Por el cual se autoriza la publicación de un Informe
« . . . Me estaba alistando para subir a la azotea, estaba consiguiendo un fusil porque yo tenía una MP5, entonces yo le cambié esa arma por un fusil al teniente Martínez, eso fue prácticamente al pie del baño, con unos agentes del GOES que estaban comentando ahí, decían qué peligro estar nosotros por ahí, subiendo y bajando, siendo que en ese cuarto se encontraban dos guerrilleros con dos empleadas del aseo de rehenes y que ellas salieron gritando de ese cuarto que eran rehenes, no lo habían dicho más antes porque les daba miedo de que las confundieran y las mataran y que habían encontrado los dos guerrilleros que tenían heridas en el pecho y que eran mortales, que ya ni hablaban, pero en ese momento no hubo intercambio de disparos, ni nada, porque a ellos les tocó sacarlos arrastrados, no los vi, pero creo que ahí al ladito de afuera, no se si, dieron una planta de gas que trajo la policía con un reflector y entraron con gente del GOES a inspeccionar el cuarto y encontraron una granada, creo que ahí en esa Inspección entraron los dos Generales, el de la Policía y el de la Brigada; yo subí o ayudé a subir a las mujeres a la azotea porque cuando yo iba subiendo ellas iban también para la azotea y las ayude a subir. Estando arriba le pregunté a las dos empleadas que cómo habían caído de rehenes y una de ellas me contestó que uno de los guerrilleros tenía fusil y las habían intimidado diciéndoles que tenían que esconderlo ahí en ese cuarto y que no fueran a gritar y ellas obedecieron y que el adentro les decía que tranquilas, que no se asustaran que contra ellas no tenían nada. También dijo que este guerrillero prácticamente estaba era cuidando la escalera pues el las dejaba en el cuarto con la puerta abierta y salía y disparaba hacia abajo por las escaleras hasta que lo hirieron, una vez lo hirieron, paso una mujer también guerrillera y lo metió al cuarto otra vez donde estaban las dos mujeres, ella traía otro herido y también lo dejó ahí, les quitó el arma y se alejó, eso fue lo que me contó la muchacha del aseo, no recuerdo ni el aspecto físico, estaban todas asustadas y llorosas, vueltas nada....» (Folio 360, Juzgado 77).
El Sargento Segundo Ariel Grajales Bastidas, de la Escuela de Artillería, declaro:
«...Llegamos a la Casa del Florero como a las 12:00 horas y una vez allí integré un grupo de combate con la misión de entrar al Palacio de Justicia y rescatar a los secuestrados, apoyados por un tanque de la Escuela de Caballería entramos al primer piso, una vez adentro penetramos por la parte occidental y por una escalera subimos al segundo piso en donde se rescataron unas diez personas entre hombres y mujeres, a todo momento se recibía fuego nutrido por parte de los guerrilleros; del segundo piso subimos al tercero en donde se rescataron unas ocho mujeres del teatro que hay en ese piso; avanzamos por el pasillo del tercer piso de donde recibíamos fuego de la parte norte del tercer piso y del cuarto y en el tercer piso se escuchaba la voz de una mujer que gritaba suban botas negras que tengo dos mil tiros; cerca donde yo me encontraba mataron a un agente del F-2 con ráfagas de ametralladora, posiblemente de la mujer que vociferaba, como a las cinco y treinta de la tarde del cuarto piso se sintió olor a droga y como a los diez minutos esa gente como que se enfureció y empezó a efectuar ráfagas de arma automática, fusiles; quince minutos más tarde empezaron a incendiar el cuarto piso, por la parte oriental o sea por la carrera 7º, como frente al Tía, luego de esto empezo a salir gente como unas diez personas gritando somos rehenes, no disparen y siendo evacuados por una escalera. A las seis de la tarde recibimos la orden por parte del Comandante de la Escuela de Artillería que teníamos que salir del edificio porque éste estaba en llamas y se procedió a cumplir la orden . . . ». (Folio 63, Juzgado 6 de Instrucción Penal Militar).
Ahora bien, las dos empleadas del aseo señoras Ana Lucía Limas de Montaña y María Mercedes Ayala Lesmes, que habían sido rescatadas , como ya se dijo, por el Ejército, en un cuarto situado en el área de las escaleras del costado sur, declararon sobre hechos acaecidos en el mismo sector, en donde se cumplieron las acciones que se han narrado en los anteriores testimonios. Al efecto, ellas declararon:
«...Nosotras dijimos en ese momento, manifestó la señora Limas de Montaña, refiriéndose a la iniciación del asalto se tomaron el Palacio... nos asustamos bastante... no sabíamos para dónde coger ... íbamos bajando hacia nuestro cuarto cuando ya oímos que venían subiendo y disparando contra las paredes... (lo que) hicimos fue botarnos contra el piso y nos encerramos en el cuarto las dos...uno de esos que son como guardaespaldas de los doctores bajaba dando bala del cuarto piso y nos dijo: chinas, cuídense que las van a matar. María Mercedes se iba a botar desde el tercer piso porque hay un hueco en las escaleras y le dije no se vaya a tirar y lo que hice fue darle agua... yo también tomé. El señor guardaespalda nos dijo: cierren ahí y no vayan a salir que yo me voy para la parte norte ... al ratico llegaron y golpearon en la puerta... daban mucha bala ... nosotros pensábamos que era el mismo señor que nos había dicho que nos encerráramos y era gente del M- 19, eran como diez entre hombres y mujeres.
Para distinguir que eran del M 19 llevaban en el brazo una franja y decía M-19. Las muchachas llevaban una pañoleta del mismo color de la franja o sea blanco, azul y rojo y el uniforme era como del ejército, los hombres y las mujeres, pero antes de... abrir la puerta le dije a Mercedes, no abra que son los guerrilleros... nos dijeron: "Abran la puerta o si no le botamos una granada esté el que esté se muere". Entonces María Mercedes abrió la puerta y se cubrió detrás de la puerta y cada uno con ametralladoras a dispararnos y nosotros les dijimos que no dispararan que no éramos de las oficinas, que éramos del aseo... nosotros les dimos agua en unas botellas que teníamos...nos decían que los dejaran cubrir a ellos ahí, que no nos hacían nada y traían maletines con ropa particular, llevaban su ropa aparte y todo eso de granadas y bombas las traían en otros talegos, para ellos poder cargar las granadas. . . traían bastante pero bastante bala en los talegos, bombas y granadas y nos dijeron no vayan a salir que si nosotros no las matamos, las mata el Ejército. Ellos se gritaban unos a otros ¿"Compas están bien" no se decían el nombre ... uno de esos nos iba a disparar antes de nosotros darles el agua ... nosotros les decíamos que no nos maten... y ellos decían: tranquilos que sólo hay para una guerra, esto no es nada, tiene que morir sea el que sea... ellos cogieron para distintos lados y se perdieron...el único nombre que decían era Violeta. . . Violeta agarraba un revólver pequeño, era joven y mona... y ella era la que nos vigilaba tanto... tenía como veintitrés años, vestido como el uniforme de los compañeros y botas también como el Ejército, la diferencia era la bandera que cargaban..., Violeta se fue quién sabe para dónde y al buen rato llegó ella con una compañera para que le diera agua. . .. le dimos agua y le dijo Violeta quiénes son esas dos viejas, ella era muy brava. Dijeron dos muchachas del aseo, la que se llamaba Patricia, dijo cuidenlas que no se vayan a salir y ella ¿tenía el cuerpo cubrido de solas balas... le dijimos cuando se fue Patricia a Violeta, por qué esa muchacha está bien cubrida de balas y ella nos dijo: ella es la cabecilla me parece que fue que dijo, ella es la que nos manda..., Patricia se fue para el segundo piso. Patricia era más joven que Violeta... Violeta como se había ido fue y trajo a un compañero enfermo... la cabeza estaba cubierta de sola sangre, herido,y nos dijeron: Háganle alguna curación a este compañero y en ese momento llegó otro compañero y me estaba hablando de las escaleras bajando del tercer piso. . . él se dejó descuidar de una bala y se la dispararon por el estómago y le salió por la espalda, y yo vi cuando le dispararon y él se cayó... Violeta lo arrastró hacia el cuarto donde estábamos nosotros y María Mercedes como sabe un poco de enfermería era la que estaba haciéndole curaciones al muchacho que estaba bien herido en la cabeza, poniéndole pedacitos de limón en la cabeza, y como ya estaba descansando un poquito... le amarramos con bayetilla bien el estómago al otro muchacho porque se estaba desangrando bastante y le puso Mercedes limón en los huecos donde le metieron la bala y el muchacho no se aguantaba del dolor, le dijo: "Violeta tome la ametralladora, tome una granada y tome balas, defiéndase porque ya no sirvo para nada, de aquí ya nadie me para...; eso volvieron las paredes llenas de huecos, eso eran bombas, porque no eran balas, y no sé de dónde vendrían, el muchacho nos decía: tranquilicense con tal que ustedes salgan vivas porque nosotros venimos fue a morir no a vivir..., fue cuando Violeta se fue y no supimos nada más de esa muchacha... no sé si era el Ejército o los guerrilleros que decían: "cesen el fuego, cesen el fuego", se oía también nosotros vinimos fue a morir no a vivir... se oían todas esas voces... se fue la luz y entonces nosotros quedamos a oscuras...como en un túnel... yo creo que la luz se fue de tres a cuatro de la tarde y eso como a la una o menos de la una llegó un helicóptero por encima se oía el ruido y decían: bajen con cuidado, fue cuando bajaron a la azotea y yo creo que era Ejército y estaban abriendo la puerta de arriba de la azotea para bajar a los pasillos y no la podían abrir de ninguna manera, eso yo creo que botaban cosas peor que bombas... dejaron un poquito de dar bala y el muchacho que se estaba desangrando gritó bien duro, fue cuando los soldados que estaban en el cuarto piso oyeron, porque del cuarto donde estábamos era un piso no más. Fue cuando bajaron pasito y oyeron los quejidos y se decían unos a otros... hay gente en este cuarto..., fue cuando nos pusimos muy nerviosas y contestaban los soldados afuera hay gente, dijeron tres veces y nosotras calladas. .. yo le (dije a Mercedes, yo abro la puerta de todas maneras... y fue los desesperos más grandes que nosotros sentimos en esos momentos... el muchacho que estaba herido en las espaldas dijo ... búsqueme ropa particular, no vaya a abrir la puerta porque aquí las matamos... Mercedes me dijo ... no haga eso... pensé en mí y dije creo que a puntapiés y a puños no nos matan y me di cuenta que le había dado a Violeta la granada, las bombas y todo lo que tenían para ellos defenderse. Estaban desarmados... yo me arriesgué fue a morir... los muchachos estaban en el suelo y no dejaban abrir la puerta, el Ejército dijo... cuento hasta tres y si no salen, esté quien esté los matamos. El muchacho no dejaba abrir la puerta porque teníamos que darle ropa particular y yo no tenía sino mi ropa y la de las otras compañeras... fue cuando yo abrí la puerta... pero antes de abrir la puerta el que estaba bien herido de la cabeza dijo: son las señoras del tinto, no las vayan a matar, no les vayan a hacer nada... tocó hacer harta fuerza para poder abrir la puerta y como eso estaba bien oscuro no se sabia si eran los guerrilleros o los soldados los que nos hablaban, lo único que se veía en los pasillos era la luz del cielo... ya era de noche... fue cuando nos hicieron subir tres escalones... creo que eran los soldados los que nos decían "que salgan no más las señoras del tinto con las manos en alto", fue cuando cada uno de ellos nos cogió a cada una de nosotras y nos tenían las manos atrás y dijeron: nos van a decir quiénes son ellos porque su vida está por delante que la de nosotros, fue cuando nosotros les dijimos que éramos (sic) del M-19... y nos dijeron pero si ellos son del M-19 porqué se van a quedar con ellos, nosotros les contestamos que era porque nos habían amenazado que teníamos que abrirles la puerta... yo les decía que estaban desarmados y dijo el soldado: yo me voy a acercar y si nosotros nos acercamos y llegamos a morir ustedes también mueren, y fue cuando se oyeron ocho tiros de afuera para adentro porque ni siquiera linterna tenían los soldados, y yo creo que fue que mataron adentro a los guerrilleros porque uno de ellos se quejó y gritó y yo creo que sí...».
Más adelante, la testigo refiere lo que dice haber oído contar a unos soldados, acerca de la muerte de la guerrillera, que, según ella se trataba de Patricia:
« Venían unos soldados y dijeron: ya acabamos de matar a esa india que estaba dando tanta bala, la ubicamos bien y la destrozamos porque ella no se dejaba matar. . yo creo que era la cabecilla de todos, porque dijeron que desde temprano estaban que buscaban el sitio y que hasta hacía poquito la habían encontrado y la habían vuelto pedazos. .. nosotros les decíamos a los soldados que nos bajaran de la terraza (donde las habían subido por la escalera de hierro ancladas en la pared), que nos llevaran a cualquier parte. .. fue cuando otros soldados vinieron y dijeron que se está prendiendo el edificio. Nosotros pensamos en quedarnos achicharradas ahí porque esa terraza era hirviendo en calor, eso se le pegaban a uno los pies y el humo estaba llegando hacia nosotras, fue cuando a mi me dio harto desespero y me iba a botar desde la azotea para la calle, yo ya estaba lista para botarme y unos soldados me detuvieron y me dijeron no haga eso, no haga eso..., decíamos que nos bajaran o que miraran a ver qué nos hacían, fue cuando a ellos les dio lástima y nos volvieron a bajar por el mismo sitio por donde habíamos subido, pero duramos bastante en la azotea y habían unos soldados que eran buenos... dijeron cúbranse... contra la pared y váyanse detrás de mi..., el que nos bajó fue un soldado... desde la azotea hasta el primer piso. Uno miraba hacia los pasillos y había mucha gentemuerta... fuimos bajando al tercer piso, habían más soldados regados ayudando a proteger a la gente que estaba bajando, bajamos al primer piso... nos hicieron salir por la puerta principal... nos sacaron y nos llevaron a la Casa del Florero...» (Folio 712, Juzgado 41, primer cuaderno).
La señora María Mercedes Ayala Lesmes, compañera de la declarante anterior Limas de Montaña, por su parte, declaró;:
«... Oí como un tiroteo, como un ruido tremendo, y como un sábado había caído un vidrio de ahí y sonó un estruendo. . . pense que era otro vidrio el que se había caído... nos entramos al cuarto del tercer piso, con Lucía mi compañera... al momento cesó el fuego y vi un grupo de varios pero yo no sabía que eran del M-19 y cuando ellos entraron al cuarto de nosotras les dijimos, Dios mío, no nos vayan a hacer nada, no nos vayan a matar, ellos no dijeron que tranquilas que no nos iban hacer nada, ellos, eran varios hombres y mujeres que traían. . . unas vainitas en el hombro que decían M-19, como un parche y unas vainitas colgadas en el cuello, como blanco y rojo, no recuerdo más, ellos entraron al cuarto y nos tranquilizaron y una muchacha de esas se colocó en la puerta y no dejaba ni cerrar ni abrir. . . se reunieron un poco de ellos y trajeron los maletines que ellos traían y los regaron y eso era munición... al rato hirieron a un muchacho de ese y lo entraron al cuarto de nosotras. . . yo le ayudé al muchacho, estaba mal herido debajo del brazo y en un brazo y yo lo amarré con bayetilla... hasta ese momento yo no sabía que eran del M-19 sino hasta cuando le miré el brazo que estaba herido y le miré el parche que decía M-19. Yo pensaba que ellos eran del Ejército porque tenían el uniforme verde como el del Ejército... Entraron varias muchachas y muchachos y preguntaron por nosotras... lesrogamos que no nos hicieran nada..., un muchacho crespito como canocito que salió por el periódico que dijeron que era la cabecilla, dijo que no nos iban hacer nada, que solamente querían diálogo, nosotros con semejante miedo por los disparos, eso parecía que se había derrumbado todo...yo solamente les daba agua... había un muchacho alto crespito que lo habían herido en una pierna y en un pie... la muchacha dijo no hay nada que darle y este otro muchacho también está grave, entraron varias muchachas y la muchacha que estaba con nosotros era llamada por sus compañeros como Violeta a otra le decían Patricia, todos eran jovencitos, excepto el señor que vi por el periódico que se veía de más edad, de resto los otros eran jovenes entre 20 y 25 años, nosotras preocupadas, figúrese que el muchacho cuando lo hirieron tenía dos granadas ahí y le dijo a otro compañero que le sacara esas dos granadas que tenían trabada el arma y que entonces por eso lo hirieron. Un crespito me preguntó que a dónde quedaban las oficinas de los Magistrados y yo le contesté que no sabía a dónde quedaban, me preguntó que de qué era la puerta que había en el cuarto piso... le dije que no sabía, y me preguntó que dónde quedaba la puerta, que da a la terraza y le dije que no sabía, sacaron como un plano y hablaban bajito, yo me entré al cuarto con mi compañera y cuando salí vi que disparaban hacia arriba y hacia abajo, pero yo no sabía quiénes eran los que disparaban de arriba, se comunicaban los del M-19 entre ellos, cuando iban subiendo alguno de los compañeros decían "suba Colombia" y el otro le contestaba "sigue Colombia" y a medida que ellos iban subiendo se decían así, yo le hacía preguntas a las muchachas del M-19 y unas me contestaban y otras no, yo le pregunté a ella que cómo se llamaba y no me contestaba. Entre las mujeres que entraban había como unas cuatro y hombres sí habían hartos, pero no le sé decir el nombre, porque llegaban unos y se iban otros. Había una muchacha, la del nombre Violeta que hasta en el maletín decía Violeta, la otra estaba vestida con un vestido como del Ejército ... y habían otras que estaban vestidas con un pantalón azul claro de pana y camiseta pero no recuerdo el color y zapatos bajitos. . . después de que ellos se repartieron para un lado y otro, nosotras seguimos en el cuarto, y se fue la luz, no sé que horas eran, yo no llegué a mirar el reloj... al rato llego otro muchacho herido en la cabeza y se sentó ahí en el cuarto y el otro herido acostado. Ya después no vimos casi nada... después oí que ellos decían que habían matado a un compañero pero no lo vi... uno de los guerrilleros dijo que cerrara el cuarto con seguro... cerramos la puerta entonces, yo sobre una mesa y mi compañera sobre un cajón donde guardamos los traperos. Después echaron unos gases y no podíamos casi respirar y entonces la muchacha Violeta mojó un trapo de ella no supe qué y entonces nos lo pasó para que nos lo metiéramos en la boca, para poder respirar, yo como tenía una bayetilla la rompí en dos pedazos y se los pasamos a ellos, húmedos, nosotros nos metimos debajo del platero y nos estuvimos juntas, y no hicimos bulla a petición de los guerrilleros... los otros muchachos que estaban afuera dijeron... ¡ay! se nos entró el Ejercito. Ya después de eso no los oímos más. Estuvimos quietas. Oí que afuera decían: salgan, salgan suban por aquí, pero no sabíamos quiénes decían eso, si el Ejército o quién. Al rato el que estaba herido en la cabeza, en la parte superior, llamaba a sus compañeros. Decía, compa ayúdeme que estoy grave. Al rato oímos en donde se echa la basura en el cuarto piso que hablaban... y como que tiraban balas por ahí, apenas hablaba el herido.. al buen rato oímos que estaba el Ejército por ahí y. . . oyeron al que se quejaba...preguntaron quién más está ahí, el muchacho de la herida de la cabeza dijo que unas señoras del tinto, el herido en el brazo me preguntó si no había por dónde escapar y le dije que no, entonces el Ejército dijo que salieran con las manos en alto. El muchacho herido se me recostó en mi y abrimos con mi compañera, porque nos dijeron que si no salíamos llenaban eso de plomo y dijeron que no creían que éramos del aseo... me preguntaron que quiénes más estaban y le dije que dos muchachos, preguntaron si eran del M-19 y les dije que sí, entonces dijeron que nosotras éramos guerrilleras y les dije que no. Preguntaron si estaban armados, y les dije que no, les preguntaron a los muchachos quiénes eran y dijeron que éramos del M-19 y cuando subíamos entonces oí que los mataron. . . a nosotras no nos bajaron abajo, sin que nos subieron a la terraza, en donde vimos unos muertos, dos muertos, yo no ví más. . ., yo no podía de los nervios subir... uno se subió y dijo que me ayudaba y me daba la mano y yo temblorosa subí la escalera, junto con mi compañera y en la terraza me preguntaban que si era guerrillera... nosotras, suplicábamos que nos creyeran que éramos del Serviaseo y uno (soldado) comentaba con otro del Ejército que habíasalido una muchacha vestida y que había sido guerrillera, o sea Violeta, porque yo la vi que se había cambiado el uniforme y se colocó un pantalón beige, una camisita a cuadros, de varios colores y un saco blanco, entonces la reconocí por la forma que decían ellos que había salido y dijeron que se había salido como estudiante y como la muchacha se vistió en mi presencia, por eso caí en la cuenta que fuera la misma... Cuando salimos a la terraza... sería como a la madrugada. En la terraza tiraban rocket y nos decían que abriéramos la boca y nos tapáramos los oídos. Ahí duramos hasta cuando nos sacaron, eso estaba todo el edificio vuelto llamas. . ., ya luego empezamos a bajar todos los del Ejército y a nosotras nos bajaron de últimas con cuatro. No habíamos sino dos personas allí con mi compañera fuera del Ejercito. Cuando bajamos veíamos por las escaleras. . . muertos en gran cantidad, no se sabía si eran del Ejército o del M-19, unos los veía eran estirados en los entrepisos, y siempre nos iban protegiendo a nosotras hasta que bajamos al primer piso..., eso nos cogían de la mano durísimo y luego nos hicieron seguir corriendo hacia la Casa del Florero y allí nos interrogaron y dije..., lo que estoy diciendo aquí..., me pusieron a recorrer ahí en la Casa del Florero a ver si yo reconocia alguno de los guerrilleros que había visto y había bastante gente retenida, también había personas empleadas del Palacio y yo no vi a nadie ahí... Un teniente me regaló para el bus y me dejaron salir, pero todavía no había, aclarado, yo llegué a mi casa como a las cinco de la mañana, y me llevaron en una ambulancia uno de los socorristas. . . ». (Folios 152-158, del mismo Juzgado).
Debemos anotar que la testigo, en diligencia de ampliación de su declaración cumplida el 26 de enero de 1986, luego de observar unas fotografías que para el efecto le fueron mostradas, reconoció al guerrillero Luis Otero, como la misma persona de mayor edad que había ingresado a su cuarto, con un grupo de guerrilleros jovenes. Precisamente, el mismo que figuró como jefe del movimiento.
Después de las tres de la mañana se observó una pausa en los enfrentamientos, aunque esporádicamente se oían ráfagas y disparos, tiro a tiro. Se escuchaban explosiones de menor potencia. El incendio por otra parte, se extinguió como ya se dijo, a esa misma hora. De los escombros salía humo y el calor del ambiente era sofocante. Al amanecer el cuadro era dantesco. Todo era desolación y ruinas, Confundidos entre ellos los restos calcinados de rehenes y guerrilleros, cuyas armas, igualmente calcinadas se encontraron al pie de sus despojos. Muy pocos cadáveres, aunque reducidos, conservaban su forma. El ambiente exhalaba un olor penetrante e insoportable, que recordaba la destrucción de la vida humana.
Todas las oficinas con sus divisiones habían desaparecido, los
equipos de dotación convertidos en chatarra retorcida, los procesos en curso, las bibliotecas de la Corte, y las personales de los Magistrados y demás funcionarios, convertidos en cenizas. En una palabra, sólo podía apreciarse la sólida estructura del imponente Palacio.
No obstante se escuchaban esporádicas descargas y disparos mas, como preparación de lo que sería la segunda etapa de la gran tragedia.
Al llegar la mañana, los guerrilleros quedaron reducidos a los baños y a las escaleras del costado oriental del palacio. El resto del edificio se hallaba bajo el control de las distintas unidades militares.
No es fácil narrar las dificultades que se presentaron para dar un manejo legal al problema surgido, en un buen número de casos por la casi total ausencia de los cadáveres, y, en otros, por la falta de su apariencia física.
La identificación se logró, en un caso, por una "estemotomía longitudinal suturada con alambre" que el familiar autor del reconocimiento definió como "ganchos para sostener las costillas", puestos allí con ocasión de una intervención quirúrgica del corazón. En otros, por cierto que en forma muy dudosa, por sus pertenencias casi exclusivamene. Sorprendentemente, en los casos de los Magistrados Reyes Echandía y Gnecco Correa, sus documentos de identidad personal se conservaron casi intactos; en los demás fue posible o por una argolla de matrimonio o por adornos o hasta por ciertas prendas intimas. Algunos cadáveres presentaban huellas de heridas.
Así, al del doctor Julio César Andrade Andrade (Acta de levantamiento 1165, protocolo de autopsia 3834). "Se le encontró un proyectil alojado en la masa muscular del muslo izquierdo", proyectil que no presenta huellas de que haya sido disparado en arma de fuego, la deflagración de la carga del cartucho correspondiente fue motivada por altas temperaturas, como reza el concepto del laboratorio de balística. Caso igual se da en el cadáver levantado con acta 1136, cuya autopsia se describe en el protocolo número 3833.
Tres casos dan una idea de la dificultad para esclarecer los hechos finales. En las autopsias de los Magistrados Reyes Echandía y Gnecco Correa se dice que "presenta heridas por arma de fuego en la región subescapular a la altura del quinto arco costal" el primero, mientras que en el segundo, "a los RX se evidencia proyectil de arma de fuego el cual se aloja a nivel peritoneal entre las asas delgadas. Otro fragmento está localizado a nivel paravertebral derecho, tercio proximal, femular derecho e isquión izquierdo los cuales no es posible extraer por el estado de carbonización". (Protocolo 3740 y 3803, respectivamente). En el protocolo 3810 correspondiente al acta de levantamiento 1172 se da cuenta que a "los RX se evidencia fragmentos metálicos en la región sacro ilíaca los cuales fue imposible extraerlos".
En los tres, sin embargo, la conclusión es la misma: la causa de la muerte no pudo ser determinada.
Hay, a pesar de todo, otros en los cuales el patólogo se aventura en el concepto:
- 1º El del acta 1157, protocolo de autopsia 3836, en el cual, a pesar de que al describir el cadáver dice que se trata de un "hombre con carbonización total", concluye que falleció "por asfixia por aspiración de humo".
- 2º El del acta 1236, protocolo de autopsia 3833 (cadáver carbonizado), también se dice que falleció "por asfixia por aspiración de humo", y
- 3º El del acta 1135 aunque "carbonizada en un 100%", por haberse localizado tres proyectiles en el muslo izquierdo, dos de ellos con orificio de entrada en tercio superior y el último "sin evidenciarse , orificio de entrada", la conclusión es que "fallece en shock hemorrágico por herida de proyectil de arma de fuego y asociado a carbonización" .
Todo lo demás, como ya se dejó expresado está indeterminado
en cuanto a causas de la muerte se refiere.
El caos de ese cuarto piso por razón del fuego y la destrucción o por el tratamiento que se dio a cadáveres y huellas, es de tal magnitud que con inmensa sorpresa se encuentra un protocolo (el 3794) el cual dice, textualmente:
"Descripción del cadáver: Se reciben restos humanos carbonizados correspondientes a por lo menos dos cadáveres adultos ...".
Quiere esto decir que el levantamiento de un cadáver se hizo sobre restos de dos en explicable confusión de los funcionarios de Policía Judicial, porque su capacidad no los habilita para hacer esta clase de determinaciones. Pero también demuestra que las cifras que se han dado sobre número de muertos son susceptibles de modificarse en la medida que aparezcan confusiones como la que se deja expuesta.
La documentación que acredita todos estos hechos aparece dispersa en los expedientes levantados en un principio por los distintos juzgados que conocían de la instrucción. Su estudio, por tal dispersión, se dificulta en grado sumo. Esto llevó al Tribunal a disponer que por la Secretaría se clasificara copia de toda ella formando cuadernos separados, exclusivamente con las actas de levantamiento de los cadáveres, los protocolos de autopsia, los dictámenes de balística, registro civil, fotografías, etc., en forma tal que a cada levantamiento se vean agregados los demás documentos correspondientes al cadáver levantado.
Las víctimas de este holocausto fueron las siguientes:
- a) Magistrados de la Corte:
Alfonso Reyes Echandía.
Pedro Elías Serrano Abadía.
Fabio Calderón Botero.
Darío Velásquez Gaviria.
Ricardo Medina Moyano.
Carlos Medellín Forero.
Alfonso Patiño Roselli.
Fanny González Franco.
José Eduardo Gnecco Correa.
- b) Magistrados Auxiliares:
Emiro Sandoval.
Julio César Andrade Andrade.
Jorge Alberto Echeverri Correa.
- c) Personal de Secretaría de los Magistrados:
Libia Rincón Mora.
Ruth Mariela Zuluaga de Correa.
Ana Beatriz Moscoso de Cediel.
Rosalba Romero de Diaz.
María Yaneth Rozo Rojas.
Lida Mondol de Palacio.
María Cristina Herrera.
Cecilia Concha Arboleda.
Isabel Méndez.
Nury Soto de Piñeros.
Hermógenes Cortés N.
María Teresa Muñoz de Jiménez.
- d) Oficial de la Policía Nacional:
Capitán Hector Aníbal Talero Cruz.
- e) Suboficiales y Agentes del DAS y F-2.
(Servicio de escolta de Magistrados):
Sargento Primero Jaime Benitez Prieto.
Ramón León Ariza.
Saúl Chavarría Salamanca.
Libardo Durán.
La identificación por nombres de estas treinta víctimas fue posible habida consideración de que era conocido el personal adscrito a cada dependencia. Nunca se sabrá cuántos guerrilleros o visitantes murieron allí, porque los cadaveres fueron levantados sin mencionar el sitio específico donde fueron encontrados. Así, para los guerrillero identificables casos hay sobre los cuales se puede saber el lugar donde murieron porque su actuación se conoce a través de la prueba testimonial.
En algunos (levantamientos números 1171, 1183, 1099, 1178, 1179, 1131, 1186, 1127, 1134), se tiene como dato indicativo del lugar donde falleció cada uno, la información puesta al pie de la respectiva fotografía tomada por el fotógrafo oficial, pero nada se dice sobre este aspecto en el acta.
Los guerrilleros ocupantes del cuarto piso corrieron suerte igual a la de los Magistrados y funcionarios: fueron calcinados totalmente. Los que fallecieron en otros sitios no fueron afectados por el fuego y por tanto fue posible su identificación.
La de los calcinados fue segura en muy contados casos, como se dejó explicado. El Tribunal considera que no era posible avanzar más en este aspecto por razones de muy fácil aceptación: cuando inició sus funciones ya estaban inhumados todos los restos recuperados; el estado de ellos, tal como se describe en el protocolo de autopsia dan base para deducir la imposibilidad de reconocimiento; y para ese sólo propósito dado el tiempo trascurrido, no se justificaba la exhumación.
Se debe dejar constancia, de la insatisfacción del Tribunal en este aspecto de la prueba. No estamos seguros de que todas las identificaciones realizadas correspondan plenamente a la verdad.
Absolutamente irreconocibles aparecen veintiocho (28) cadáveres. De los veintinueve (29) funcionarios mencionados en la lista anterior dos hay, por lo menos, que no tienen prueba alguna de su identidad; de los restantes algunos muy pocos en verdad- fueron plenamente reconocidos mientras que los demás lo fueron en forma no muy convincente.
O sea que en el último piso del Palacio de Justicia perecieron veintiséis personas, que no hacían parte de la nómina de la Corte Suprema de Justicia. De ellas debe descontarse a Gustavo Ramírez Riveros, visitante de la oficina del doctor Medina Moyano.
A los autores de este informe les asalta una duda sobre la seguridad de estas cifras, duda que nace de varias circunstancias plenamente demostradas: Evidentemente el incendio se prolongó por varias horas y su intensidad fue de tal naturaleza que por algunas manifestaciones (vidrios fundidos entre otras) los expertos la calcularon entre 800 y 1.100ºC. Las fotografías de los restos muestran un estado avanzado de calcinación que más parece resultado de adivinación que de observación el dictamen sobre la naturaleza y características de los cádaveres. A tal extremo llegó la confusión en esta materia que uno de los cadáveres (acta 3877, protocolo de autopsia número 058) sólo fue descubierto entre los escombros cuando el Juez Segundo Especializado adelantaba la diligencia de inspección judicial tres días después de ocurridos los hechos. Si a ésto se agrega la conducta de los aseadores que tiraron como basura huesos humanos, se ve cómo esa duda está plenamente justificada y la cifra se deja mencionada porque tiene respaldo documental.
Repitiendo: Se explica la presencia de treinta y dos personas en el cuarto piso. Son los nueve Magistrados, los tres Magistrados Auxiliares, los doce funcionarios de Secretaría, el Capitán de la Policía, los cinco integrantes de la escolta, la ascensorista y el visitante ocasional.
Los restantes veinticinco fallecidos son o guerrilleros o rehenes. No hay otra conclusión posible porque las bajas de los cuerpos armados están acreditadas e identificadas plenamente.
Ahora bien: Según el plan general de la toma, en ésta debían participar 28 guerrilleros transportados en los tres vehículos, más los cinco que, como se dejó explicado, se encontraban dentro del edificio (Jacquin, Doris, etc.), lo que hace un total de treinta y tres guerrilleros. Cuatro no entraron, según Abraham, lo cual da veintinueve en total.
Los asaltantes muertos, que fueron plenamente identificados, son 15, que sumados a los 26 extraños, da cuarenta y un cadáveres, cuya identidad o ubicación debe buscarse, porque no hacen parte de los organismos que tienen su sede en el Palacio o no estaban visitándolo como ocurrió con el joven Ramírez Riveros.
Este punto se estudiará, con detenimiento, al tratar el problema de los desaparecidos.
La tragedia tuvo su culminación en los baños situados en los dos entrepisos más altos (del piso 2º al 3º y de éste al 4º). Allí se refugiaron los guerrilleros y los rehenes a medida que avanzaba la recuperación del Palacio por las Fuerzas Armadas; el espacio dominado por los asaltantes fue reduciéndose al sector Noroccidental y más concretamente a los baños y a las escaleras de acceso.
El subversivo plan General tantas veces citado habla de la concentración de los rehenes fundamentales y destina para ella las salas de deliberación que, como se dejó explicado, funcionan en el ángulo Norte del ala Oriental del cuarto piso. Trascurridas varias horas y dominada la oposición que desplegaron los guardaespaldas de los Magistrados, poco tiempo tuvieron los guerrilleros para organizar esta operación (concentración de rehenes) porque bien sea a las 5:45 de la tarde como dice un Sargento del Ejército, o a las siete de la noche (hora en que ya estaba en llamas el cuarto piso como lo afirma el Magistrado Camacho Rodríguez), lo cierto es que el fiero incendio dio al traste con todos los planes de establecer un tranquilo y total dominio del piso con los "rehenes fundamentales" asegurados bajo su custodia como instrumento poderosísimo de negociación.
Esta situación irregular para la guerrilla, obligó a disponer desplazamientos sucesivos de uno a otro baño: primero fue el correspondiente a los pisos 3º y 4º; de allí descendieron al situado entre el primero y el segundo, para finalmente ubicarse entre el segundo y el tercero.
Este pequeño recinto de área ligeramente superior a los veinte metros cuadrados, se convirtió en prisión para más de sesenta rehenes, campo de operaciones para un número indeterminado de guerrilleros que entraban y salían, depósito de municiones como quiera que allí se reaprovisionaban en la medida en que agotaban las cargas previamente recibidas, base de trabajo de la enfermera y, finalmente, refugio de los guerrilleros heridos. Allí entregaron sus vidas varios Magistrados de la Corte, algunos Magistrados Auxiliares, modestos conductores de automóvil y los guerrilleros todos que custodiaban el sitio y, recibieron heridas muchos otros rehenes.
Se ignora quiénes fueron los primeros en llegar. Cada vez que un testigo comparece a declarar, informa que encontró rehenes ya concentrados allí. Es unánime, también, la afirmación de los prisioneros que iban ingresando, de que se habían asilado algunos guerrilleros heridos, muy probablemente las víctimas de la resistencia inicial por parte de la escolta de los Magistrados. Desde un principio aparece allí Andrés Almarales Manga, quien actúa como jefe de ese grupo de guerrilleros que dominaba el baño y sitios aledaños. Fue fácilmente identificable para todos porque su fotografía se publicó repetidas veces en la prensa y en la televisión como personaje destacado en las conversaciones de paz que, aun en el propio Palacio Presidencial, se llevaron cabo.
Figura de especial importancia dentro de ese grupo guerrillero, es un hombre que -herido en los momentos iniciales de la ocupación- se refugia en un ángulo del baño, precisamente en el ultimo de los lavamanos, y con serenidad pasmosa aguarda sin inmutarse el desarrollo de los acontecimientos. Varios rehenes le confunden con Jacquin, el abogado que colaboró desde dentro en la toma. Ese guerrillero está plenamente identificado como Diógenes Benavides Martinelli, panameño, empleado del Ministerio del Trabajo de Nicaragua, quien portaba una cedula de ciudadanía colombiana a nombre de Mario García Restrepo -falsa obviamente-, y cuyo cadáver fue levantado bajo ese nombre según acta 1113 y el acta de autopsia correspondiente lleva el número 3763. La herida que recibió inicialmente, fue de tal naturaleza que ella misma sirvió a los testigos para su identificación y reconocimiento.
Así, pues, no hay duda sobre su participación, identificación y origen.
La enfemería estaba a cargo de Noralba García Trujillo, quien
prestaba sus servicios a un centro hospitalario muy importante de la ciudad, del cual se retiro 6 días antes de la toma, seguramente con el exclusivo propósito de vinculase a ella en tan destacada misión. Esta profesional en una de las salidas a otra parte del Palacio donde eran requeridos sus servicios, murió y su cuerpo fue calcinado por lo cual no aparece entre los muertos identificados.
Sin embargo, se tiene la seguridad de su participación en los actos de la toma tal como se deja relatado, porque los testigos que la vieron la reconocieron en uno de los retratos que los guerrilleros se tomaron en la casa de la concentración previa al ataque.
Otros guerrilleros fueron heridos en los momentos iniciales y en el baño se refugiaron para recibir atención médica y protección contra los ataques. Su identificación se mencionará cuando se citen los testimonios que dan cuenta de su presencia en el lugar. Otros entraban y salían para calmar el ardor de los ojos (uno) o para recibir alimentos o para enterarse de la salud de uno de los heridos como fue el caso de una guerrillera ligada sentimentalmente con éste.
La población de este rincón del edificio, pues, tal como reiteradamente lo señalan los testigos, fluctuó alrededor de setenta personas entre rehenes y guerrilleros.
A las incomodidades naturales del hacinamiento, debe agregarse
las que les fueron impuestas por las circunstancias a los allí presentes: la obscuridad que se dispuso por los guerrilleros para ocultar su presencia en el lugar, afán que, en un principio, también obligó a no descargar las cisternas de los baños; la humedad que se agravó por la ruptura de los ductos de agua; y por la utilización de mangueras para la sofocación del incendio; dificultades respiratorias no sólo por los malos olores de los baños sino por los gases lacrimógenos; y la quietud obligada por el mismo hacinamiento; las explosiones, disparos, ruidos de tanque "algo así como taladros, la impresión de que se estaban rompiendo paredes" (lo dice el Secretario del Consejo de Estado).
De este sitio, tan importante para la investigación, se elaboraron planos pormenorizados y se tomaron fotografías que cubren todos los rincones y ángulos (Veáse inspección practicada por el Juzgado 30 de Instrucción Criminal y copias reducidas de los planos que se acompaña a este informe).
El Magistrado Nemesio Camacho, su colega el doctor Tapias Rocha y otros testimoniantes deponen sobre un hecho que causa una gran sorpresa, si se consideran la heterogeneidad de los ocupantes, la variedad e intensidad de las torturas mentales a que fueron sometidos, la prolongada permanencia en tan espantosas condiciones, el temor y en veces la certeza de un final trágico, etc. Se trata de la gran dignidad con que todos los allí presentes se comportaron en todos los momentos de la tragedia. Magistrados, aseadoras, auxiliares, choferes, secretarias, abogadas y, los mismos guerrilleros, en todo momento observaron tal compostura, que fueron escasos los gestos de desesperación. La seguridad de la muerte próxima, dice Tapias Rocha y lo confirma Camacho, nos impuso la obligación de ser dignas. Hasta los más humildes se compenetraron de ese sentimiento y actuaron con una altura que muchos quisieran para sí, aun en ocasiones de menor trascendencia.
Esta certeza de la muerte se hizo dolorosa evidencia después en los casos de los Magistrados Manuel Gaona Cruz y Horacio Montoya Gil, del Magistrado Auxiliar Carlos Horacio Urán, de los abogados asistentes Lizandro Juan Romero B., y Luz Stella Bernal Marín, de la auxiliar María Nieto de Navarrete y del chofer Luis Humberto García.
Cuál fue el desarrollo de los hechos cumplidos en el baño, es la materia de que se ocupará este informe con mayor detenimiento:
Cincuenta y tres rehenes liberados rindieron su declaración sobre su terrible experiencia; se hicieron varias inspecciones judiciales no sólo para determinar las huellas de los hechos sangrientos sino, algunas muy especiales, para concretar las exposiciones de los testigos y traducirlas en planos con los movimientos declarados y dibujados por expertos; experticios se ordenaron especialmente en balística para determinar el origen y la dirección de los impactos que las puertas presentaban; en fin, en esta materia queda muy poco hacer.
Para llegar a las conclusiones más o menos certeras sobre la realidad de lo ocurrido en el baño situado entre los pisos segundo y tercero, se impone -en primer lugar- conocer muy bien el escenario y, luego, estudiar cada una de las cincuenta y tres declaraciones que se rindieron por los rehenes liberados.
Para este fin se acompaña -en copia reducida- el plano del baño, tomado del general del edificio.
Como se ve en dicho plano, se entra por un pequeño pasadizo de un metro de ancho por 2.58 metros de largo; el acceso, propiamente tal, se hace por un espacio vacío de 1.35 metros de ancho, porque un muro de 1.30, paralelo a la pared occidental del pasadizo, sirve para preservar la intimidad del baño. Dentro de éste y sobre la misma pared occidental y al fondo o ángulo norte se encuentran tres sanitarios con divisiones y puertas metálicas de 1.15 metros de largo por 0.90 metros de ancho; la pared oriental tiene los lavamanos en número de cuatro, los espejos correspondientes y un toallero metálico, adosado al muro; el resto, constituye un pequeño espacio sin utilización; finalmente en la pared norte, se encuentran dos orinales verticales. En toda la extensión de la pared oriental (5.28 metros), y a distancia aproximada de un metro, se encontraba paralelamente un muro exterior que, con el interior, constituía el espacio libre o "ducto" y cuya existencia se destaca por la incidencia que tuvo en los acontecimientos que allí se cumplieron.
En el mismo entrepiso se encuentra un pequeño cuarto destinado al aseo con un montacargas, un shut de basuras y otro ducto. Esta habitación y los servicios mencionados ocupan un área de poco más de cinco metros cuadrados.
En este recinto minúsculo -el baño- se vivió lo que muchos testigos llamaron "el infierno". Allí se refugiaron, finalmente, avanzada la noche del 6 de noviembre todos los rehenes que habían escapado al incendio.
La impresionante lista es la siguiente:
Luis Horacio Montoya Gil, Magistrado CSJ.
Manuel Gaona Cruz, Magistrado CSJ.
Humberto Murcia Ballén, Magistrado CSJ.
Hernando Tapias Focha, Magistrado CSJ.
Samuel Buitrago Hurtado, Consejero de Estado.
Nemesio Camacho Rodríguez, Magistrado CSJ.
Reinaldo Arciniegas, Consejero de Estado.
Aydée Anzola Linares, Consejero de Estado.
Lizandro Romero Barrios, Magistrado Auxiliar.
Nicolás Pájaro Peñaranda, Magistrado Auxiliar.
José Alberto Roldán Barriga, Magistrado Auxiliar.
Helena Gutiérrez Romero, Magistrada Auxiliar.
Luz Estella Bernal Marín, Abogada Asistente.
Carlos Horacio Urán Rojas, Abogado Asistente.
José Gabriel Salom Beltrán1, Abogado Asistente.
Nelson de Jesús Zuluaga R., Magistrado Auxiliar.
Víctor Manuel Estupiñan C., Abogado Asistente.
Ricardo, Correal Morillo, Secretario General.
Dario Enrique Quiñónez, Secretario General C.E.
Sofía de Arenas, Secretaria Magistrado.
Consuelo Guzman de ospina, Secretaria Magistrado.
Rosalba Marín de Henao, Secretaria Magistrado.
Amanda Leal de Gallego Secretaria Magistrado.
Celina Gómez de Ospina, Oficial Mayor.
Hilda Diaz de Agudelo, Oficial Mayor.
Aura Nieto de Navarrete, Auxiliar Judicial.
Alba Ines Rodríguez Ch., Auxiliar Segundo.
María C. de Quintero, Auxiliar Consejero.
Hermelinda Prado, Auxiliar Consejero.
María Yineth de Pérez, Auxiliar Magistrado.
Ana Lucía de Sánchez, Auxiliar Magistrado.
María Esther Mesa M., Auxiliar Magistrado.
Luis Francisco Camargo G., Auxiliar Judicial.
María Fernandez de Díaz, Auxiliar judicial.
Ana P. Caballero Buitrago, Auxiliar judicial
Leonor Mariela Avila Roldán, Escribiente 7º
Luz del Carmen de Murillo, Escribiente 7º
Marlen de Arguello, Escribiente 7º
Hector D. Correa Tamayo, Citador Sala.
Nelfi Díaz de Valencia, Ascensorista.
Luis Eduardo Medina Garavito, Conductor.
Luis Humberto García, Conductor.
José Joaquín Paez Gómez, Conductor.
Jorge Antonio Reina Orjuela, conductor.
José William Ortiz, Conductor.
Ananías Bohorquez, Conductor.
Magallis Arévalo Mejía, Serviaseo.
Rosa Helena Contreras, Serviaseo.
Argelia Figueroa, Serviaseo.
Rosa Zoila Barahona de Torres, Serviaseo.
Agueda Stella Robayo, Serviaseo.
Aura Gladys Moreno Rozo, Serviaseo.
Rosa Helena Carrillo Alarcón, Serviaseo.
Nubia Tella Hurtado Torres, Secretaria Abogados.
Betty Quintero GonzáIez, Abogada litigante.
Carmen Elvira Reyes Rodríguez, Abogada litigante.
Carmen Elisa Mora Nieto, Visitante.
Mauricio Vásquez, Conductor.
Jaime Buitrago Castro, Auxiliar Judicial.
Berta León.
Los guerrilleros encargados de la custodia de estos rehenes, estaban al mando de Andrés Almarales Manga. Tres más, entre los cuales se encontraba Benavides Martinelli, se alojaban allí por su condición de lesionados. Ocupaban el ángulo nororiental sobre los lavamanos. Tres mujeres, por lo menos, desempeñaban distintos oficios: Irma Franco Pineda, atendía la provisión de municiones, medicinas y alimentos; Clara Enciso (alias "La Mona" o "Diana") y otra no plenamente identificada, colaboraban con la vigilancia. Cuatro o cinco más estuvieron siempre presentes a lo largo del cautiverio encargados de la custodia de los rehenes.
De los 53 relatos que el Tribunal ha tenido a la vista para la elaboración de este informe se concluye que, concentrados los rehenes en el baño, los guerrilleros hicieron de él también su cuartel general y a él acudían para satisfacer todas sus necesidades de municiones, drogas y alimentos, así como para recibir instrucciones de quien, por desaparición de sus superiores, había asumido la conducción de las operaciones: Almarales.
Avanzada la mañana, algunos rehenes ofrecieron su mediación ante las Fuerzas Militares para evitar la muerte de todos los cautivos. Inicialmente el doctor Carlos Urán trató de obtener la autorización de Almarales para descender al primer piso, dar cuenta de la existencia de gran número de rehenes y desvirtuar así una información radial, según la cual, sólo quedaban guerrilleros en la edificación.
Se consideró muy peligrosa para el doctor Urán esta gestión y por lo tanto se descartó su mediación. Posteriormente, a eso de las 10:30 a.m., se rectificó este criterio y el Magistrado Manuel Gaona Cruz anunció que estaba dispuesto a realizarla. El Comandante guerrillero rechazó su nombre y acepto en cambio, el del Consejero de Estado Reinaldo Arciniegas, quien provisto de la camiseta del Magistrado Tapias Rocha como bandera blanca de tregua y luego de anunciar su misión por varias veces, descendió las escaleras y fue recibido por los militares.
Inexorablemente las provisiones de todo tipo iban agotándose y, con ello, sólo quedaba a los guerrilleros la esperanza de que se aceptara su propuesta de dialogo y negociación. Decidieron, pues, que los rehenes, a voz en cuello y previa identificación por nombres y cargos, solicitaran el cese al fuego y la presencia de comisiones de paz o de dignatarios eclesiásticos o periodistas o funcionarios.
La intervención de los rehenes siempre fue respondida por los militares con la exigencia de que descendieran, manos en alto, en la seguridad de que sus vidas serían protegidas. Los captores la rechazaron.
Mientras tanto, el fuego continuaba, los guerrilleros hacían frecuentes incursiones al baño para reaprovisionarse de municiones, en algunas ocasiones se les suministraron bombas o granadas cuyo lanzamiento fue precedido de instrucciones a los rehenes sobre la actividad que deberían asumir en el momento de la explosión para no recibir daño. Los lanzamientos se efectuaron, realmente, y el estruendo, según relato de los testigos, fue enorme.
Muchos de ellos describen con minuciosidad una bomba especial, de manufactura artesanal, con la cual los guerrilleros alentaban la esperanza de destruir el edificio y, aun, varias manzanas aledañas.
Ese artefacto que, con el terror que es de suponer, fue visto dentro del baño, era especialmente cuidado por sus poseedores. Es de creer que no fue utilizado finalmente o no tenía la potencia que se le atribuía.
Poco después del mediodía, un guerrillero informó a su Comandante la presencia de la tropa en el piso tercero y por lo tanto de la iminencia de la ocupación total del Palacio (véanse las declaraciones de Hector Dario Correa y Carmen Elisa Mora Nieto, rendidas ante el Juzgado 30 de Instrucción Criminal).
Esta información determina un cambio total en la situación de guerrilleros y rehenes. Hasta ese momento existía cierta fraternización, se entremezclaban, rehenes inyectaban a heridos, una guerrillera que padecía de calambres recibió masajes de un cautivo; guerrilleras suministraron drogas y alimentos especialmente a ciertas empleadas que padecían diversas afecciones a las que sufrieron desmayos se les hizo recuperar el sentido con tratamientos adecuados.
Esa fraternización tuvo muchas otras manifestaciones que no vale la pena relatar. Pero, a partir de ese momento de la información sobre la toma del tercer piso, el Comandante ordenó, perentoriamente, la formación de los guerrilleros en el sector occidental del baño (orinales) de frente a los rehenes quienes se formaron en filas por categorías: adelante los Magistrados, seguían los funcionarios (auxiliares y abogados primero, empleados y choferes, luego) para que al final se ubicaran las mujeres.
Este episodio lo relata dramáticamente el Magistrado Nemesio Camacho en los siguientes términos:
«En un momento, Andrés Almarales nos llamó a los Magistrados de la Corte y a los Consejeros de Estado, nos hizo sentar en la primera línea y colocó al frente un práctico pelotón de fusilamiento. Nos dijo: "ustedes son nuestra última carta, porque para que caigamos nosotros, primero deben caer ustedes" (Declaración rendida ante el Juez 77 de Instrucción Criminal).
Algunos guerrilleros, alegando su situación de heridos, pretendieron sustraerse a la orden que les daba su jefe, quien, en forma airada, la reiteró siendo obedecido inmediatamente.
«...en frente se apostaron como unos 4 guerrilleros con las ametralladoras contra nosotros...».
Dice la doctora Helena Gutiérrez, Betty Quintero González, da versión más avanzada de esta ocurrencia, así:
«...De pronto dijeron que se pusieran todos los Magistrados adelante, que por ellos iban a empezar a matarlos uno por uno...».
Esta interpretación parece fundamentarse en la indicación que Almarales hizo al Magistrado Gaona de que al gritar solicitando el cese al fuego advirtiera que iban a ser sacrificados uno a uno, como última carta. (Véase declaración de Amanda Leal de Gallego).
Sin embargo, el Consejero doctor Samuel Buitrago es enfático
sobre este punto cuando dice:
«... Los guerrilleros nos habían colocado a los Magistrados al frente del grupo con miras según alguno de ellos lo manifestó de empezar a sacrificarnos uno a uno si el Ejército no cesaba su ataque».
El Magistrado Tapias Rocha da su versión así:
«... Ya viéndose prácticamente perdidos los guerrilleros preguntaron quiénes del grupo eran Magistrados de la Corte, y nos ordenaron colocarnos en frente de éllos, habiéndose situado los guerrilleros contra los orinales del baño. Yo intuí que nos iban a ejecutar y traté por ello de no quedar en primera línea. Sin embargo, no pude moverme del sitio en que estaba por el apretujamiento de todos y finalmente quede en medio lado, de cuclillas y recostado contra la división de los inodoros exactamente entre el primero y el segundo de ellos..».
(Folio 4 de su certificación jurada rendida ante el Juez 77 de Instrucción Criminal).
Ya sentados en el piso y en las filas ordenadas, comienzan a producirse, aceleradamente, los gravísimos hechos que se constituyen en culminación dolorosísima de la tragedia.
Según cuenta el Ministro de Defensa (Folleto citado, página 77).
«... se dispuso la presencia de un equipo de explosivos de uso orgánico de la Escuela de Ingenieros, preparado para romper las posibles posiciones enemigas en busca de abrir una brecha por la terraza para dominar el fuerte núcleo de resistencia establecida por los subversivos en el cuarto piso y para practicar aberturas por las cuales rescatar y evacuar secuestrados encerrados en distintas dependencias. . . ».
En desarrollo de estas ideas, cuenta el Sargento Segundo Ariel Grajales Bastidas de la Escuela de Artilleria de la XIII Brigada:
«"... Desde el sitio en donde yo me encontraba se dispararon rockets con el fin de hacer roto en la pared y poder sacar los rehenes ...", esos se dispararon desde el costado oriental del segundo piso contra la pared exterior de los baños, estando dentro del Palacio de Justicia. "Yo disparé uno, la orden vino de abajo y era de mi Mayor Francica, pero no disparándole a los rehenes, sino a la pared; el otro rocket no sé quién lo disparó, lo dispararon desde un poco más atrás». (Declaración rendida el 18 de febrero ante el Juzgado 30 de Instrucción Criminal).
Ese disparo u otro similar hizo impacto en la pared oriental del baño, aquélla que en el plano aparece como muro exterior del ducto que rodea la habitación. A la inspección de las ruinas del Palacio se observa que esa pared fue derribada y los rehenes, casi sin excepción, testifican que una bomba hizo explosión y gran parte de ellos observó que, simultáneamente, el toallero cayó con gran estruendo.
La caída del toallero fue producida por la onda explosiva como consecuencia del impacto en la pared exterior. La interior, o sea aquella a la cual se encontraba adosado el toallero, es notablemente débil y habría sido derribada en su totalidad de haber recibido directamente el impacto. Solamente cayó el toallero y se produjo un pequeño hueco en el lugar donde se aseguraba el artefacto.
En este punto comienza las grandes contradicciones probatorias. Porque testigos hay que atribuyen a esa explosión las muertes de la doctora Luz Stella Bernal y de doña Aura de Navarrete; otros afirman que esas y otras se debieron a disparos efectuados a través del mencionado hueco por soldados o policías; finalmente, los hay también que aseguran que todas las muertes dentro del baño fueron ejecutadas directa y exclusivamente por los guerrilleros.
En procura de una información cierta y completa, se transcribirá lo pertinente de cada una de tales pruebas y se formularán conclusiones y pronunciamientos sobre una y otras.
Veamos, primeramente, quienes testifican sobre las descargas de fuera hacia adentro.
La doctora Helena Gutiérrez, declaró ante el Juez 77 de Instrucción Criminal, que:
«... En un momento dado entraron como unos cuatro disparos al baño . . ., vi estallar dos disparos en el piso porque levantó como fuego y en ese momento también me di cuenta que el doctor Nemesio Camacho había sido herido en la cabeza...».
Más adelante aclara:
«... lo único que puedo decir es que cuando sentimos que se aproximaban las balas del Ejército al lugar donde estábamos, el doctor Nemesio Camacho quedó herido en la cabeza, fue en ese momento, por que hasta ese momento no ví que los guerrilleros dispararan, yo no vi que adentro dispararan, los guerrilleros...».
O sea que su apreciación de que las balas eran del "Ejército", se originó en el hecho de que ella no vio disparar a los guerrilleros. Con toda honradez ella afirma a renglón seguido que: "No sé de dónde vendría la bala".
Su exposición, pues, es la inferencia derivada de no haber visto el hecho contrario. Si no vio a los guerrilleros tuvo que ser el Ejército.
El relato del Magistrado Samuel Buitrago sobre este punto es claro y concreto:
«... Posteriormente (a la formación de la fila) el Ejército con sus armas abrió una tronera por la pared vecina a los lavamanos y por allí hubo intenso fuego que provocó bajas entre los rehenes. . .».
El Secretario del Consejo de Estado dice haber visto disparar hacia adentro por el hueco de la pared y dentro mismo por los guerrilleros.
María Nelfi Diaz de Valencia (la ascensorista) cuenta que:
«... Adentro en el baño no sonó ni una bala, toda la bala venía de afuera, claro que los guerrilleros tiraron, uno llamado Rocket hacia afuera, porque nos tiraban mucha bomba de guerra, pero adentro ellos no tiraron nada... los guerrilleros nos cuidaban, nos defendian, nos daban droga y suero, en ningún momento los guerrilleros atentaron contra nosotros, al menos que yo haya visto . . . ».
José Joaquín Páez, conductor de la Corte declara:
«... Ahí estaba el doctor Murcia Ballén, el doctor Gaona Cruz,la doctora Aydée Anzola, el doctor Salom, las aseadoras, pero no sé el nombre, ni de las auxiliares... ahí el problema fue que a mí me trató de dar infarto y por el humo y los gases lacrimógenos, entonces empecé a sufrir del corazón y entonces unas aseadoras me daban masajes y me movían los brazos y me daban pañuelos húmedos para respirar. Yo me encontraba en la puerta de salida del baño y yo no vi morir a nadie. Yo fui como el primero que salí entre los rehenes de esos, si en esa confusión uno no puede ponerse a observar nada. Preguntado: ¿Usted se dio cuenta si los guerrilleros que estaban en el baño con ustedes que dispararan a algunos de ustedes Contestó: Yo no vi que dispararan, pero ví que la pared fue rota, porque la policía o el ejército rompieron, yo alcancé a ver el roto y dispararon de afuera para adentro ».
Héctor Darío Correa, citador de la Sala Constitucional, depone:
«...en ese momento entró por una de las paredes abriendo un boquete como una granada, porque el estallido fue tremendo, prácticamente cayó en los pies donde ella se encontraba (Luz Stella Bernal), inmediatamente se escuchó la explosión, nosotros todos nos cubrimos, cuando volvimos a levantar la cabeza yo vi que había mucha gente herida y muerta . . . ».
Finalmente, Magallys Arévalo, dice:
«...Después de eso se formó una balacera, entraban balas de fuera hacia adentro por un hueco que abrieron en el momento de esa balacera, ese hueco lo abrieron con una granada o algo así...».
La posición contraria, es decir, aquella que sostiene que los disparos se produjeron dentro del baño, aparece de los siguientes testimonios:
«. ..pero en ese momento entró por una de las paredes, abriendo un boquete como una granada porque el estallido fue tremendo prácticamente cayó en los pies donde ella se encontraba, inmediatamente se escuchó la explosión, nosotros todos nos cubrimos, cuando volvimos a levantar la cabeza, yo vi que había mucha gente herida y muerta; después de esto volvió a entrar otra granada, no me di cuenta de qué lado venía dirigida y tras de la explosión de la granada vinieron varias ráfagas que ya fueron dirigidas directamente adentro del baño, me parece que venían del lado de la puerta de entrada, todo el mundo tratábamos de protegernos como pudiéramos, pero las balas rebotaban por todos lados, muchos cayeron heridos y muertos; hubo un momento en que se calmó el tiroteo y nosotros le pedimos a Almarales que por favor nos dejara salir...». (Héctor Darío Correa.)
La primera parte de esta transcripción ya se había copiado en el capítulo inmediatamente anterior, porque el testigo creyó que la "granada" había producido algunas muertes en el pequeño recinto y por tal motivo también se incluyó entre los que atribuyen la acción externa las muertes. Luego se verá en cuál posición le asiste la razón.
José William Ortiz, conductor de la Corte, cuenta que:
«. . .Nos habían hecho formar en fila, los Magistrados a la puerta del baño, de afuera hacia adentro, enseguida, siendo como la una de la tarde, aproximadamente, empezaron a disparar dentro del baño los guerrilleros hacia las personas que estaban ahí dentro...»
Igualmente enfático es Jorge Antonio Reina, conductor de la Sala Civil], de la Corte, quien declara:
«...Almarales le dijo a los compañeros de él, que se hicieran todos al frente donde estaba él, se hicieron en fila, entonces fue cuando tomaron la decisión que todos teníamos que estar sentados en el baño en filas, apagaron la luz y nos comenzaron a disparar, al frente mío estaba el compañero Luis García, que fue uno de los primeros que mataron, yo me di cuenta porque él se me desgonzó encima y yo metí la cabeza por debajo de los demás compañeros para protegerme...».
El abogado José Gabriel Salom, funcionario del Consejo de Estado, cuenta que:
«...Al lado de la pared donde se hizo el boquete, no había absolutamente nadie y la persona más próxima hacia el mencionado lugar era yo y fue por esa circunstancia que pude ver con absoluta claridad el momento en que cayó el aparato blanco que contenía las toallas de papel y frente a él se habían apostado los guerrilleros, quienes una vez abierto el orificio, no cesaron de disparar hacia el indicado lugar; por esta razón no supe qué personas pudieran haber perecido en la explosión, ya que el pensamiento inicial mío fue que la única persona que estaba herida era yo, pues como lo dije anteriormente, las piernas no me obedecían. Preguntado: ¿Por ese boquete penetraron al baño disparos del ejército Contestó: hasta el momento en que abandoné las instalaciones del baño los únicos disparos que salían era del mismo recinto, dado que la condición, tamaño y ubicación del orificio constituía a mi juicio una situación privilegiada para los guerrilleros, quienes con su incesante fuego no dejaban acercar a ninguna de las personas que tenían ese propósito...».
Hilda Díaz de Agudelo, Oficial Mayor de la Secretaría del Consejo de Estado, a la pregunta de si "pudo observar si a ese baño a más de la bomba que explotó y rompió la pared, entraron ráfagas de ametralladora o proyectiles disparados por otro tipo de arma de fuego", Contestó:
«...Yo no sé, no pude ver eso, se sentía más bien todo del baño hacia afuera...».
El Magistrado Nemesio Camacho es categórico:
«...Hacia medio día, hubo un ataque directo al sitio en donde estábamos. Los señores del M-19 dispararon sus armas y allí percibí que había sido herido en la cabeza y en la pierna derecha...».
Alba Inés Rodríguez., empleada de la Sección Segunda del Consejo de Estado, da una versión tajante:
«...La gente le pregunta a uno que si fue el ejército o fueron los guerrilleros los que nos dispararon, y la respuesta mía que el ejército no nos disparó directamente porque en el baño habían era guerrilleros y no ejército y cuando nos sacaron fueron los guerrilleros los que nos sacaron, yo al ejército lo vine a ver cuando estábamos en el cuarto piso...».
Más adelante da una explicación similar a la que luego se copiará del Magistrado Tapias Rocha, con la que refuerza notablemente su aserto:
«... Preguntada. Por el sitio en donde recibió el disparo, que lo fue en la espalda, el proyectil pudo venir del orificio que usted vio en el muro donde estaba el toallero o del sitio donde estaban ubicados los guerrilleros cerca a la entrada del baño O los orinales según usted los ha ubicado en el croquis Contestó. Yo estaba de frente al orificio y de costado a los guerrilleros (se deja constancia que la declarante ha manifestado tener dos orificios en la espalda: uno según las gasas y esparadrapo que se sienten debajo del buzo que viste debajo de un chaquetón el cual se ha quitado, se siente una curación hacia la altura del homoplato derecho, y a otro a nivel del quinto o sexto espacio intercostal del lado izquierdo posterior, ignorando la declarante si son dos orificios diferentes o es uno de entrada y otro de salida. No se despojó del buzo la declarante por haber recibido curaciones el día anterior y tener molestia por ello...».
O sea que si estaba al frente al orificio y recibió el disparo o los disparos en la espalda, éste o éstos le fueron hechos por los guerrilleros situados a su costado.
María Humbertina Hernández de Díaz, Auxiliar del Consejo de
Estado, dice:
"...Yo vi cuando le dispararon a la doctora Luz Stella, le disparó un guerrillero con metralleta...».
Conviene en este punto leer la autopsia para saber que la doctora Luz Stella Bernal murió como consecuencia de una ráfaga (cuatro heridas) y no por estallido o explosión, como algunos han creído.
El Magistrado Hernando Tapias Rocha, cuenta que:
«...Nos ordenaron colocarnos en frente de ellos, habiéndose situado los guerrilleros contra los orinales del baño. Yo intuí que nos iban a ejecutar y traté por ello de no quedar en primera línea. Sin embargo no pude moverme del sitio en que estaba por el apretujamiento de todos y finalmente quedé de medio lado, de cuclillas, y recostado contra la división de los inodoros exactamente entre el primero y el segundo de ellos. Repentinamente sonaron una serie de disparos dentro del baño y sentí que había sido herido en la espalda. Seguro de que quienes habían disparado eran guerrilleros tan pronto como me sentí herido me hice el muerto, recostándo sobre un cuerpo que no se movía. Permanecí allí algunos instantes y en seguida logré arrastrarme hasta el compartimiento correspondiente al primer inodoro.
Allí quedé recostado cerca de la puerta protegiéndome lo más posible y desde ese sitio vi al doctor Nemesio Camacho tendido de espaldas en el piso pero sostenido en sus brazos y herido en la cabeza. Vi, igualmente, antes de entrar al baño, a algunos guerrilleros con revólveres en las manos, confirmando de esta manera que fueron ellos quienes nos dispararon...».
En la historia clínica que reposa en el Hospital Militar Central y que fue agregada al cuaderno número 3 levantado por el Juzgado 23 de I.C., se lee:
« ...Tapias Hernando.
"Paciente quien es traído al servicio de Urgencia de esta Institución por presentar herida por arma de fuego en tórax, región posterior a nivel de tercer o cuarto dorsal región posterior con orificios de entrada y salida y edema y hematoma en dicha área".
En diligencia de reconocimiento de fotografías, practicada el 26 de febrero por el Juzgado 77 de Instrucción Criminal, el doctor Tapias Rocha, amplió su declaración en los siguientes términos:
Preguntado: Doctor Tapias Rocha, sírvase informarle al Juzgado qué persona o personas le hirieron a usted y a los demás rehenes que se encontraban dentro del baño ubicado entre el segundo y el tercer piso del costado norte del Palacio de Justicia.
La consulta de este documento no sustituye la lectura del Diario Oficial correspondiente. No nos responsabilizamos de posibles incorrecciones producidas en la transcripción del original a este formato.
Este texto se publica bajo las condiciones de reutilización propias de SUIN-Juriscol, no bajo una licencia de Legalize ni de dominio público.
SUIN-Juriscol
Textos normativos oficiales del Estado colombiano, reproducibles conforme al art. 41 de la Ley 23 de 1982, con la obligación de conformarse con la edición oficial. Los campos editoriales que acompañan a cada norma (vigencia, subtipo, sector, materia) y el historial de reformas provienen de la anotación de SUIN-Juriscol (Ministerio de Justicia y del Derecho); Legalize no reclama derechos sobre ellos, ni reproduce el formato, el diseño ni la marca del portal. La licencia MIT cubre el código del pipeline, nunca el contenido normativo.