de Bolívar, acompañadas de dos guerrilleros heridos. Ellas fueron evacuadas del edificio con la cooperación de miembros del ejercito y del cuerpo de bomberos. Más adelante nos ocuparemos de sus declaraciones sobre hechos que tienen relación con las acciones de un grupo de guerrilleros, desde el costado sur del edificio, y, especialmente de las encaminadas a impedir el plan del COPES y el GOES, en la terraza del edificio.
Hemos considerado necesario, para una satisfactoria visión de conjunto, transcribir, fragmentariamente desde luego, algunas declaraciones concernientes a los enfrentamientos y demás actuaciones armadas ocurridos en el sector sur del edificio que, como se sabe, se enderezaban a cubrir la acción del COPES y el GOES por la terraza. Y, porque de enfrentamientos se trata, presentar, testimonios que dan cuenta del comportamiento de los revoltosos, en el mismo sector sur.
El Mayor del Ejército, Carlos Fracica Naranjo, de la Escuela de Artillería, tuvo, en cumplimiento de ordenes superiores una destacada actuación dentro del operativo militar para recuperar el Palacio y rescatar a los rehenes.
De la declaración rendida por el señor Oficial Fracica Naranjo, extractamos los siguientes pasajes:
«... El primer día o sea el 6 de noviembre entró por la puerta principal en cumplimiento a la ordenado por el Comando de la Unidad de penetrar al Palacio y con los equipos nombrados tratar de rescatar el mayor número de personas que se encontraban en el interior. Una vez se logró penetrar al Palacio tomé el primer piso por su parte nororiental hasta llegar a la biblioteca y durante este primer trayecto se ordené sacar todo el personal que se encontraba en estas oficinas. Posteriormente se llegó hasta las escaleras ubicadas en el costado norte del Palacio y al intentar penetrar por ellas se recibió gran volumen de fuego que le causó la muerte al señor Subteniente Villamizar, y las heridas al SS. Zabala: ante la imposibilidad de subir por este sector ya que el fuego que se recibía era permanente y no permitía nuestro acceso por ahí, regresamos a la biblioteca donde armando un andamio con escritorios, se logró llegar al segundo piso; a este sector mandé subir un equipo, pero por el volumen de fuego que se recibía y ante la necesidad de comunicarme con el comando de la operación en la parte exterior, me quedé en la biblioteca con el personal que me acompañaba. . .
... Yo me encontraba en el primer piso en la biblioteca cuando en el ambiente del Palacio reinó un olor como a marihuana o bazuco, posteriormente del cuarto piso nos fueron lanzadas varias bombas incendiarias y químicas, nosotros permanecimos en el sector y posteriormente se apreció que en el cuarto piso rompían los vidrios lanzando gran cantidad de expedientes quemados, los cuales cayeron en la biblioteca e incendiaron las divisiones de las oficinas y la conflagración general del edificio. Al vernos rodeados por las llamas y que el humo nos asfixiaba, me vi obligado a salir por el mismo sector por donde entré y mi desplazamiento fue acompañado por los disparos que nos hacían del cuarto piso; cuando ingresaba, se corrige, cuando iniciaba mi salida del Palacio, pude apreciar la forma como rápidamente los asaltantes que estaban ubicados en el cuarto piso lograron en forma rápida hacer que las llamas se extendieran por toda la construcción del sector oriental...
. . . El incendio provocado por las bombas incendiarias y los expedientes quemados que nos fueron lanzados desde el sector oriental del cuarto piso, en mi apreciación fue lo que inició ese incendio y no fue simplemente un solo conato porque pude apreciar cómo rápidamente el fuego se extendía y abrazaba todo el sector del Palacio, obligándonos a salir y apreciar desde fuera como se intensificaron las llamas y cómo algunos de nuestros compañeros tuvieron que ser evacuados de la terraza
del Palacio por las escaleras de la bomberos y otros por las ventanas del edificio ..
. . . Del cuarto piso era donde se oían y se apreciaba que había un gran número de asaltantes por los diferentes arengas que lanzaban, además, conocía yo la ubicación de la gente con que contaba y por el desarrollo de la superación sabía que el personal había descendido del helicóptero y ubicado en la terraza, no había podido descender al cuarto piso y que había sufrido varias bajas, además de este sector era de donde se recibían en forma permanente los disparos que nos hacían.De este mismo sector fue que aprecié que rompieron los vidrios, que lanzaban las granadas y expedientes quemados, por lo tanto, era fácilmente detectable la ubicación de ellos y ver la realización de las actividades anteriormente expresadas. Las bombas químicas e incendiarias lanzadas desde ese sector, me es imposible determinar su marca y fabricación ya que ellas caían, nosotros nos protegíamos de ellas y de los gases que expedían, pero se apreciaba como algunas de ellas al caer formaban una llama que poco a poco con el material de la construcción se agrandaba incrementando la conflagración del edificio...
Después de que los bomberos lograron controlar el fuego del edificio en su parte oriental, el señor Comandante de la Brigada le ordenó al Comandante de la Escuela que nuevamente se debía volver a penetrar con el propósito de tratar de continuar el rescate del personal de rehenes que al parecer se encontraba en el cuarto piso, no estoy muy seguro de la hora, creo que fue entre las 23:00 y 23:30 de la noche, donde se penetró por la puerta principal, se subió por las escaleras ubicadas en el sector occidental y se escaló hasta el tercer piso, a esta hora el incendio se hace fuerte por este sector y nuevamente las llamas y el humo nos hacen abandonar el recinto, para esta entrada se hace sin el apoyo en ninguno de los vehículos los blindados al que el señor Juez hace mención...
En la primera vez de acuerdo a lo que pude apreciar, salio creo que todo el personal que se encontraba en el interior del palacio, tanto del ejercito como de la policía o cualquier otro organismo de seguridad que se encontraba. En la segunda oportunidad solamente penetraron tropas pertenecientes a la Brigada, o sea personal de la Escuela de Artillería, compañía de la contraguerrilla urbana de la misma Brigada, entre la una y la una y treinta también abandonaron todos el Palacio... ...
El primer día en que actuaron la policía y el ejército en el lugar de los hechos, estaban presentes el señor General Comandante de la Policía, como el Comandante de la Brigada y entre ellos coordinaban el desarrollo de la operación, siempre durante este día se cumplieron las órdenes por ellos emitidas y en mi caso directamente por el Comandante de la Brigada a través del Comandante de la operación. Posteriormente cuando la operación la realizó solamente las tropas de la 13 Brigada y durante el desarrollo de los hechos siempre tuve contacto con mi Comandante de Unidad, el señor Coronel Hernández, y contacto personal con el Comandante de la Brigada, General Arias Cabrales. Aclaro que una vez producido el asalto el día 6 por la tarde de los bandoleros, el Jefe del Estado Mayor de la Brigada, designó como Comandante Especial del Area, al señor Coronel Bernardo Ramírez Lozano, quien condujo la operación y ordenó el dispositivo inicial hasta cuando asumió en forma personal el mando el señor General Comandante de la 13 Brigada, acción que ocurrió el mismo día 6 de noviembre...» (Folio 1216, Juzgado 30).
El Capitán Roberto Vélez Bedoya, Orgánico del Batallón de Policía Militar número 1, declaró:
«. . . Recibí la orden del señor Teniente Coronel Sánchez Rubiano, Jefe de la Sección Segunda de la BR13, de desplazarme hasta el Palacio de Justicia con el personal del Grupo Especial, eran como las 11:45 horas del día seis, al Palacio llegamos como a las 12:30 horas, al llegar allá escuchamos un tiroteo del edificio hacia afuera, la carrera 7º, Plaza de Bolívar y la 8º estaban tanques de la Escuela de Caballería, tan pronto llegamos al edificio me acerque con el grupo a la entrada principal que queda por la Plaza de Bolívar, estando allí recibí la orden del Comandante de la Brigada de entrar el tanque, una vez allí sentí que disparaban del fondo del edificio personal que estaba ubicado, en el primero, segundo, tercero y cuarto pisos, pero no se observaba la persona que disparaba...
... Los secuestrados, exactamente el Presidente de la Corte pedía a gritos que no dispararan; estando en la oficina observé que salía humo de la parte del fondo del edificio, tercer piso, los guerrilleros seguían disparando y ante la imposibilidad de salir permanecí allí hasta que el fuego había consumido en su totalidad el tercer piso y parte del segundo piso... Cuando ya no se aguantaba más el humo y el calor, decidí salir. . . me vi obligado a subirme al tercer piso por la parte de la carrera 8º, ese recorrido lo hicimos arrastrándonos por el piso, ahí en ese momento ordené a un suboficial romper el vidrio y llamar la máquina de los bomberos. . . recibí la orden del Comandante de la Brigada de entrar con el grupo especial; por una escalera subí al tercer piso, cuando llegamos al segundo piso ya esa parte se había empezado a quemar... eso ya estaba lleno de humo y llamas, informé al Comandante de la Brigada que era imposible subir al cuarto piso puesto que ya el tercer piso estaba en llamas y le ordene al personal regresar de nuevo a la Plaza de Bolívar, o sea salir del edificio; cuando salimos eran como las tres y media o cuatro de la madrugada del día 7 de noviembre . . . ». (Folio 72, Juzgado Sexto de Instrucción Penal Militar).
El Sargento Segundo, Luis José Mozo Moreno, de la Escuela de Artillería, declaro:
«...Cuando yo entre con mi gente, entré por la puerta principal, tomé las escaleras de la parte derecha, me dirigí al tercer piso porque esa era la orden, ahí tomé el zaguán hacia la parte derecha y luego voltié hacia el fondo, hacia el norte a donde probablemente se encontraban los subversivos, ahí buscamos abrigo en las columnas porque no podíamos entrar porque los subversivos nos disparaban de un cuartico al lado de un ascensor, era que estaban metidos como en las escaleras, ellos nos disparaban a nosotros y unos compañeros míos les disparaban también, yo no disparé ni un cartucho. . . La orden de nosotros no era combatir con ellos (los guerrilleros) que se entregaran, seria respetada su vida....» (Folio 80, Juzgado 30).
El Sargento Segundo Carlos Julio Rubio Poveda, del Batallón Guardía Presidencial, declaró:
«...Bueno el 6... me llamaron, estaba en el Batallón, como por ahí a las 4 y media de la tarde y me mandaron con el Teniente Martínez y el Sargento Segundo González Núñez, ambos del Guardia, en un vehículo aquí al Palacio de Justicia, con unas granadas para fusil y el objetivo era venir a dispararlas. Cuando llegamos a la puerta principal o sea a la Plaza de Bolívar ya se encontraba el tanque adentro, antes trataba ya de salir y en esos momentos salió uno que estaba ahí y había otro más adentro, al fondo, ese si quedó allá. En esos momentos llegó mi General Arias y un General de la Policía que estaba dirigiendo la misma operación y junto con ellos subimos al cuarto piso, eso fue más o menos por ahí a las cinco y media de la tarde del día seis. De ahí en adelante perdí la noción del tiempo porque eso estaba oscuro y había un solo bombillo ahí en el baño. Se ordenó disparar las granadas desde este piso hacia el sector del rincón, allá donde construyeran la cuestión para la silla eléctrica, el sector ese de allá (sic) pues ahí era el núcleo de resistencia prácticamente de ellos. Se hizo varios intentos por penetrar a ese sector pero siempre caían muertos o heridos los que trataban de penetrar, entre ellos el Capitán Talero de la Policía. Aproximadamente por ahí a las nueve de la noche, o antes, por ahí a las ocho me ordenaron subir a la azotea y me dotaron con unos lentes de rayos infrarrojos y en compañía, con un Capitán que se encontraba de Oficial de Inspección, no sé de qué unidad será, creo que era de la PM, nos ordenaron disparar hacia el mismo sector del cuarto piso donde claramente se veía una barricada compuesta por escritorios, sillas, todos los enseres de oficina y se podían observar las ráfagas que salvan de ese sector. Más tarde cuando las llamas lo cubrieron todo preguntamos que si podíamos bajar aproximadamente unos treinta que nos encontrábamos en la azotea, nos ordenaron bajar y en la escalera del cuarto piso donde nos encontrábamos anteriormente nos encontramos con unos guerrilleros que también venían buscando esta salida, nos dispararon y algunos de los que estaban adelante contestaron el fuego, de parte de nosotros cayeron en ese momento dos heridos y nos tocó replegarnos nuevamente hacia la azotea, con los atacantes no supe qué pasó, los heridos eran de la policía, del GOES. Como teníamos también en la azotea dos mujeres del aseo que estaban en un cuarto de los del aseo del tercer piso, las bajamos por la azotea junto con los heridos en una canasta de bomberos. Más tarde ya no pudimos bajar por estas escaleras pues se encontraban completamente cubiertas por el fuego, nos hicimos en la esquina que da a la carrera 8º con calle 12 hasta que los bomberos pusieron una escalera y pudimos bajar por ella, eran aproximadamente las once de la noche. De ahí yo me retiré a descansar, ahí cerca en un vehículo que se encontraba parqueado, del Batallón hasta que tocó salirnos de ese sector por la cuestión de las granadas que disparó un tanque, tres disparos que hizo al edificio y nos caían piedras al carro, entonces nos tocó bajar como dos cuadras, eso fue como hacia las tres de la mañana. Al amanecer, como a las seis de la mañana llegó un oficial, no recuerdo el nombre de ahí del Batallón y me dijo que mi Coronel Ramírez me necesitaba. Me hizo subir en el edificio que se encuentra frente al Palacio de Justicia, en la octava con doce, en toda la esquina y ahí permanecí disponible para disparar dos rockets que teníamos a mano Si fuere necesario, pero al final no se dispararon. Ahí permanecí todo el día hasta que terminó todas las acciones. Tengo que agregar que cuando se dispararon las granadas de fusil en el cuarto piso,a mí me habían enviado a dispararlas, pero en vista de que el ángulo donde se debían disparar era de perfil para un zurdo, no las disparé, sino el Sargento Segundo González, yo solo disparé fusil cuando me lo ordenaron en la azotea... Supe porque alguien me dijo, no recuerdo quien, que habían encontrado en el cuarto del aseo del tercer piso a dos guerrilleros heridos y sin armas, en este cuarto había una granada asegurada y las dos mujeres que subieron a la azotea. . . Pues me refiero con estas palabras para poder citar el sector donde se encontraban los subversivos, pues tengo entendido por comentarios que he escuchado que en ese sector iban a construir un sitio especial para la silla, eso lo oí de militares... Estuve en la puerta esperando la oportunidad de entrar desde la hora que llegué, como desde las cinco, hasta que los del GOES que tenían tomada toda la escalera, autorizaron subir, como después de 45 minutos de espera; es la escalera que queda entrando al lado derecho; entramos los que cité anteriormente que vinimos del Batallón y más tarde lo hicieron también mi General Arias y después el de la Policía, ellos estuvieron en el cuarto piso y después en la azotea, ellos se bajaron apenas empezó el incendio... (Estuvimos) solamente ahí en el descanso al llegar al cuarto piso, el que iba avanzando por el corredor le tocaba devolverse o lo devolvían. Ahí en el cuarto piso fue donde mataron al Capitán Talero al intentar pasar hacia allá, porque los guerrilleros estaban localizados en el pasillo al finalizar el corredor que da sobre la carrera séptima, pero la mayoría se tenía que encontrar en las oficinas... Preguntado: ¿El disparo que hizo el Sargento González desde que sitio lo hizo y hacia qué sector o hacia qué blanco Contestó: Desde ahí mismo del cuarto piso a la salida del corredor donde nos encontrábamos todos. hizo creo que aproximadamente ocho disparos de fusil lanzagranadas, yo no saqué la cabeza para ese lado, entonces no sé qué ángulo tendría: ahí mi General Arias era el que le decía a donde tenía que dispararlas, en todo caso todos los disparos con lanzagranadas eran hacia un solo sector en el cuarto piso y más de la mitad de los disparos no estallaron, no estallaron sino como tres o cuatro granadas.
Preguntado: Sírvase decirle al Juzgado ¿a qué horas más o menos ocurrieron estos disparos de granadas y qué intervalos tenía cada una Contestó: Aproximadamente desde las seis en adelante como hasta las ocho de la noche, con intervalos de unos diez minutos. Preguntado: Sírvase decirle al Juzgado ¿hacia qué dirección disparaba el Sargento González, en qué sitios se encontraban los guerrilleros en el cuarto piso Contestó: El Sargento González Núñez Hernando disparaba desde el descanso de la escalera, sin salir al pasillo del cuarto piso, solo vi que el fusil estaba apuntando hacia el sector de la carrera 7º pero no veía exactamente blanco, hasta me invitó que disparara pero no quise porque ofrecía mucho blanco. Preguntado: ¿Hasta qué horas estuvo el General Arias en el Palacio de Justicia y específicamente en el cuarto piso Contestó: Inmediatamente llegamos nosotros él llegó detrás de nosotros, inclusive también estuvo en la azotea, a él lo llamaron porque él ha estado en competencias de tiro a nivel nacional y yo soy campeón nacional de tiro. En el cuarto piso estuvo mi General hasta que yo me subí para la azotea que un Capitán dijo que allá había un sitio bueno para disparar, entonces mi General dijo que necesitaba gente que tuviera buena puntería porque el disparo había que pasarlo por un ángulo muy reducido y por ese ángulo por los rayos infrarrojos veíamos de donde venían los tiros, las ráfagas, pero ellos no nos podían acertar porque era más difícil para ellos puesto que tenían más distante el ángulo, mas sin embargo alcanzaron a pasar varios tiros que nos quebraron los vidrios. Apenas empezó el incendio no volví a ver a mi General, no se hacia qué sector se dirigió. Preguntado: ¿A qué horas se inició el incendio y exactamente en qué sector Contestó: Se inició allá mismo en el tercero o cuarto piso, no sé si la candela se bajó o se subió, cuando yo vi fue las llamas en la azotea de la esquina de la carrera 7º con calle 12, yo estaba inclusive disparando desde la azotea cuando vi llamas en la esquina de la carrera 7º con calle 12, salían llamas por donde entra la luz, por la claraboya, claro que primero sentimos los gases que nos afectó a nosotros que no teníamos máscaras, no se quién le tiró gases a esa gente, nos tocó sacar la cabeza por encima del edificio hacia la Plaza de Bolívar para poder respirar. Las llamas salieron por las claraboyas y ese se fue viniendo, era un espectáculo sorprendente, el olor era insoportable, yo creo que eso fue como de nueve a nueve y media de la noche y yo creo que el incendio empezó propiciado por ellos mismos por quemar el archivo, esos eran los rumores que se oían ahí que ellos querían quemar el archivo, porque mi General Arias hablaba e impartía órdenes por medio de un radio motorola.
...Es que en realidad en el cuarto piso no se veía nada porque es como mirar la pared porque había como una barda. Lo palpé más desde la azotea porque desde allá veía el ángulo desde donde disparaban los del cuarto piso; es que estaba completamente oscuro, yo lo pude palpar luego desde la azotea por los rayos infrarrojos; yo pude observar una persona arrastrándose por el cuarto piso, salió como de un closet, como en los codos, iba en codo, a y cuando sonó otra plomacera (sic) no lo volví a ver, no le vi arma en la mano ni nada, esa era una oficina como la segunda oficina después de la esquina de la séptima con doce, por la calle 12. Lo que vi del cuarto piso, lo vi desde la azotea porque estaba en toda la esquina de la claraboya que queda centrada en el edificio, en la esquina de la séptima con once y desde ahí veía al otro lado, lo vi con los rayos infrarrojos, también tenía esos lentes el Capitán que estaba de Oficial de Inspección, creo que era de la PM, claro que hubo un rato en que a mi me toco pararme porque mi General Arias se puso a mirar con los lentes, entonces yo me paré. Yo podía ver todo el corredor de la séptima y más o menos la mitad del corredor del costado norte, me pareció ver como un fusil que estaba en el suelo y estaba prácticamente fuera de la oficina y yo pienso que el que se arrastraba era para coger el fusil. La orden de disparar era hacia donde se encontraba la barricada que estaba taponando el pasillo de la carrera 7º con calle 12, como unas dos oficinas adelante de la esquina de la calle 12, por la carrera 7º por el pasillo del cuarto piso hacia el sur, por cada disparo que hacíamos desde allí, recibíamos una ráfaga, sin necesidad de los lentes se veían las ráfagas, los fogonazos. Cuando empezó el incendio, por cuestiones de la contra luz y el humo, con los infrarrojos ya no se veía nada, lo que pudiera ver a simple vista y se alcanzaba a escuchar gritos vociferando, no se entendían las palabras, pero si eran gritos vociferando por ese sector, también gente que corría, se escuchaba. En la azotea yo estaba por ahí de siete y media a ocho de la noche más o menos, y ya estaba la barricada y de la barricada hacia el pasillo si no se veía a nadie, hasta que comenzó el incendio que se oía que pisaban, partían palos y se oía gritería y el incendio empezó como a la hora u hora y media de estar yo en la azotea. Preguntado: ¿Cual es el nombre del Teniente Martínez Contestó: No lo sé, el salió trasladado fuera de Bogotá, pero el no hizo nada, cuando comenzó el incendio me dijo que nos bajáramos cuando las llamas empezaron a avanzar y yo le dije que no, que no me bajaba todavía. Del Batallón Guardia el único que quedó allí fui yo, porque después del incendio no, corrijo: cuando me subo, a la azotea no supe más del Sargento González porque se quedó en el cuarto piso...».
Al ser preguntado el Sargento Rubio sobre los guerrilleros que aún permanecían cerca al sitio desde donde él cumplía las acciones de que ha dado cuenta, respondió:
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